Por: Michelle Soto Méndez
En los humedales del Estero de Puntarenas, donde el agua dulce de los ríos se encuentra con la salinidad del mar, un murmullo persistente se dejó escuchar en el manglar cercano a la comunidad de El Establo. No eran voces, sino el aleteo de cientos de abejas.
—¡Corraaan!
Los trabajadores dejaron las palas de lado, sacaron las botas del barro y se alejaron del sitio a toda prisa, alertando a su paso a otros compañeros que también abrían canales en el lodo para favorecer la entrada de la marea y, con ella, la llegada de las semillas de mangle.
Ya a salvo, y mientras esperaban a que el enjambre se calmara para retomar labores, uno de los biólogos del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) se acercó a Jesús López con una pregunta que sonaba a propuesta: ¿Por qué no aprovechan ustedes que hay abejas aquí?
Esa pregunta, aunque casual, no solo fundó Apimangle sino que consolidó una línea de defensa para un humedal asediado por el fuego y el abandono. También hizo soñar a los siete miembros del proyecto con multiplicar colmenas, pero no será fácil; aún deben resolver cómo consolidar un modelo de negocio capaz de sostenerse solo antes de que el financiamiento externo se agote y la amenaza del vandalismo termine por reducir a cenizas su fuente de vida.
Justo allí está la mecha de la resistencia de El Establo. La historia de Apimangle es el reflejo de la tenacidad de quienes, tras años de trabajar la tierra ajena, decidieron convertir su profundo conocimiento del territorio en una herramienta de protección propia. Para entender cómo un grupo de trabajadores de la caña terminó convirtiéndose en guardianes del ecosistema, hay que mirar atrás, al camino que López y sus compañeros recorrieron mucho antes de que el aleteo de las abejas les marcara el rumbo.
López llegó a El Establo en 1978, atraído por la zafra como opción de empleo. Trabajó para el Ingenio El Palmar hasta que se pensionó, y ya jubilado aprendió sobre apicultura para cofundar Apimangle junto a Andrea Sánchez.
El proyecto inició con 20 personas en 2022, pero se fueron desvinculando hasta quedar siete —entre adultos jóvenes, mujeres y adultos mayores—, quienes actualmente se encargan del cuidado de las colmenas, la extracción y envasado de la miel.
Entre semana, todos trabajan dentro o fuera del hogar. Algunos también estudian. A las abejas se les dedica el domingo, cuya jornada inicia a las seis de la mañana. Ingresan al manglar ataviados con trajes protectores, allí revisan las colmenas para retirar los panales con miel, los cuales depositan en cajas que serán trasladadas a la sala de extracción que se ubica a unos 100 metros sobre el camino de tierra. En la sala, sustituyen el traje de apicultor por guantes, cubrebocas y mallas para el cabello. Se retira la cera del panal antes de ingresarlo a una centrífuga que facilita la extracción. El panal sin miel se devuelve a la caja porque regresará al manglar y la miel se filtra para envasarla. Todo el proceso termina a eso de las tres de la tarde.
Desde su fundación en 2022, Apimangle ha priorizado la formación y profesionalización de sus integrantes. El equipo ha completado capacitaciones en apicultura, manipulación de alimentos y primeros auxilios, además de fortalecer sus capacidades en asociatividad, contabilidad, diseño de planes de negocio y comercialización. Este proceso de fortalecimiento ha contado con el respaldo técnico de la Fundación Corcovado (2022) y, posteriormente, de la Fundación MarViva (2023-2026). Actualmente, el proyecto avanza hacia la obtención del Certificado Veterinario de Operación (CVO), previsto para este año.
Tras cuatro años, Apimangle ya comercializa miel pura y mezclas con chile, jengibre y eucalipto. Análisis del Centro de Investigaciones Apícolas Tropicales de la Universidad Nacional (CINAT-UNA) revelaron que esta miel contiene 30% de polen de especies de mangle, por lo que es multifloral. Es tan diversa como el entorno de donde proviene.
