Esfuerzo y dedicación contra la última frontera para las aves playeras migratorias

Historia por: Jorge Rodríguez Fotografía por: Jorge Rodríguez Sáb 4, Jun 2022

Dos biólogas guatemaltecas se dieron a la tarea de derribar la última frontera existente para las aves playeras migratorias, en base a la investigación y al involucramiento de las comunidades costeras del Pacífico de Guatemala.

A finales de la década de 1970, el Servicio Forestal de Estados Unidos (USFS), tomó la decisión de crear un programa de protección de humedales y otros hábitats costeros en Alaska, para proteger a las aves playeras migratorias, debido a que comenzaron a detectar una disminución en las poblaciones de este tipo de aves. Con el paso de los años, crearon una iniciativa de conservación de sitios clave para estas aves, en la que se incluía a Canadá y México.

Sin embargo, los encargados de este programa detectaron una falla en su lógica: las aves playeras migran. Algunas llegan tan lejos de sus sitios de reproducción, que viajan cerca de 12 mil kilómetros hasta llegar al extremo sur de la costa del Pacífico de Chile, en el otro extremo del continente.

“Nosotros en Estados Unidos pagamos dólares por proteger 283 mil hectáreas de humedales en Alaska, y sabemos que trabajamos con aves migratorias, y si no las protegemos durante toda su ruta, los esfuerzos hechos en Norteamérica no serían efectivos”, dijo James Cho, de la Iniciativa Internacional de Aves Migratorias del río Copper, del USFS.

La investigación relacionada con las aves playeras, no existía en Guatemala antes de 2019. Foto: Sharath G/Pexels

Considerado ese conocimiento, la iniciativa se extendió a los demás países de la costa Pacífico del continente americano. Uno a uno, Chile, Perú, Panamá, Costa Rica, fueron uniéndose a partir de monitoreos y recolección de data para crear el mapa de la ruta que diferentes especies de aves playeras migratorias utilizan en su ciclo vital. Este mapa, en el que se incluyen sitios prioritarios en el recorrido, se veía más o menos parecido al mapa americano al que estamos acostumbrados.

En este mapa de la ruta migratoria de aves playeras, sin embargo, había un gran vacío en el lugar en donde usualmente aparece Guatemala.

América unida y sin barreras

A principios de 2019, en Panamá se celebró un encuentro internacional relacionado con la conservación de aves y sus ecosistemas, entre las que se incluían a todas las aves migratorias del continente. “Me encontré a unas compañeras de Colombia que estaban buscando a alguien de Guatemala”, ya que era el único país del que no existían datos relacionados con las aves playeras migratorias, según recordó Bianca Bosarreyes, bióloga guatemalteca.

Al mismo tiempo, The Wildlife Conservation Society en Guatemala (WCS-Mesoamérica), tenía la idea de realizar monitoreos de aves playeras, como parte de sus esfuerzos por implementar proyectos en beneficio de los diferentes ecosistemas marino-costeros guatemaltecos.

“Contactamos con WCS-Beringia, en Alaska, y vinieron dos expertos a enseñarnos cómo monitorear a las aves playeras”, dijo José Moreira, de WCS-Guatemala. Bossareyes, quien entonces tenía cerca de 10 años de experiencia de trabajar con aves fue parte de estos procesos de aprendizaje. “Nunca había trabajado con aves playeras, no sabía nada de ellas”.

Bianca Bossareyes y Varinia Sagastume, con apoyo de WCS-Mesoamérica, comenzaron a realizar monitoreos de aves playeras en 2019. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Estos ejercicios de aprendizaje también contaron con la participación de Varinia Sagastume, otra bióloga y experta en aves. “Estoy muy contenta de ser una de las únicas personas que ha empezado a trabajar con este grupo de aves”, dijo en una entrevista para Viatori en 2019. Por primera vez en la historia de Guatemala se recopiló información acerca de las aves playeras que visitan las costas del Pacífico del país, con Bosarreyes y Sagastume a la cabeza.

“La información obtenida aquí, se unirá con la de otros 12 países y finalmente sabremos de dónde vienen y a dónde van las aves. Esto ayudará a los científicos latinoamericanos a tomar decisiones que beneficien a las aves y al cuidado de los ecosistemas de los que dependen”, añadió Chu.

Bossareyes y Sagastume, con el apoyo inicial de USFS, WCS-Mesoamérica, y Point Blue Conservation Science, entre otros, comenzaron a propagar el conocimiento adquirido a inicios de ese 2019, particularmente Sagastume, quien viajó hasta Alaska para conocer el hábitat reproductivo de las aves playeras migratorias. Desde entonces, el mensaje de ambas es que el trabajo de protección de ecosistemas debe de hacerse en todo el continente, porque “no importa si en  Estados Unidos o México se hacen las cosas bien, ya que si en Guatemala no se cuidan los ecosistemas marino-costeros, las aves serán las que sufran”, expresó Sagastume.

El rol protagónico de las comunidades

Para lograr programas de conservación exitosos, la participación de la comunidad es clave. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Lograr incluir a Guatemala dentro del Programa de Aves Playeras Migratorias del USFS era la parte fácil, porque todos los países estaban interesados en que eso sucediera. Ahora tocaba enseñarle a la población guatemalteca, porque la protección de los ecosistemas marino-costeros es importante para la biodiversidad y para las comunidades costeras. Esta tarea se basaba en una pregunta clave: ¿Cómo hacer para que la gente entienda que un ave, supongamos la aguja café (Limosa haemastica), de apenas unos 500 gramos de peso, puede viajar 12 mil kilómetros desde Alaska hasta el extremo sur de Chile?

