La probabilidad de que se desarrolle un evento de El Niño durante la segunda mitad de 2026 continúa aumentando. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima que hay alrededor del 80% de probabilidad de que el fenómeno se establezca entre junio y agosto y del 90% de que continúe hasta finales de año.
En Guatemala, los pronósticos han comenzado a captar la atención por sus posibles efectos en la agricultura, la disponibilidad de agua, los incendios forestales y la salud de la población.
El Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC) advirtió en mayo que un eventual desarrollo de El Niño podría traducirse en temperaturas más altas de lo normal, una reducción de las lluvias, una canícula más prolongada e intensa, una menor disponibilidad hídrica y un incremento del riesgo de incendios forestales hacia finales de año y principios de 2027.
Al igual que la OMM en su reporte, el ICC estimó que las probabilidades de que El Niño se establezca durante 2026 superan el 80%, una tendencia ya anticipada desde abril, cuando los modelos climáticos mostraban una transición desde condiciones neutras hacia un posible desarrollo del fenómeno.
Al ser consultado sobre las acciones para enfrentar un posible evento de El Niño, Edwin Castellanos, viceministro de Recursos Naturales y Cambio Climático del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), señaló que Guatemala debe prepararse para condiciones más secas en los próximos meses. “Guatemala ha experimentado años de sequías y este no será la excepción. En ese sentido, lo que necesitamos es prepararnos para un año con menos agua”, afirmó.
El funcionario indicó que uno de los principales retos del país es mejorar la gestión del recurso hídrico. “Afortunadamente, en el país tenemos mucha lluvia; lo que pasa es que cae todo de una vez. Lo que tenemos que empezar a hacer es empezar a manejar ese recurso de una mejor forma. Almacenarlo cuando venga y luego utilizarlo de forma adecuada”, explicó.
Castellanos también señaló que las prioridades inmediatas pasan por evitar afectaciones a la producción agrícola y por reducir el riesgo de incendios forestales.
“Básicamente lo que tenemos es tener cuidado con que la producción agrícola no se caiga por falta de lluvia y tenemos que tener muchísimo cuidado en proteger nuestros bosques por los incendios”, indicó.
El posible impacto de El Niño no es un escenario desconocido para Guatemala. De acuerdo con el ICC, durante los eventos de 2015 y 2023 se registraron déficits importantes de lluvia entre mayo y septiembre que afectaron la agricultura, la disponibilidad de agua y la generación hidroeléctrica tanto en Guatemala como en El Salvador.

En 2015, las condiciones secas afectaron especialmente a las comunidades del Corredor Seco centroamericano, donde miles de familias reportaron pérdidas en los cultivos de maíz y frijol. Organismos internacionales documentaron entonces impactos en la seguridad alimentaria y en los medios de vida de poblaciones rurales que dependen de la agricultura de subsistencia.
Ante la posibilidad de que se repitan condiciones similares, el ICC ha recomendado fortalecer las medidas de adaptación relacionadas con el manejo del agua y la producción agrícola. Entre ellas figuran la captación y almacenamiento de agua, la conservación de suelos, el uso de semillas más tolerantes a la sequía, el fortalecimiento de sistemas de riego y una vigilancia más estrecha de plagas favorecidas por temperaturas elevadas.
Además de los efectos en la agricultura, el instituto advierte de posibles impactos en la salud humana. Alex Guerra, director general del ICC, señaló que las temperaturas previstas para los próximos meses podrían aumentar el riesgo de deshidratación, especialmente entre niños pequeños y personas mayores.
Castellanos reconoce que el país aún enfrenta retos importantes para adaptarse a eventos climáticos de este tipo.
“Hemos tomado los primeros pasos, pero nos falta bastante. Luego hay otras áreas en donde nos hace falta mucho adaptarnos como en el sector salud, que también son afectadas por estos eventos”, afirmó. El director general del ICC, Alex Guerra, también ha advertido sobre los riesgos para la salud pública derivados de las altas temperaturas previstas para los próximos meses. “La salud de la población también preocupa porque las altas temperaturas esperadas entre mayo y agosto pueden deshidratar a la gente. Esto es más dañino, incluso peligroso, para los niños menores de cinco años y ancianos”, señaló.
Para el viceministro, avanzar en la adaptación requerirá más recursos financieros. “Al final de cuentas, lo que se requiere es inversión, no solo de recursos nacionales sino también de recursos internacionales”, añadió.
Mientras los pronósticos continúan actualizándose, autoridades, productores agrícolas y centros de investigación mantienen la atención en la evolución de las temperaturas en el Pacífico ecuatorial, donde durante los próximos meses se definirá la intensidad que podría alcanzar El Niño y sus posibles efectos sobre Centroamérica.
