Las sabanas: los ecosistemas abiertos que también protegen el clima
Las sabanas y otros ecosistemas abiertos son hogar de muchas áreas de biodiversidad claves para el planeta. Foto: Unsplash.

Las sabanas: los ecosistemas abiertos que también protegen el clima

Cuando se habla de naturaleza y cambio climático, los bosques suelen ocupar el centro de la conversación. Los paisajes dominados por pastos, en cambio, pueden parecer vacíos o degradados. Bajo esa apariencia guardan parte importante de su riqueza: raíces profundas, carbono acumulado en el suelo y sistemas capaces de regular el agua.

Las praderas forman parte de una familia amplia de ecosistemas abiertos. El World Resources Institute (WRI) utiliza el término grasslands para agrupar pastizales naturales y seminaturales, sabanas, matorrales abiertos y tundras, pero excluye los potreros cultivados. En Centroamérica, su expresión más cercana son las sabanas tropicales y subtropicales: paisajes donde predomina la vegetación herbácea, a veces interrumpida por árboles y arbustos dispersos.

Lindsey Sloat, el investigador Mulubrhan Balehegn y la editora Paige Johnson explican que estos ecosistemas constituyen posiblemente la cobertura terrestre más extensa del planeta fuera de las superficies cubiertas por hielo. Más de mil millones de personas dependen directamente de ellos para obtener alimentos e ingresos.

Su importancia climática está, sobre todo, bajo tierra. Las praderas y otros ecosistemas herbáceos almacenan hasta el 34 % del carbono terrestre, frente a cerca del 39 % contenido en los bosques. Alrededor del 90 % de su carbono permanece en raíces y suelos. Por eso puede resistir mejor que el carbono acumulado sobre la superficie cuando ocurren incendios o sequías, aunque la cantidad almacenada cambia según el tipo de ecosistema y su estado de conservación.

El Parque Nacional Laguna del Tigre, en San Andrés, Petén, resguarda un mosaico de bosques, humedales y sabanas que se inundan durante la temporada lluviosa. Foto: CONAP.

La protección no refleja ese valor. Apenas el 4.6 % de las praderas templadas está bajo alguna figura de protección, frente a proporciones considerablemente mayores de bosques y humedales, según la comparación recogida por WRI.

Las raíces también sujetan el suelo, reducen la erosión y facilitan la infiltración de lluvia. Sus microorganismos ayudan a liberar nutrientes y filtrar contaminantes; durante lluvias intensas, estos terrenos pueden retener agua y moderar su descarga hacia ríos y quebradas. Además, ofrecen hábitat a polinizadores de los que depende parte de la producción agrícola.

Centroamérica conserva ejemplos poco reconocidos. Las sabanas inundables de Petén, en Guatemala, forman mosaicos de pastos, humedales, palmas y parches de bosque. Belice posee extensas sabanas de tierras bajas: una evaluación coordinada por la Universidad de Oxford reunió más de 5,000 registros de especímenes y 1,500 nombres de especies asociados con este ecosistema. En la costa caribeña de Honduras y Nicaragua, las sabanas de pino de la Mosquitia forman el mayor bloque de este hábitat en el Neotrópico.

Estos paisajes no deben tratarse como bosques incompletos ni convertirse automáticamente en plantaciones de árboles. Las comunidades de pastos tropicales evolucionaron con perturbaciones como el fuego y la herbivoría, pero son especialmente vulnerables a actividades que destruyen el suelo y la biomasa subterránea, como la agricultura mecanizada y la minería. Una revisión científica advierte que restaurarlas después de alteraciones severas resulta costoso y pocas veces recupera por completo sus funciones.

WRI señala que cerca de la mitad de las praderas del mundo ha sufrido algún grado de degradación. Reconocer sus equivalentes centroamericanos es el primer paso para evitar que su apariencia abierta las vuelva invisibles ante las políticas de conservación.


Fuente: adaptación de Grasslands Are Some of Earth’s Most Underrated Ecosystems, publicado en inglés por el World Resources Institute; Valuing Grasslands, de BirdLife International; evaluación de las sabanas de Belice coordinada por la Universidad de Oxford; y fuentes científicas enlazadas en el texto.

Aviso de transparencia: Esta nota fue generada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y posteriormente revisada, editada y supervisada por periodistas humanos de Viatori.