Hábitats artificiales, una estrategia de conservación con beneficios socioeconómicos y productivos

Historia por: Jorge Rodríguez Fotografía por: Jorge Rodríguez Mar 2, Feb 2021

“Los humedales funcionan en la Tierra como los riñones en las personas, depurando el agua que les pasa a través”, dijo Francisco Comín, investigador español experto en humedales, con la idea de que la población mundial comprenda acerca de la importancia de estos hábitats para el equilibrio y la salud ecológica del planeta.

Los humedales, así como el resto de ecosistemas naturales de todo el mundo, enfrentan un problema serio a la hora de llamar la atención para su rescate y protección: la indiferencia. “La gente le da la espalda a los temas ambientales, porque es muy deprimente. Todo está en un estado tan crítico, que a veces uno prefiere ignorarlo”, me comentaba un amigo diseñador recientemente. Y eso es preocupante, porque suena igual a que decidimos no ir al doctor para no enterarnos que tenemos cáncer, o una enfermedad terminal.

Pero, por muy deprimente que sea la realidad a la que nos enfrentamos en la actualidad, es importante tomar conciencia y así encontrar soluciones para intentar recuperar la salud de los diferentes ecosistemas, especialmente los marinos y costeros. La realidad es que los humedales en todo el mundo, principalmente aquellos cercanos a las costas, corren serios riesgos. Según la Convención RAMSAR (Humedales de Importancia Internacional), entre 1970 y 2015 desapareció el 35% del área de humedales en todo el mundo. Latinoamérica es, lamentablemente, la región en donde más áreas desaparecieron, con un 59%. Según los expertos, estos ecosistemas se pierden tres veces más rápido que los bosques.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en Centroamérica aproximadamente unos 40,000 km2 (equivalente a un 8% del territorio centroamericano) están cubiertos por humedales. Además, de todo el territorio continental, el 1% está constituido por sitios RAMSAR (hay 2,300 humedales de importancia internacional en todo el mundo).

En el informe “El cambio climático y los humedales en Centroamérica“, la UICN enlista los grandes beneficios que estos ecosistemas brindan a la población centroamericana, pero también los catalogan como “vulnerables”, debido al cambio de uso de suelo, en su mayoría, principalmente a lo largo de la costa del Pacífico.

Las otras amenazas que los humedales costeros enfrentan son:

  • Variación en el régimen hídrico.
  • Medidas estructurales de mitigación de inundaciones.
  • Contaminación del agua (por condiciones químicas y biofísicas).
  • Sobre-extracción de recursos (ej. mangle, moluscos, aguas subterráneas).
  • Represas y otros proyectos de infraestructura.
  • Sedimentación.
  • Minería.

Brotes verdes de esperanza

El manglar es esencial para las poblaciones costeras, ya que además de proveer una diversidad biológica impresionante, les protege de eventos naturales como los huracanes y tormentas tropicales. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Como dije, no hay que caer en la depresión y buscar ignorar el problema. Al igual que ir al médico para determinar que tenemos una enfermedad de importancia considerable nos permite tomar medidas para combatir dicha enfermedad, el contar con estos datos ayuda a que se diseñen e implementen acciones que ayuden a recuperar la salud de los humedales.

En el continente americano funciona la Red Hemisférica de Reservas Naturales para Aves Playeras (RHRAP), que busca la declaratoria de sitios de importancia para la sobrevivencia de aves playeras migratorias. Dependiendo de las condiciones de los ecosistemas, y las actividades productivas humanas que se realizan en ellos, se desarrollan una serie de estrategias y buenas prácticas, para lograr un equilibrio entre las necesidades de la vida silvestre para su subsistencia, y de las de las poblaciones humanas.

Mediante un trabajo constante con poblaciones costeras, en Centroamérica se implementan programas de formación a salineros y camaroneros, con el objetivo de crear buenas prácticas que mezclan el desarrollo económico y social de las poblaciones humanas, así como la subsistencia de miles de aves playeras migratorias, que dependen de los ecosistemas artificiales que se forman en estas zonas productivas.

