Guatemala recupera manglares, pero las condiciones para restaurarlos se deterioran
Las condiciones ecológicas para la recuperación de los bosques salados en Guatemala se degradan diariamente, según Bruno Arias, gerente de INAB. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Guatemala recupera manglares, pero las condiciones para restaurarlos se deterioran

Entre 2020 y 2022, Guatemala incrementó en más de 750 hectáreas su cobertura de manglar, según la actualización del mapa dinámico de cobertura forestal. El dato representa uno de los pocos indicadores positivos de un ecosistema que durante décadas ha sufrido la presión del cambio de uso del suelo y del desarrollo costero.

Pero el avance convive con una paradoja. Mientras el país logra recuperar superficie de manglar mediante incentivos forestales y una mayor participación comunitaria, las condiciones ecológicas necesarias para que estos bosques prosperen se vuelven cada vez más frágiles. La sedimentación, la contaminación del agua, los desechos sólidos y el cambio climático amenazan la capacidad para restaurar nuevas áreas.

Durante el Foro Nacional de los Océanos, organizado por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) con motivo del Día Mundial de los Océanos, Viatori conversó con Bruno Arias, gerente del Instituto Nacional de Bosques (INAB), sobre los avances y los desafíos que enfrenta Guatemala para conservar uno de sus ecosistemas costeros más importantes.

Los datos muestran que Guatemala recuperó más de 750 hectáreas de manglar entre 2020 y 2022. ¿A qué atribuyen este crecimiento?

Como Instituto Nacional de Bosques, una de las atribuciones que nos otorga la Ley Forestal es conservar los ecosistemas estratégicos de Guatemala. Uno de los más importantes es el manglar y, por ello, contamos con instrumentos de política pública, como los incentivos forestales.

A las personas que conservan, restauran y cuidan estas áreas se les reconoce con un incentivo mayor. También hemos fortalecido la sensibilización con las comunidades y la gobernanza en el territorio.

En 2020 teníamos alrededor de 21 500 hectáreas de manglar. En 2022, con la actualización del mapa dinámico de cobertura, registramos un incremento de más de 750 hectáreas. Consideramos que ese crecimiento responde a los proyectos de incentivos forestales, al trabajo de concientización con las comunidades y a la articulación entre diferentes actores.

Sin embargo, usted señala que restaurar un manglar resulta cada vez más difícil. ¿Por qué?

Restaurar un área de manglar requiere condiciones ecológicas que, día a día, se están perdiendo.

Nos afectan los desechos sólidos, la sedimentación y el cambio climático. También influye la calidad del agua que llega a estos ecosistemas. Todos esos factores limitan el potencial de recuperar nuevas áreas de manglar.

Bruno Arias, gerente del Instituto Nacional de Bosques (INAB). Foto: INAB.

¿Qué papel tiene la gobernanza en la conservación de estos ecosistemas?

La gobernanza es importante porque existe una articulación entre las instituciones del Estado, la iniciativa privada, la academia y las comunidades.

Hoy hay una mayor conciencia que años atrás y eso se refleja en la cantidad de áreas que se restauran cada año. La conservación de los manglares no depende únicamente de una institución; depende del trabajo conjunto de todos los actores presentes en el territorio.

¿Cómo incentiva el INAB a las comunidades para proteger los manglares?

A través del Instituto Nacional de Bosques, el Estado ha entregado cerca de 15 millones de quetzales a las personas que conservan y cuidan estos bosques.

Además, trabajamos muy de cerca con OCRET y FONTIERRAS para facilitar la documentación que las comunidades necesitan para convertirse en beneficiarias de los incentivos forestales.

Existe una apertura institucional que busca reducir la deforestación e incrementar la cobertura forestal.

¿Qué hace falta para que Guatemala continúe recuperando manglares?

Queremos que el mapa dinámico de la cobertura de manglar siga creciendo.

Para lograrlo necesitamos que, mediante la gobernanza, se reduzcan impactos como los cambios de uso del suelo, la mala calidad del agua, la sedimentación y los desechos sólidos. Solo así podremos tener un mayor potencial para recuperar áreas de manglar.

También hemos incrementado el personal del Instituto Nacional de Bosques para fortalecer el trabajo en territorio. Más que fomentar proyectos, buscamos sensibilizar y construir la gobernanza necesaria para conservar y manejar estos ecosistemas.