#FridaysForFuture, el medio ambiente y sus futuros administradores

Historia por: Jorge Rodríguez Fotografía por: Markus Spiske/Unsplash Vie 13, Nov 2020

Que la juventud debe de involucrarse en la protección de los recursos naturales, es algo tan evidente como que la humanidad está en una encrucijada climática, en la que la decisión es o seguir actuando como hasta ahora o crear modelos más armoniosos con la vida natural. Pero, si en su momento el “los jóvenes son el futuro” no fue suficiente, ahora menos lo será, ya que sabemos que el consumo masivo y la extractividad que rige la economía mundial, es lo que nos ha traído hasta el punto en el que estamos.

Lograr la participación activa de la población, especialmente de los jóvenes, debería de ser una prioridad para los países, y para instituciones y entidades no gubernamentales y civiles, algo que no ocurre actualmente. “Hay otros temas que son más visualizados por ellos, y el tema ambiental se queda fuera de sus acciones”, dice César Zacarías, biólogo y conservacionista dedicado a la protección del mangle en Guatemala.

La pandemia, sin embargo, ha llevado a una parte del planeta a entender que la solución, más allá del distanciamiento, mascarillas y vacunas, pasa, según Naciones Unidas, por construir una relación armoniosa con la vida natural. “La humanidad está librando una guerra contra la naturaleza, y necesitamos reconstruir nuestra relación con ella”, afirmó el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, durante la primera Cumbre de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad.

¿Y cómo logramos eso? “No se puede crear una empatía con la conservación si no hay ese vínculo (emocional)”, dijo Julia Salazar, copropietaria de una empresa de extracción de sal al sur de Honduras, quien trabaja por lograr que los productores de su zona, aprendan a integrar sus prácticas laborales con el cuidado de la vida silvestre y de los ecosistemas de los que dependen. Ella considera que al mostrarle a la gente los diferentes tipos de vida que habitan su entorno, aprenden que la conservación también provee beneficios económicos. “Así  se va creando el amor por la naturaleza”, dijo.

Es en ese camino en el que los conservacionistas ponen sus esfuerzos en la actualidad. Pero ¿cómo alcanzarlo? Para Melissa Vega, educadora guatemalteca, la clave está en “integrar un sistema, por muy complicado que parezca, para que los jóvenes tengan conocimientos esenciales de todo lo que les rodea. Pero esto no debe ser desde la experiencia del aula, sino debería de venir desde el hogar”.

Aunque en teoría se tiene claro el camino que hay que recorrer, Vega también cree que es el mismo sistema el que lleva a los educadores, y padres al mismo tiempo, a dedicar el menor tiempo posible a la calidad de la formación de la juventud, ya que se pone más atención en cumplir los estándares y requerimientos que el mismo sistema impone, que en generar procesos educativos efectivos. Hay que recordar que quienes crían a los adultos del mañana, en su mayoría, están inmersos en una cultura de consumismo, de estrés y de trabajo constante, particularmente durante esta época del zoom y las videoreuniones, consecuencia de la pandemia actual en la que vivimos.

“Solo se puede proteger y valorar aquello que conocemos. Lo primero que toca es conocer la diversidad de nuestro país y conocer el valor que esto tiene para nosotros como personas”, añadió Varinia Sagastume, bióloga e investigadora.

Jóvenes implicados

fridaysforfuture

Greta Thunberg se ha convertido en un ícono de la defensa de la naturaleza para la juventud. Foto: Markus Piske/Unsplash

En 2018, en Estocolmo, capital de Suecia, una joven estudiante llamada Greta Thunberg, decidió protestar frente el Parlamento sueco, debido a una fuerte ola de calor y una inusual temporada de incendios forestales que golpearon al país nórdico. Cada viernes, con un cartel que decía Skolstrejk för klimatet” (Huelga escolar por el clima). Esto la llevó a ser reconocida en todo el mundo por responsabilizar a los líderes políticos por la actual crisis climática. Sin imaginarlo, Thunberg dio inicio a los Viernes por el Futuro (#FridaysForFuture), días en los que jóvenes de diferentes partes del mundo, exigen que los políticos de sus países adopten medidas urgentes a favor del medio ambiente.

“No solo es importante que los jóvenes se interesen por el cuidado de los recursos naturales, sino que también es esencial, ya que ellos se convertirán en los futuros administradores de estos recursos”, dijo Sagastume.

A pesar de todo esto, existe una desconexión entre la formación ambiental de las personas y su relación emocional con la naturaleza. “Si desde jóvenes entienden la importancia de cuidar y proteger (la naturaleza), de adultos será más fácil que tomen decisiones para mantener la sostenibilidad”, añadió Sagastume.

Crear una relación y un vínculo con los medios naturales, nos permite, no solo reconocer a las otras formas de vida que nos rodean, sino que nos ayudan a comprender que nosotros somos parte de los ciclos vitales del planeta.  Al existir degradación de los ecosistemas, el impacto lo sentimos todos, incluso los seres humanos. 

Otra manera de involucrar a la juventud de una manera más eficaz, es la de ayudarles a entender que los recursos naturales, como la madera, por ejemplo, son esenciales para las personas del planeta, pero que su uso debería de ser en base a modelos sostenibles, que prioricen la renovación de dichos recursos, por sobre la producción económica.

