Durante años, los manglares han sido promovidos como una solución natural frente al cambio climático. Su capacidad para almacenar carbono, reducir el impacto de tormentas y sostener pesquerías costeras los ha convertido en una prioridad para gobiernos, organizaciones de conservación y proyectos de carbono azul.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Nature Reviews Biodiversity advierte que gran parte de la atención se ha centrado en los servicios que brindan estos ecosistemas, mientras que la biodiversidad que los sostiene sigue siendo poco comprendida y, en muchos casos, insuficientemente protegida.
La revisión, liderada por investigadores de Australia, Estados Unidos, Malasia, Mozambique y Suiza, concluye que la diversidad biológica de los manglares es la base de numerosos beneficios ambientales, económicos y culturales, pero que todavía existen importantes vacíos de conocimiento sobre cómo esa biodiversidad influye en el funcionamiento de estos ecosistemas.
Los autores destacan que los manglares albergan complejas redes de organismos terrestres y marinos, desde microorganismos e insectos hasta peces, crustáceos, aves y mamíferos. Esa diversidad contribuye a procesos ecológicos que permiten mantener la productividad de los ecosistemas, proteger las costas, almacenar carbono y sostener actividades pesqueras.
“Aunque la biodiversidad se considera esencial para los servicios ecosistémicos, existe poca evidencia que vincule directamente ambos aspectos en los manglares”, señalan los investigadores. En cambio, la mayoría de estudios se ha enfocado en medir beneficios como la captura de carbono o la protección costera sin analizar suficientemente el papel que desempeñan las especies que habitan estos ecosistemas.
La investigación también llama la atención sobre la importancia de la complejidad estructural de los manglares. Sus raíces aéreas, canales de marea y conexiones con arrecifes coralinos, pastos marinos y estuarios crean hábitats que favorecen una elevada diversidad biológica y fortalecen procesos ecológicos fundamentales.
Este hallazgo resulta especialmente relevante para regiones como Centroamérica, donde los manglares sostienen actividades pesqueras, sirven de refugio para especies amenazadas y ayudan a amortiguar los impactos de tormentas y eventos climáticos extremos.
En Guatemala, por ejemplo, los manglares del Pacífico y del Caribe han sido objeto de programas de restauración impulsados por comunidades, organizaciones de conservación y agencias internacionales. Estos esfuerzos suelen justificarse por sus beneficios para la captura de carbono, la protección costera y la recuperación de pesquerías. Sin embargo, el nuevo estudio sugiere que la conservación de la biodiversidad debería ocupar un lugar más central dentro de estas estrategias.
Los autores también advierten que el cambio climático representa una amenaza creciente para los manglares. El aumento del nivel del mar, las olas de calor marinas y los eventos climáticos extremos podrían alterar tanto la biodiversidad como los servicios que estos ecosistemas proporcionan a las comunidades costeras. No obstante, reconocen que todavía se conoce poco sobre la magnitud y distribución de esos impactos.
Ante este escenario, los investigadores recomiendan fortalecer la investigación sobre biodiversidad, mejorar la conectividad entre ecosistemas costeros y diseñar programas de conservación y restauración que consideren no solo los árboles, sino también las especies y procesos ecológicos que permiten que los manglares sigan funcionando.
Después de todo, proteger los servicios que ofrecen los manglares implica también proteger la diversidad de vida que los hace posibles.
Disclaimer: Esta nota fue elaborada por inteligencia artificial a partir de información publicada por Nature Review Biodiversity. Viatori verificó y contextualizó los datos para su audiencia en Centroamérica.
