En Ereván, Guatemala pidió fortalecer la participación indígena y aumentar los recursos para la biodiversidad. En el territorio, las iniciativas comunitarias avanzan, pero persisten brechas de financiamiento y tareas pendientes para medir su impacto.
Bocas del Polochic es un humedal de más de 20 mil hectáreas ubicado en el Caribe guatemalteco. Además de ser el hogar de manatíes, nutrias e incluso jaguares, es también un sitio clave para unas 276 especies reportadas por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), de las cuales 80 son migratorias; entre ellas está la espátula rosada. Declarado sitio Ramsar en 1996, también es territorio de comunidades mayas Q’eqchi’ que impulsan iniciativas de agroforestería y restauración forestal.
“Tenemos entre 5 y 10 hectáreas reforestadas, con árboles que alcanzan diámetros de 20 a 30 centímetros. Esto no solo nos genera un pequeño ingreso, sino que creamos calidad de vida y un ambiente sano que beneficia a todos los seres humanos”, dijo Pablo Choc, de Santa Rosa Balandra. La comunidad trabaja con el acompañamiento de Defensores de la Naturaleza.
El trabajo comunitario en Bocas del Polochic es una de varias expresiones locales de conservación. Este tipo de experiencias, junto con otras que realizan comunidades Maya Mam y Poqoman de manera voluntaria, y lo que las comunidades forestales en Petén realizan desde hace más de 25 años, ponen rostro a una de las propuestas que la delegación guatemalteca, integrada por representantes del CONAP, la Universidad del Valle de Guatemala (UVG), la Asociación de Reservas Naturales Privadas de Guatemala (ARNPG) y la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP), busca promover en la 17ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP17) que se celebra en Ereván, Armenia.
La conferencia reúne esos esfuerzos territoriales con una discusión global sobre cuánto se ha avanzado y qué falta para cumplir los compromisos. En curso desde el pasado 19 de octubre, el encuentro global marca el punto medio entre la adopción del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal (MMBKM), adoptado en 2022, y el plazo límite (2030) para cumplir sus metas. Aunque el mundo va en la dirección correcta en cuanto a la protección de la biodiversidad global, según Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), las metas propuestas se alcanzarán solo si se producen «cambios significativos».
Desde 2022, cerca del 90 % de los 196 países miembros del CDB han establecido metas nacionales de biodiversidad. De ellos, casi el 60 % ya han desarrollado estrategias y planes nacionales de acción y más del 70 % han presentado informes nacionales. Sin embargo, menos de la mitad de las metas nacionales evaluadas por las partes van por buen camino.
¿El principal escollo? Las fuentes de financiamiento.

El financiamiento internacional se reduce por segundo año consecutivo
El documento Situación actual de la financiación internacional 30×30: Actualización de 2026, elaborado por Campaign for Nature, The Pew Charitable Trusts y Rainforest Foundation Norway, documentó que el financiamiento proveniente de fuentes bilaterales, multilaterales y filantrópicas descendió de $1,2 mil millones en 2023 a $1 mil millones en 2025. “Los países ricos gastan cada año más de diez veces más dinero en chicles que el que invierten en impulsar la iniciativa 30×30 en los países en desarrollo”, afirmó Brian O’Donnell, director de Campaign for Nature.
Según el informe, el financiamiento para la protección de áreas terrestres disminuyó en torno al 30 %, hasta alcanzar aproximadamente 683 millones de dólares en 2025. La caída de los fondos internacionales plantea una pregunta para los países en vías de desarrollo: ¿qué proyectos reciben ese apoyo y cuánto contribuye a sostener el trabajo de conservación en el territorio?
En Guatemala, por ejemplo, la cooperación alemana financia proyectos relacionados con la Selva Maya, mientras que Canadá apoya la Iniciativa Podong para los Pueblos Indígenas, que promueve la conservación liderada por indígenas en Guatemala, Panamá, Tanzania y Nepal mediante el fortalecimiento de las capacidades de los pueblos en materia de conservación de la biodiversidad. Estas acciones, además, buscan contribuir a las Estrategias y Planes de Acción Nacionales sobre Biodiversidad (EPNB).
Otro ejemplo de cooperación alemana es el proyecto LIFE WEB II, mediante el cual CONAP busca consolidar una red de áreas protegidas municipales y comunitarias en Sololá, Chimaltenango, Totonicapán, Quetzaltenango y San Marcos. En diciembre de 2025, la institución reportó 18 convenios de conservación que abarcan 12.456 hectáreas y benefician a más de 31.700 familias, además de 56 proyectos productivos y ambientales en 45 comunidades. Son cifras reportadas por CONAP; por sí solas, no permiten medir el impacto ecológico de las acciones.

