Científicos respaldan actividades locales para rescatar el arrecife mesoamericano
Cayos Cochinos, Honduras, forma parte del Arrecife Mesoamericano, que recientemente recibió una calificación baja en cuanto a la salud de su ecosistema. Foto: Ian Drysdale

Científicos respaldan actividades locales para rescatar el arrecife mesoamericano

El informe sobre el arrecife analizó 286 sitios en México, Belice, Guatemala y Honduras. Comunidades, científicos y gobiernos trabajan para mejorar la resiliencia de los corales y los ecosistemas.

A principios de este año, Healthy Reefs for Healthy People publicó su sexto informe sobre el estado del Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM). Tras un análisis de 286 sitios en México, Belice, Guatemala y Honduras, el informe concluyó que la salud del sistema es deficiente, con un índice de 2.5 sobre 5. Esta conclusión se basó en el estado de la cobertura de coral y macroalgas carnosas del arrecife, así como en la biomasa de peces herbívoros y la pesca comercial en la región.

“Existe una regulación pesquera deficiente en los cuatro países”, afirmó Ian Drysdale, coordinador de Healthy Reefs for Healthy People en Honduras. “El deterioro de la salud de los corales que observamos se debe a la pesca, tanto industrial como artesanal”.

Además de la sobrepesca, el Arrecife Mesoamericano sufre episodios de blanqueamiento de coral, en los que los corales expulsan las algas que les proporcionan la mayor parte de su alimento y su característico color. La enfermedad de pérdida de tejido de coral pétreo (EPTP), también conocida como síndrome blanco, también afecta al arrecife. El síndrome blanco es una condición que debilita los tejidos de los corales, provocando su muerte.

En la región del Arrecife Mesoamericano, cerca de la Península de Yucatán, la enfermedad del blanqueamiento de corales (SCTLD) ha causado la muerte de hasta el 98% de algunas especies de coral. “Cuando nos acercamos a la pérdida del 90% al 98% de los individuos de una especie en particular, podríamos hablar de la desaparición definitiva de dicha especie”, afirmó Nallely Hernández, subdirectora regional de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y cocreadora del “Plan de Acción contra el Síndrome Blanco en los Arrecifes del Caribe Mexicano”.

En 2019, la Universidad Autónoma de México y la Universidad Estatal de Florida se asociaron con la CONANP para llevar a cabo un experimento con el fin de comprender el comportamiento de la SCTLD. Si bien el blanqueamiento de corales se propaga sistemáticamente debido al calentamiento de las aguas, el síndrome blanco se propaga sin un patrón específico. “Al principio, [la enfermedad] se manifestaba radialmente, en los bordes de la colonia. Pero después, nos dimos cuenta de que podía aparecer en puntos aislados, sin previo aviso o, en algunos casos, en toda la colonia”, explicó Hernández.

Además de documentar este comportamiento errático, los resultados del experimento no han sido concluyentes. Los científicos sospechan que la causa de la SCTLD podría ser un virus o una bacteria, cuya propagación se ve favorecida por la mala calidad del agua. “Algunos bancos, al sur de [el estado mexicano de] Quintana Roo, aún no presentaban signos de la enfermedad, quizás debido a su lejanía de la costa. Esto refuerza la hipótesis de la relación entre las aguas residuales y la contaminación de la costa al mar con la enfermedad”, añadió Hernández.

Tratamiento del agua y participación comunitaria

Las agencias gubernamentales locales y federales están tomando medidas para proteger el Arrecife Mesoamericano. En 2018, México añadió 10 especies de peces loro a su registro nacional de especies protegidas. En febrero, Guatemala hizo lo mismo e incluyó también el pez mariposa, el pez ángel y el pez cirujano. Estos peces herbívoros consumen macroalgas, que compiten con los corales por los arrecifes. Proteger a estos peces favorece el desarrollo de los corales.

“Las soluciones radican en cómo nos comportamos todos en nuestra vida cotidiana”.

Hernández apoya los enfoques comunitarios y la reducción del consumo. “Las soluciones radican en cómo nos comportamos todos en nuestra vida cotidiana. Necesitamos realizar ajustes en todo el sistema para comprender el impacto positivo que podemos generar con cambios en nuestros hábitos de consumo”.

Drysdale, sin embargo, afirma que la sobrepesca limita la eficacia tanto de las protecciones federales como de los hábitos de consumo individuales. “No solo pescamos de forma eficiente, sino que también destruimos hábitats críticos, como los manglares y las praderas marinas”, declaró.

“Desafortunadamente, la industria pesquera tiene mucho poder político y económico, y su interferencia dificulta nuestra labor de protección de los ecosistemas marinos”, concluyó.

Esta historia se publicó originalmente en inglés en EOS.org