Un Pacífico más cálido preocupa a Centroamérica mientras NOAA mejora el monitoreo de huracanes
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Un Pacífico más cálido preocupa a Centroamérica mientras NOAA mejora el monitoreo de huracanes

Las señales de un posible evento de El Niño continúan fortaleciéndose en el océano Pacífico, lo que podría influir en las lluvias, las sequías y la actividad de los ciclones tropicales que afectan a países como Guatemala y El Salvador en los próximos meses.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y diversos centros climáticos internacionales coinciden en que existe una alta probabilidad de que El Niño se desarrolle en la segunda mitad de 2026. Los pronósticos más recientes estiman una probabilidad superior al 80 % de que el fenómeno se establezca entre junio y agosto y una posibilidad cercana al 90 % de que persista hacia finales de año.

Este calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical suele alterar los patrones atmosféricos a escala global. En Centroamérica, históricamente se ha asociado con reducciones de las precipitaciones, períodos secos más prolongados y afectaciones a la producción agrícola, especialmente en el Corredor Seco.

Al mismo tiempo, NOAA prevé una temporada de huracanes más activa de lo normal en el Pacífico oriental durante 2026. La agencia estima que podrían formarse entre 15 y 22 tormentas con nombre, una cifra superior al promedio histórico, lo cual se ve favorecido por las temperaturas más cálidas del océano y por las condiciones asociadas a El Niño.

La temporada ya comenzó a mostrar señales de actividad. En los primeros días de junio se formó la tormenta tropical Amanda en el Pacífico oriental y el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos monitorea nuevas áreas de baja presión con potencial de desarrollo ciclónico. Aunque estos sistemas no representan una amenaza directa para Centroamérica por el momento, su aparición temprana es consistente con un Pacífico más activo.

El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) mantiene el monitoreo de una zona de inestabilidad atmosférica en el océano Pacífico.

“Se mantiene el monitoreo de una zona de baja presión cercana a las costas de Guatemala y El Salvador, que presenta una alta probabilidad de convertirse en una depresión tropical en las próximas horas”, alerta Ana Pérez, de Insivumeh.

Para Guatemala y El Salvador, una temporada intensa en el Pacífico no implica necesariamente impactos directos de huracanes. Sin embargo, las bandas nubosas y la humedad asociadas a estos sistemas suelen provocar lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos de tierra, incluso cuando los ciclones permanecen lejos de las costas.

En este contexto, NOAA anunció la actualización de una de las bases de datos más importantes para el análisis histórico de huracanes. La herramienta, conocida como ADT-HURSAT, incorpora información satelital hasta 2024 y permitirá a científicos e instituciones estudiar con mayor precisión cómo han evolucionado la intensidad y la frecuencia de los ciclones tropicales en las últimas décadas.

La mejora de estos registros llega en un momento clave. Con un posible El Niño en desarrollo y una actividad ciclónica superior al promedio en el Pacífico oriental, contar con información histórica más robusta será fundamental para comprender los riesgos futuros y fortalecer la preparación de las comunidades más vulnerables de Centroamérica.

Disclaimer: Esta nota fue elaborada por inteligencia artificial a partir de información publicada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la Organización Meteorológica Mundial y otras fuentes científicas. Viatori verificó y contextualizó los datos para su audiencia en Centroamérica.