Todo lo que llevas puesto sigue siendo hecho con combustibles fósiles (aunque ya hay tecnologías para alejarse 100% de ellos)

A diferencia de otras industrias, las tecnologías para electrificar la producción textil ya existen y funcionan. Pero solo el 7% de las marcas más grandes del mundo está haciendo algo al respecto. Al revisar los indicadores clave, 39 marcas emblemáticas obtuvieron una calificación de 0%.

¿Qué alimenta la moda? Es la pregunta que titula el segundo informe de Fashion Revolution, un análisis enfocado en energía y descarbonización que evalúa a 200 de las marcas de moda más grandes del mundo. Con una facturación anual combinada estimada en más de 2,7 billones de dólares, estas marcas multimillonarias son los actores más poderosos que determinan el futuro climático de la moda.

Rastreando más de 70 indicadores en las áreas de rendición de cuentas, descarbonización, adquisición de energía, financiamiento, transición justa y advocacy, el reporte revela dónde las marcas carecen de transparencia — y dónde se necesita acción urgente. Las marcas que registraron las calificaciones más altas para 2025 fueron: H&M – 71%, Oniverse (Calzedonia, Intimissimi, Tezenis) – 63%, Puma – 51%, OVS – 49%, Gucci – 47%, Gildan – 46%, Lululemon – 39%, ASICS – 38%, Adidas – 37%, Hanes – 37% y Hermès – 36%.

Por su parte, 39 marcas importantes obtuvieron una calificación de 0% en los indicadores evaluados, entre ellas se encuentran nombres reconocidos como Aeropostale, Anthropologie, BCBGMAXAZRIA, Beanpole, Belle, Billabong, Bosideng, Buckle, Champion, Chico’s, Deichmann, Dillards, DSW, Eddie Bauer, Express, Fashion Nova y Forever21, entre muchas otras.

Las cifras no son alentadoras: 90 de las marcas analizadas obtuvieron cero puntos en toda la sección de trazabilidad, y el 59% de esas marcas cotizan en bolsa, lo que evidencia una grave brecha de rendición de cuentas para los inversionistas. Sin visibilidad de los proveedores, los inversionistas no pueden evaluar los riesgos climáticos ni canalizar financiamiento hacia una descarbonización creíble. Esta es una afirmación de ESG flagrante: hasta que las listas de proveedores se divulguen como requisito básico, cualquier afirmación de alineación con objetivos climáticos o sociales suena hueca.

El informe, además, sugiere que el 60% de las marcas divulga el origen de su energía en sus propias operaciones, pero solo el 11% lo hace en sus cadenas de suministro, donde más importa. Muchas se apoyan en certificados de energía renovable (RECs) que enmascaran el uso de combustibles fósiles, convirtiendo la acción climática de muchas marcas en un ejercicio de contabilidad, no de responsabilidad. La verdadera descarbonización significa alimentar las cadenas de suministro con energía renovable en tiempo real — cada hora del día, no solo en el papel. Pero sin ninguna marca que divulgue este enfoque, la industria va rezagada frente a una prioridad urgente.

Varias de las marcas más populares de la actualidad continúan siendo grandes emisores de carbono a la atmósfera. Foto: Unsplash

Un camino posible para la moda

Aunque la moda sigue siendo, según cifras de la ONU, la segunda industria más contaminante después de la energética, a diferencia de la industria pesada, enfrenta barreras técnicas relativamente bajas para la electrificación. Tecnologías de electrificación comprobadas, como bombas de calor y calderas eléctricas, ya están disponibles para reemplazar los procesos térmicos alimentados por combustibles fósiles, incluyendo teñido, secado e impresión, en muchos contextos de producción textil hoy en día. Así, ‘Calor limpio’ — energía renovable y libre de combustibles fósiles para procesos de manufactura — es la palanca más importante para reducir las emisiones de la cadena de suministro. El reporte ¿Qué alimenta la moda? ofrece un nuevo marco para la adopción industrial: ‘Calor Limpio para Trabajo Fresco’, una iniciativa que hace un llamado a reemplazar las calderas de carbón, gas y biomasa y otros sistemas de combustibles fósiles con alternativas eléctricas como bombas de calor industriales, que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero (mitigación), mientras también tienen el potencial de mejorar las condiciones laborales al proteger a los trabajadores del estrés por calor y reducir la contaminación del aire dañina dentro de las fábricas y en las comunidades circundantes (adaptación). El marco combina monitoreo de bajo costo con soluciones de alta inversión — como la divulgación pública de datos de calor en fábricas — para establecer una línea de base para medir mejoras al cambiar al calor limpio.

«El camino hacia la descarbonización se ganará o perderá según cómo la moda aborde el calor», dice Liv Simpliciano, directora de Política e Investigación de Fashion Revolution. «La electrificación industrial es una oportunidad de Transición Justa que debe poner en el centro a trabajadores y proveedores. Si la moda no actúa, pone en riesgo su integridad en un mundo que se aleja de los combustibles fósiles y con ello, la salud, seguridad y dignidad de las personas que fabrican nuestra ropa».

Jan Rosenow, profesor de política energética y climática en la Universidad de Oxford, añade: «La industria textil puede liderar con el ejemplo: debido a que el calor de proceso rara vez excede los 250 °C, tiene el potencial de alejarse completamente de los combustibles fósiles. La posibilidad está aquí — ahora las empresas deben comprometerse y establecer estrategias claras para habilitar la transición».

A pesar de este gran potencial, solo el 18% de las marcas divulga objetivos de eliminación gradual del carbón que cubren el procesamiento textil — donde la demanda de calor es mayor — y ninguna incluye el vapor comprado, lo que deja al carbón incrustado en las cadenas de suministro.

Solo el 10% de las marcas divulga objetivos de electricidad renovable en su cadena de suministro y aun menos (6%) divulga objetivos más amplios de energía renovable — un déficit significativo que deja a la mayoría de las marcas sin una hoja de ruta pública y creíble para alimentar sus cadenas de suministro con energía limpia. Apenas el 7% divulga cualquier esfuerzo para electrificar procesos de alto calor — a pesar de que existen soluciones comprobadas disponibles comercialmente.