“Cuando hablamos de la conservación, se piensa que es solamente cuidar y no cortar y no es así. Todo es posible, de una forma adecuada”, dijo Zacarías, quien considera que impulsar estos conocimientos, particularmente en los niños, niñas y jóvenes, ayudaría a cambiar la mentalidad extractiva en la que vive la sociedad actualmente.

La diversión es clave en la formación de las personas

Ataviados con sus mascarillas y el distanciamiento social, la nueva normalidad no impide que este grupo guatemalteco de scouts continúe con su labor de servicio. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

El problema radica en que la economía de los países está basada en la extractividad. En Centroamérica, la minería, la siembra de palma africana, la agricultura masiva y la pesca no regulada, son los pilares de las economías. Tener sistemas educativos que enseñen a trabajar junto a la naturaleza, debería, por fuerza, ser impulsado por Estados que actúen de esa manera, cosa que no sucede en la región.

A cambio, el sistema educativo actual está basado en currículos que ponen de manifiesto algunos conocimientos no esenciales en el desarrollo de los individuos, y, lo que es peor, no hace énfasis, en la gran biodiversidad que los países centroamericanos guardan, así como su importancia en los procesos biológicos de esta parte del planeta.

En ese sentido, la educación debería enfocarse en enseñar a aprender y a querer, y hacer de la educación un proceso más participativo entre el maestro y el alumno. “Suena a utopía, pero sería interesante que los alumnos pudieran elegir qué es lo que realmente les interesa”, dijo Vega. Por su parte, Sagastume cree que, aunque en la etapa escolar, todos recibimos cursos de biología y ciencias naturales, estos no se acercan al objetivo ideal, que es involucrarnos emocionalmente con todos los tipos de vida que habitan el planeta. “Lo que los sistemas educativos deberían de hacer, es mantener esa conexión de los estudiantes con la naturaleza, no solo en el aula, sino que hacer actividades que fomenten conocer la diversidad que tenemos alrededor”.

Otra cosa es la de mostrar que, como mencionó Zacarías, que la conservación se trata de intervención, con una visión de sostenibilidad. Por ejemplo, “todos necesitamos ciertos muebles de madera, que es un material que se puede renovar en el bosque si se corta de una manera en la que el árbol se recupere. Si los jóvenes saben de esto, podrán crear negocios y oportunidades para ellos, sin dañar al medio ambiente”, dijo.

Por último, hay que tomar en consideración el factor social. Al estar en su etapa de formación, la juventud siempre valorará mejor aquellas actividades en las que puedan ampliar su círculo social, al tiempo de generar recuerdos memorables. Esto se puede ver en actividades como las que realizan los grupos de scouts, cuya filosofía está enfocada en formar individuos con habilidades sociales de servicio y conexión con la naturaleza.

Kaslem, Haris y Víctor, son un ejemplo de ello. Después de siete meses de encierro, por la pandemia del COVID-19, se reencontraron con el objetivo de dar mantenimiento a un campo reforestado en el sur de la ciudad de Guatemala. “Aparte de que ya llevábamos tiempo encerrados, creo que es importante venir a cuidar a la naturaleza”, dijo emocionado Kaslem. 

Los tres coinciden en que para ellos es importante ser parte de un movimiento que les permita servir y proteger a la naturaleza, porque no solo forman parte de la solución en contra de la degradación de los ecosistemas, sino que además crean vínculos con otros jóvenes, hacen amigos y se divierten. 

La naturaleza y la salud mental

Desde la fundación Calmecac se fomenta la reforestación de los barrancos, cinturón verde del valle de Guatemala. Foto: Fundación CALMECAC

“Durante el confinamiento, muchos niños encontraron refugio en la tecnología, lo que ha favorecido el trastorno por déficit de naturaleza. La educación ambiental y realizar actividades en zonas verdes disminuye el nivel de estrés y aumenta su implicación para proteger el medio ambiente”, dice un artículo publicado en elmundo.es en septiembre pasado.

La sociedad debe, según los expertos, resaltar la importancia que el contacto con la naturaleza tiene en la salud mental y emocional de las personas, particularmente en la época de pandemia en la que vivimos. Porque los árboles no solo prestan servicios de los cuales dependemos, sino que también son de mucho beneficio para nuestra salud.

“La crisis sanitaria y el confinamiento ha aumentado la angustia en los niños, por eso el promover experiencias positivas del contacto con la naturaleza es muy importante en este momento”, dijo José Antonio Corraliza, catedrático de Psicología Ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid. 

Al igual que Sagastume, Corraliza consideró que la mejor manera de enseñar el cuidado de los recursos naturales, es por medio de la promoción del amor hacia ellos, ya que los impactos positivos, provocan “una mayor implicación en la defensa y conservación”. Esto está documentado en el estudio Jóvenes, educación y medioambiente, realizado a jóvenes españoles de entre 18 y 30 años.

En este estudio se resalta que 9 de cada 10 jóvenes cree en la efectividad de la educación ambiental, y creen necesario implementar nuevas medidas inclusivas con la vida natural, para evitar futuras pandemias. Esto se suma al hecho de la defensa que los expertos hacen de la relación de las personas con la naturaleza, especialmente para con los niños, ya que este repercute de manera positiva en sus capacidades creativas, emocionales e intelectuales.

“Algo que me enseñó mi abuelito fue a tener curiosidad por las plantas y los animales, y eso que me enseñaron de niña me llevó a tomar la decisión de estudiar biología y a dedicar mi carrera y gran parte de mi vida a la conservación”, concluyó Sagastume.

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