La meta global de proteger el 30 % de los océanos para 2030 avanza, pero un nuevo informe presentado durante la Conferencia Nuestro Océano 2026 advierte que el verdadero desafío no es declarar nuevas áreas marinas protegidas, sino lograr que estas funcionen.
El estudio Cerrando la brecha de implementación. El desarrollo de capacidades para una gestión marítima eficaz 30×30, elaborado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), concluye que muchos países continúan careciendo de personal, financiamiento, sistemas de gobernanza y capacidades técnicas necesarios para gestionar de manera efectiva las áreas protegidas que ya existen.
La advertencia llega en un momento en el que la comunidad internacional acelera sus esfuerzos para cumplir con el objetivo 30×30, adoptado en 2022 como parte del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. La meta busca proteger al menos el 30% de los océanos y los ecosistemas terrestres antes de finalizar esta década.
Según el informe, las áreas marinas protegidas cubren actualmente el 9,8% del océano global, frente al 8,4% registrado en 2024. Sin embargo, al menos la mitad de estas áreas carece de una implementación efectiva o presenta limitaciones operativas que reducen su capacidad para conservar la biodiversidad.
«El desafío no puede limitarse a trazar líneas en un mapa», señaló Vanessa Constant, directora asociada de la Iniciativa de Resiliencia Arsht del Smithsonian. Según la investigadora, la protección marina requiere inversiones sostenidas en recursos humanos, instituciones y mecanismos de gestión a largo plazo.

El informe identifica una creciente brecha entre las ambiciones políticas y la capacidad real de los países para gestionar las áreas protegidas. Entre los principales obstáculos figuran la falta de financiamiento estable, debilidades en la gobernanza, escasa coordinación entre instituciones, limitaciones tecnológicas y una participación insuficiente de las comunidades locales e indígenas.
La investigación se basó en consultas con gobiernos, científicos, organizaciones civiles y actores comunitarios de América Latina y el Caribe, del Sudeste Asiático y del océano Índico occidental.
Uno de los hallazgos más relevantes es que no existe una fórmula universal para la conservación marina. Los autores sostienen que cada región requiere soluciones adaptadas a sus realidades sociales, económicas y ecológicas, respaldadas por alianzas de largo plazo y mecanismos de coordinación entre distintos sectores.
El informe también advierte sobre una paradoja creciente. Mientras tecnologías como el monitoreo satelital y la inteligencia artificial avanzan rápidamente, muchas comunidades costeras y autoridades locales aún carecen de capacitación técnica y acceso a herramientas que les permitan utilizar esa información para gestionar los ecosistemas marinos.
Para los investigadores, el éxito de la meta 30×30 dependerá no solo de cuántos kilómetros cuadrados de océano se protejan, sino también de que esas protecciones sean reales, estén financiadas y logren conservar la biodiversidad a largo plazo.
Disclaimer: Esta nota fue elaborada por inteligencia artificial a partir de información proporcionada por el Smithsonian Tropical Research Institute . Viatori verificó y contextualizó los datos para su audiencia en Centroamérica.

