El evento tiene una probabilidad del 95 % de alcanzar una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre. Para Centroamérica, los modelos anticipan lluvias inferiores a lo normal entre septiembre y noviembre.
El Niño continuó fortaleciéndose durante julio de 2026 y podría alcanzar su mayor intensidad entre octubre y diciembre, según el boletín más reciente del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN).
Los modelos analizados por el organismo prevén condiciones cálidas en el Pacífico ecuatorial con una probabilidad del 100 % durante el trimestre de septiembre a noviembre. Además, calculan una probabilidad del 95 % de que el evento alcance una intensidad “muy fuerte” y del 69 % de que su magnitud supere los registros históricos disponibles desde 1950.
Las condiciones asociadas con El Niño podrían mantenerse hasta el primer trimestre de 2027.
El fortalecimiento ya es visible tanto en el océano como en la atmósfera. Durante julio, la temperatura superficial del mar en distintas zonas del Pacífico ecuatorial registró anomalías de entre 2.5 °C y 5 °C por encima de lo normal. Frente a las costas de Ecuador y Perú, las anomalías superaron los 5 °C, con posibles efectos sobre la productividad marina.
Debajo de la superficie, la llegada de una nueva onda Kelvin —una masa de agua cálida que se desplaza de oeste a este a lo largo del ecuador— elevó la temperatura hasta 8 °C por encima del promedio en los primeros 200 metros del Pacífico oriental. Estas ondas han contribuido a transportar y acumular calor cerca de las costas de América.
Al mismo tiempo, los vientos del oeste se intensificaron en el Pacífico central y se extendieron hacia el occidental. El Índice de Oscilación del Sur, utilizado para observar los cambios atmosféricos asociados con El Niño y La Niña, alcanzó un valor de -18.9 el 15 de agosto. Los valores negativos sostenidos por debajo de -7 son considerados favorables para el desarrollo de El Niño.
La coincidencia de estas señales indica que el calentamiento del océano ya se encuentra acoplado con la atmósfera, una condición necesaria para que el fenómeno se fortalezca y altere los patrones climáticos a mayor escala.

Menos lluvia no significa ausencia de aguaceros
Para Centroamérica, los modelos NMME y ECMWF coinciden en pronosticar precipitaciones inferiores a lo normal entre septiembre y noviembre. Esto no significa que dejará de llover, que las ondas tropicales dejarán de formarse o que toda la región experimentará las mismas condiciones.
El pronóstico describe el acumulado esperado durante tres meses y lo compara con el promedio histórico. Un territorio puede terminar el trimestre con un déficit de precipitación y, aun así, experimentar varios días de lluvias intensas, inundaciones o deslizamientos. La diferencia puede estar en la distribución: periodos secos más prolongados interrumpidos por episodios cortos de precipitación abundante.
Las ondas tropicales —también llamadas ondas del este— continuarán desplazándose desde el Atlántico y el Caribe hacia Centroamérica. Su paso, combinado con el ingreso de humedad desde ambos océanos y las condiciones locales del relieve, puede favorecer tormentas y acumulados importantes en cuestión de horas.
Esta variabilidad ya se observa en Guatemala. Aunque el pronóstico nacional para agosto anticipa déficits de lluvia en buena parte del país, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) calcula acumulados mensuales de entre 150 y 550 milímetros en la Franja Transversal del Norte, el Caribe y gran parte de Petén. Estas regiones se encuentran entre las más lluviosas del territorio, por lo que incluso un mes con precipitaciones por debajo de su promedio puede registrar cantidades considerables de agua.
Durante la semana del 17 al 21 de agosto, el paso de una onda del este y el ingreso de humedad favorecieron lluvias durante la tarde y noche. Para el Caribe y la Franja Transversal del Norte se pronosticaron precipitaciones acompañadas de actividad eléctrica, con riesgo de inundaciones, derrumbes y deslizamientos.
Al 18 de agosto, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres había atendido 1,101 emergencias asociadas con la temporada lluviosa, con 87,389 personas afectadas. Alta Verapaz concentraba 332 incidentes, seguida por el departamento de Guatemala, con 100, e Izabal, con 92. Entre las emergencias se registraron inundaciones, caídas de árboles, fuertes vientos, derrumbes y deslizamientos.
Estos datos no contradicen el pronóstico de un trimestre más seco. Muestran que los promedios regionales no representan de manera uniforme lo que ocurre en cada departamento, cuenca o comunidad.
El escenario puede producir dos riesgos simultáneos: emergencias provocadas por lluvias concentradas en determinados lugares y días, y presión sobre las fuentes de agua, los cultivos y los ecosistemas debido a periodos secos más extensos o a un acumulado estacional menor.
En Sudamérica también se esperan diferencias importantes. Los modelos proyectan lluvias superiores a lo normal en la costa de Ecuador, el sur de Brasil, Paraguay y el centro de Chile. En contraste, Colombia, Venezuela, las Guayanas y otras zonas del norte del continente podrían recibir menos precipitaciones.
También se pronostican temperaturas del aire entre 2 °C y 3 °C por encima de lo normal en amplias zonas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil y Chile.
El CIIFEN publicará una nueva actualización durante la primera quincena de septiembre.
Fuente: Boletín El Niño/La Niña en América Latina, agosto de 2026, Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño; perspectiva climática de agosto del INSIVUMEH; y boletines informativos del 17 y 18 de agosto de 2026 de la CONRED.
Aviso de transparencia: Esta nota fue generada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y posteriormente revisada, editada y supervisada por periodistas humanos de Viatori.
