Las noches cada vez más cálidas que se registran en Centroamérica no solo elevan el consumo de energía, sino que también aumentan el riesgo de golpes de calor. De hecho, afectan algo mucho más cotidiano: la capacidad de dormir. Un análisis de Climate Central advierte que el aumento de las temperaturas nocturnas, impulsado por el cambio climático, está reduciendo las horas de sueño de millones de personas en todo el mundo, incluidos los habitantes de Centroamérica.
Entre 2020 y 2025, una persona perdió en promedio casi 56 horas de sueño al año debido al calor nocturno. De ese total, alrededor de seis horas se atribuyen directamente al calentamiento global provocado por la actividad humana. El estudio también concluye que, en casi todas las ciudades analizadas, la pérdida de sueño asociada al cambio climático se ha duplicado desde la década de 1970.
La región figura entre las zonas de las Américas en las que el fenómeno comienza a hacerse más evidente. Climate Central identifica ciudades de Guatemala y México, junto con otras de Colombia y Venezuela, entre las que el aumento de las temperaturas nocturnas ya tiene un impacto medible en el descanso de la población.
En Guatemala, por ejemplo, los habitantes de la capital pierden, en promedio, 49 horas de sueño al año debido al calor nocturno. De ese total, ocho horas están vinculadas al cambio climático, según datos analizados por Climate Central y recientemente divulgados. El estudio advierte que el problema tiende a intensificarse en ciudades densamente urbanizadas, donde el concreto y el asfalto retienen el calor incluso después de la puesta del sol.

La pérdida de sueño no es un problema menor. Dormir menos o dormir mal se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, alteraciones del sistema inmunológico, menor rendimiento cognitivo, problemas de salud mental y una reducción de la productividad. Las personas mayores, las mujeres y quienes viven en países de ingresos medios y bajos son los grupos más vulnerables a este fenómeno.
Para Centroamérica, donde las temperaturas continúan aumentando y los eventos de calor extremo son cada vez más frecuentes, el estudio añade una nueva dimensión a los impactos del cambio climático. Más allá de las sequías, los incendios forestales o las pérdidas agrícolas, el calentamiento global también comienza a afectar un aspecto esencial para la salud humana: el descanso nocturno.