A través de diferentes actividades, Bosarreyes y Sagastume comenzaron a enseñar  las características y necesidades de las aves playeras, el lugar en donde se reproducen, sus hábitos migratorios y el uso que le dan a los ecosistemas en los que se mueven. Al mismo tiempo, contar por qué Guatemala es importante para estas aves. “Ellas dependen de diferentes paradas durante toda su migración, y si aquí no las cuidamos, estamos contribuyendo a que sigan desapareciendo”, comentó Sagastume.

Según la Iniciativa para la Conservación de Aves de América del Norte (NABCI), las poblaciones de aves migratorias han decrecido en un 40 % desde 1970. De las 49 especies identificadas al momento del estudio, 25 muestran un descenso sostenido, siete han aumentado su población, seis se mantienen estables y de 11 no se tiene datos precisos. De estas, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) 13 son de preocupación para la conservación a nivel mundial.

Para 2020, los censos de aves playeras ya eran una práctica común. Esto fue clave para Bossareyes y Sagastume, porque les ayudó a conocer más sobre los patrones de distribución de las aves, los tipos de ecosistemas que visitan y el uso que hacen de ellos. Una de las ideas para involucrar a la comunidad, fue la de compartir esta información con las personas, con el objetivo de «que la gente conozca las diferentes especies de aves playeras, pero también queremos que comprendan acerca de la importancia de la conservación de los ecosistemas que estas necesitan”, añadió Sagastume.

Productores de sal y camarón han aprendido acerca de las aves playeras que visitan sus zonas productivas. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Otra gran parte de la comunidad costera, son los productores de sal y camarón, con quienes Sagastume comenzó a trabajar gracias a una beca por parte del programa de Soluciones Costeras de la Universidad de Cornell, y crear estrategias de producción sostenible, con un beneficio claro para las aves playeras. “La idea es que los productores también se involucren y que las actividades productivas tengan un impacto positivo”, reconoció la bióloga.

Por su parte, con el apoyo de WCS-Mesoamérica y el financiamiento de otras entidades internacionales, Bossareyes aprovechó el parón provocado por la pandemia, para capacitar a 36 mujeres y hombres de Sipacate, en temas de observación y monitoreo de aves y turismo sostenible. “Ya existía un interés por conservar, pero las personas necesitaban alguien que los apoyara para conocer las aves, y que cuando yo no esté, ellos continúen trabajando por conservar los diferentes ecosistemas en los que habitan las aves”, contó Bosarreyes.

Turismo, información y muchos colores

Esta estrategia de incorporar las necesidades productivas de quienes habitan en las zonas costeras del Pacífico de Guatemala ha sido importante para las acciones que Bosarreyes y Sagastume implementan desde sus proyectos de investigación y conservación.

Cuando se habla de ecosistemas y hábitats, la humanidad asume que el cuidado de estos es de beneficio exclusivo para la vida silvestre que los habita, sin embargo, esto no es así. En el caso de las poblaciones costeras, estas dependen de la pesca, el turismo, la obtención de materia prima para la construcción y la presencia de las aves sirve como un indicador de que estos ecosistemas son saludables, y por lo tanto, beneficiosos para todos los seres que dependen de ellos.

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En la aldea El Paredón, en Sipacate, se pintó un mural que muestra toda la ruta migratoria de las aves playeras. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

En El Paredón, aprovechando que es uno de los lugares turísticos más de moda del Pacífico guatemalteco, y parte del Parque Nacional Sipacate-Naranjo, se realizó un un mural interpretativo «que es una guía ilustrada de su ruta migratoria y de las diferentes especies que se pueden ver en Guatemala”, dijo Sagastume.

Todos estos proyectos que ambas realizaron hasta ahora, han tenido un impacto en las personas que han sido parte de ellos. “Ahora nos sentimos orgullosos de saber todo lo que tenemos en nuestras playas y en el canal”, dijo Kimberly Cardona, una de las mujeres graduadas como guía comunitaria.

A inicios de 2022, Bosarreyes y Sagastume participaron en el Censo Centroamericano de Aves Acuáticas, en el que se monitoreó la actividad de aves playeras y aves acuáticas en la costa sur de Guatemala. Estos conteos también sirven para el Programa de Aves Playeras Migratorias. En actividades como el pasado Global Big Day, realizado en mayo de este año, ambas promovieron las zonas marino-costeras.

Ambas están convencidas que solamente a partir de la participación comunitaria, los ecosistemas marino-costeros tendrán una oportunidad de mantenerse sanos y aptos para la visita de las aves playeras. “Es muy reconfortante ver cómo la propia gente es ahora quien se preocupa por el bienestar de las aves. Están al tanto de cazadores, de niños que las atacan y saben que, por los grandes recorridos que hacen, lo más importante es cuidarlas”, expresó Bosarreyes.

Por su parte, Sagastume, quien actualmente trabaja en un proyecto de monitoreo de nidos de aves playeras en una granja camaronera en Las Lisas, considera que parte del éxito de todos estos esfuerzos, es que Guatemala crea en la ampliación de las áreas protegidas marino-costeras, porque esto, no solo permitirá contar con más espacios para la vida silvestre, “sino para las comunidades locales que dependen de la pesca y otros recursos costeros. Al final, las personas pueden estar seguras de que un ecosistema saludable, es aquel que cuenta con la presencia de estas aves”, concluyó.

Esta historia fue hecha gracias a las donaciones en GoFundMe, hechas por gente que creen y confía en el periodismo independiente dedicado al medio ambiente, la conservación y el desarrollo sostenible.
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