Guatemala en Ereván
La agenda que Guatemala llevó a la COP17 aborda varios de esos desafíos: participación, conservación y recursos para implementar las metas. La delegación guatemalteca llegó a Ereván con un panorama bastante claro y la intención de ser un actor activo en la reunión. Sus propuestas iban desde el fortalecimiento de los pueblos indígenas y las comunidades en el diseño de estrategias y la toma de decisiones, hasta el aumento del financiamiento internacional para la biodiversidad, la mejora de la gestión de las áreas protegidas y otros modelos de conservación y la promoción de acciones frente al cambio climático.
Según conversaciones con José Luis Echeverría, director de la Dirección de Valoración y Conservación de la Diversidad Biológica de CONAP, y miembro destacado de la delegación guatemalteca en Armenia, la posición de país para la COP17 se obtuvo mediante ocho talleres que contaron con la participación de unas 250 personas y alrededor de 43 instituciones. En estos encuentros, añadió, se revisaron propuestas sobre las áreas protegidas, el manejo de la vida silvestre, financiamiento y conocimientos ancestrales, entre otras temáticas.
La participación de los pueblos indígenas en esa discusión tiene un peso particular en Guatemala. “En CONAP tenemos la Plataforma del Artículo 8J del CDB. Este artículo está vinculado a la conservación de los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas y al respeto a sus formas tradicionales de gestión de la biodiversidad”, declaró Echeverría a este medio en un mensaje enviado desde Ereván. Señaló, además, que, aunque “tener toda la participación de los pueblos indígenas en cualquier proceso es muy complejo”, en los talleres sí se contó con el concurso de “bastantes grupos de la sociedad civil vinculados con pueblos indígenas”.
La delegación guatemalteca reconoce, sin embargo, que participar e incidir son dos cosas muy diferentes y que el país aún debe avanzar en la búsqueda de mecanismos que permitan reducir esa brecha. En el país ya existen comunidades como la de El Estor que incorporan conocimiento técnico a sus saberes ancestrales para restaurar los ecosistemas. “Por el momento, es una tarea pendiente el desarrollo y medición de indicadores que permitan evaluar el impacto de la participación comunitaria en conservar la biodiversidad”, añade Echeverría.
La falta de indicadores no significa que no haya experiencias de gestión comunitaria que compartir. Las concesiones forestales comunitarias de Petén sirven de ejemplo. En Ereván, ACOFOP participó en varios eventos paralelos en los que destacó que las comunidades forestales están involucradas en la elaboración de planes de manejo, el control y la vigilancia del territorio, el aprovechamiento sostenible y la prevención de incendios.
ACOFOP y el país en su conjunto, forman parte del corredor biológico Selva Maya, que comparten con México y Belice. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) aprovechó para anunciar el acompañamiento sobre los avances que los tres países han realizado luego de la firma en agosto de 2025 de la Declaración de Calakmul, que busca coordinar los esfuerzos trinacionales para conservar la biodiversidad y la integridad del paisaje.
Garantías territoriales y el horizonte 2030
La cooperación regional y las iniciativas comunitarias requieren recursos para sostenerse.“Los presupuestos reflejan las prioridades y, actualmente, los datos muestran que la protección de la naturaleza no es una prioridad lo suficientemente alta para muchos gobiernos ni para las personas adineradas. Esta tendencia debe revertirse no solo para prevenir la extinción de especies, estabilizar el clima y garantizar agua y aire limpios, sino porque los países han identificado la pérdida de la naturaleza como una amenaza para la seguridad nacional”, dijo Brian O’Donnell, director de Campaign for Nature.
Hasta la fecha, en Ereván se reportaron más de US$1.800 millones en compromisos —incluidos 500 millones para especies amenazadas y aportes al Fondo del Marco Global—; el objetivo de US$6.000 millones anuales sigue fuera del alcance, mientras que el Marco Global exige movilizar US$200.000 millones cada año para 2030. Los compromisos anunciados en la COP y la meta anual del Marco Global son cifras distintas; el anuncio de fondos no equivale, por sí solo, a recursos ya desembolsados.
Ante la incertidumbre que cada año rodea al financiamiento para la protección de la biodiversidad, Echeverría considera que Guatemala no debería depender de la cooperación internacional, sino considerarla un complemento de los esfuerzos nacionales. Según el funcionario, el presupuesto de CONAP ronda actualmente los Q200 millones, frente a un presupuesto óptimo estimado por la institución en Q550 millones anuales. Dijo que la asignación aumentó respecto de los Q120 millones o Q130 millones de hace dos años, pero que todavía no alcanza el nivel necesario para gestionar adecuadamente el Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas.
La distancia entre esos montos resume el desafío que Guatemala llevó a Ereván: cumplir las metas globales requiere cooperación internacional, pero también recursos nacionales y herramientas para saber si las acciones producen resultados. “La principal responsabilidad de Guatemala hacia su biodiversidad y hacia el SIGAP depende de lo que nosotros podamos hacer en nuestro país y con nuestras propias capacidades”, concluyó Echeverría.