Luis Sánchez, investigador del CINAT-UNA, destacó que la miel de manglar posee una composición química única precisamente debido a este ecosistema. Al recolectar un néctar que es naturalmente salobre, las abejas producen una miel con una concentración de minerales mucho más alta que las mieles del interior del país, lo que la vuelve notablemente rica en micronutrientes y trazas beneficiosas para la salud.
Pero, Apimangle no quiere vender solo miel. El turismo es una de las alternativas de diversificación en que está incursionando la asociación. Las visitas guiadas se dan a estudiantes y turistas para que conozcan las colmenas, aprendan sobre la restauración del manglar, los servicios ecosistémicos y degusten la miel con intención de compra. Andrea Sánchez —cofundadora y presidenta de Apimangle— es barista de profesión e ideó un servicio de “café gourmet” que incluye degustación y repostería casera durante los tours educativos.
Eso sí, para que las colmenas prosperen y se pueda escalar el proyecto, las abejas (Apis mellifera) necesitan que se mantenga el flujo constante de la marea para que el bosque salado florezca. Esto aplica hasta los 5 km, distancia que marca el desplazamiento máximo que hacen los insectos en busca del néctar salobre.
Justamente a 3 km, yace el sector de manglar que López ayudó a restaurar.
El Humedal Estero de Puntarenas es un área silvestre protegida en el distrito de Pitahaya, donde se ubica El Establo. Con una extensión actual de 5.241,16 hectáreas (el equivalente a 7.340 canchas de fútbol con medidas FIFA), el 61% de su superficie está cubierta por especies como mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle blanco (Laguncularia racemosa), botoncillo (Conocarpus erectus) y piñuela (Pelliciera rhizophorae), entre otras.
Durante 80 años, este ecosistema estuvo sujeto a la sedimentación, la expansión agrícola, la contaminación y las quemas, resultando en una pérdida histórica de 865,7 hectáreas que representa aproximadamente el 76% de la cobertura original en dicho sector.
Durante la elaboración del plan de manejo en 2018, el SINAC identificó la urgencia de restaurar el ecosistema, por lo que pidió ayuda al Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y Conservación Internacional (CI).
Se optó por la restauración hidrológica, por lo que se debían cavar 23,7 km de canales para devolver el flujo de la marea a zonas muertas. “En otras palabras, necesitábamos gente volando pala”, dice Jairo Quirós, coordinador del Programa Marino de CI. Fue así como, en 2021 y 2022, una cuadrilla de 20 personas de El Establo, liderada por López, le hizo camino al agua. “En nuestro sector hicimos más de 400 metros para adentro a pura pala. La tarea que se le daba a cada persona era trabajar tres metros”, cuenta el capataz.
Quirós admite que la experiencia de trabajar con los comunitarios fue enriquecedora, ya que aportaron técnicas valiosas y un profundo conocimiento empírico para controlar la entrada de agua durante la excavación.
“Muchos de ellos trabajan en fincas de caña en la parte de riego”, menciona Quirós. “Fueron muy buenos sugiriendo cómo manejar la dirección del agua. Ellos hacían bloques: abrían un canal, pero dejaban un pedazo sin tocar para asegurarse de que el agua no se filtrara y bloqueara el flujo que venía. Una vez que terminaban ese sector, abrían el paso y esa parte se llenaba de agua. Fueron muy oportunos con todas sus sugerencias”.
A los pocos meses de finalizada la labor, ya se veían propágulos de mangle blanco y botoncillo. “Llegaban y se sembraban solitos”, comenta Quirós. “El manglar es sumamente agradecido; le devolvés las condiciones idóneas e inmediatamente se restablece”.
El domingo 3 de mayo de 2026, López volvió al sector restaurado tras nueve meses de no visitarlo y la caminata lo enfrentó con una realidad desoladora: sobre el suelo grisáceo, aún humeaban los vestigios negros de una quema provocada. “Es una lástima ver cómo la vagancia de las personas le mete fuego a lo que tanto nos costó recuperar”, se lamentó.
En Costa Rica, y según datos del SINAC, cerca del 42% de los incendios forestales son causados por vandalismo y quemas intencionales, como venganza contra los guardaparques o para distraerlos mientras se realizan otros ilícitos.