“La Oficina Ejecutiva de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (WHSRN por sus siglas en inglés) y el grupo SEAJOY en Honduras y Nicaragua han firmado un Memorándum de Entendimiento para unir esfuerzos para la identificación e implementación de buenas prácticas acuícolas para la conservación de aves playeras”. Estas no solo benefician a la vida silvestre, sino que además otorgan un valor agregado a los productos que se ofrecen en mercados locales e internacionales. “Ofrece también la oportunidad ideal de consumir camarón producido teniendo en cuenta los objetivos de desarrollo sostenible”, escribió Salvadora Morales, de la RHRAP.

En Honduras, en la región del Golfo de San Lorenzo, también se han implementado este tipo de prácticas, especialmente en las granjas productoras de sal. En Guatemala, hay un movimiento incipiente que busca replicar estos ejemplos que tan buenos resultados han arrojado en el resto de la región centroamericana.

“En Guatemala no hay lineamientos para regular el trabajo de salineras y camaroneras. Lo que se busca es, con la participación de los productores, crear un manual de buenas prácticas de producción, que contribuya a la conservación”, explica la bióloga e investigadora guatemalteca, Varinia Sagastume.

Sagastume participó en la realización del primer monitoreo de abundancia y distribución de las aves playeras en Guatemala. En el informe generado a partir de esta actividad, se reconoce la importancia de salineras y camaroneras como hábitats alternativos para las aves residentes y migratorias. “Estos sistemas productivos pueden tener efectos positivos o negativos en la abundancia y diversidad de aves playeras dependiendo del manejo de sustrato y los niveles de agua en los estanques”.

Una solución a la degradación ambiental

En Guatemala se registró por primera vez la reproducción de Wilson plover. Foto: Varinia Sagastume/Viatori

Por muy positivos que queramos ser, es imposible no reconocer que el estado de estuarios, cuencas y ríos en toda la región es alarmante. Solo en Guatemala se estima que 11 de los 25 ríos más contaminantes de la región se encuentran en este país. “Es importante que tomemos acciones para proteger estos sitios (las zonas costeras). Esto no solo afecta a las aves y otros animales que viven de los estuarios, sino a los sistemas productivos, económicos y sociales que dependen de estos ecosistemas”, dijo Sagastume.

Debido a que el cambio de cultura y hábitos de consumo de parte de la humanidad no es algo que vaya a ocurrir en el corto plazo, la solución podría estar en la implementación de buenas prácticas en zonas productivas costeras, como las granjas de camarón y sal. Sagastume, junto a su equipo de investigación y monitoreo, se ha dado a la tarea de promover esta idea en el ámbito industrial, como parte de un programa auspiciado por la Universidad de Cornell, de Estados Unidos.

Dentro del informe de monitoreo de aves playeras realizado por WCS Guatemala, se hizo mención de la salinera Finca La Grande y la camaronera Acuamaya, como dos ejemplos de producción sostenible. Su riqueza biológica quedó de manifiesto al permitir el primer registro de reproducción de la especie Charadrius wilsonia.

“Lo hacemos porque es productivo y sustentable. El bienestar de ellos (las aves), tiene que ver con el bienestar de la compañía, y no solo de ellos, sino de todo lo que vive (dentro de la camaronera), o sea el manglar. Estas aves nos están indicando que aquí tenemos vida, que aquí tenemos sustentibilidad (sic). Si ellos están vivos, nosotros estamos vivos”, dijo Alexander deBeausset, gerente de producción de Acuamaya.

El objetivo de Sagastume es poder replicar este pensamiento y estás prácticas en el sector camaronero y salinero de Guatemala, enseñando que además de posibles certificaciones, también se pueden realizar otras actividades económicamente viables para los productores, como el ecoturismo.

Si la humanidad continúa con sus prácticas extractivas y de consumo masivo, el deterioro ambiental no retrocederá. Humedales, y otros hábitats artificiales, son una solución de emergencia, pero no reemplazarán nunca a los hábitats naturales. Por mucho que nos cueste, es importante reconocer la enfermedad que vivimos en la actualidad, porque, a pesar de todo, aún hay tiempo para poder revertir la situación.

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