Para Quirós, las quemas por vandalismo son un peligro latente. Al igual que otras áreas protegidas, el Humedal Estero de Puntarenas sufre el abandono institucional debido a las graves limitaciones de personal. “Si el sitio se ha mantenido en pie, es gracias al interés de los líderes locales y al personal del Ingenio El Palmar”, reconoce Quirós.
Las actividades productivas alrededor del manglar, como la producción de miel o el turismo educativo, son formas de proteger el ecosistema: cuanto más se usa de forma sostenible y más presencia haya, menos se presta para las quemas.
“Hay un potencial enorme en turismo”, señala Quirós. “A diferencia de otros manglares donde caminar es un suplicio por el barro, aquí el acceso es sumamente fácil. Hemos llevado gente en lancha cuando el camino terrestre colapsa por las lluvias, y creemos que el aviturismo es una alternativa económica viable para la comunidad”.
El otro desafío yace a lo interno de Apimangle. Con solo 20 colmenas, la producción actual se limita a un microlote (unos 200 kg anuales) y el transporte hacia centros urbanos duplica el precio final del producto.
La estrategia que han optado es competir por valor agregado y no por precio. Para ello, buscan alianzas en paradores turísticos de Puntarenas y emprendimientos ecoturísticos como la Posada Rural Amistad en Isla Chira. Pero, Apimangle tiene el reloj en contra. Debe establecer estas alianzas antes de que los fondos internacionales expiren a finales de 2026.
APICULTURA
López pide detener el carro a medio camino. Se adentra en la vegetación, en dirección contraria al río. A unos 50 metros se detiene para señalar una de las zanjas. Él la reconoce porque estuvo allí, trabajando, hace unos años. Ahora solo se distinguen árboles de mangle.
La miel, en el caso de El Establo, funciona como un incentivo para la conservación, ya que la comunidad se preocupa por la salud del ecosistema que sostiene su actividad económica. Además, el hecho de que la miel provenga de un área protegida le otorga un valor diferenciado.
Desde la perspectiva del patrimonio biocultural, la miel es el testigo de una tradición de recolección y producción que se liga estrechamente al entorno natural. Sus propiedades nutritivas y medicinales son conocidas desde la época precolombina, cuando los chorotegas –pueblo indígena que habitó Costa Rica– comerciaban con ella.
En tiempos de cambio climático, los servicios ecosistémicos de regulación que proveen los manglares adquieren cada vez más importancia, así como su capacidad para fijar carbono en sus lodos, raíces, troncos y hojas.
Sobre todo esto habla López. Pronuncia la última frase y guarda silencio. Su mirada revela el enjambre de pensamientos que tiene en su cabeza. Sabe perfectamente lo que costó limpiar cada metro de lodo para hacerle espacio a la marea. También reconoce que el manglar le agradece con néctar ese esfuerzo y las abejas hacen lo mismo en forma de miel. Es consciente de la amenaza que representan las quemas, y eso le preocupa. Sabe que allí yace el camino de la resistencia a futuro.
Tras un suspiro profundo dice: “Sin manglar, estamos perdidos”.
Ubicación: Aldea Las Mañanitas, Santa Rosa, Guatemala.
Iniciativa comunitaria que nació como resultado de la implementación del Proyecto Regional de Biodiversidad Costera de UICN.
Ubicación: Barra de Santiago, El Salvador.
Es un proyecto apícola que nació gracias a la intervención del Estado salvadoreño y de organizaciones como UICN. El final del financiamiento institucional significó también el fin de iniciativas comunitarias. Solo El Mango se mantiene vigente.
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Nace gracias a la capacitación técnica y apoyo de MARFund para brindar alternativas de desarrollo para los pescadores y comunitarios de Roatán, en el Caribe hondureño. Ahora, además de la pesca, los habitantes de esta aldea se valen de la apicultura para generar más ingresos.
Las mujeres de Parita han trabajado voluntariamente durante 26 años para restaurar y evitar la degradación del manglar. A inicios de 2026 comenzaron con la producción de miel de mangle como una alternativa de desarrollo y estrategia para la protección del bosque salado.
Facebook: No tienen.