El ICC prevé que la época lluviosa termine en octubre en buena parte del Pacífico de ambos países. La menor disponibilidad de agua podría afectar el abastecimiento y el riego, mientras Guatemala ya registra una reducción de la generación hidroeléctrica.
La temporada de lluvias podría terminar antes de lo habitual en varias regiones de Guatemala y El Salvador. Según el boletín de septiembre de 2026 del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC), las precipitaciones por debajo de lo normal podrían disminuir el agua disponible en ríos y pozos durante los próximos meses.
Para Guatemala, el documento sitúa el posible cierre de la época lluviosa entre el 13 y el 27 de octubre en el Pacífico, entre el 8 y el 22 de octubre en el Altiplano Central y entre el 7 y el 21 de noviembre en la Bocacosta. En El Salvador, recoge la previsión del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), que ubica ese final durante la segunda quincena de octubre.
El boletín advierte que la menor precipitación podría provocar «reducciones en los caudales de los ríos y en los niveles en los pozos». El pronóstico anticipa una presión sobre las fuentes de agua que abastecen a las comunidades y sostienen actividades productivas.
La presión sobre la electricidad y los cultivos
En Guatemala, la generación hidroeléctrica ya muestra una disminución. El Administrador del Mercado Mayorista (AMM) reportó que en agosto cayó un 25.5 % respecto del mismo mes de 2025, equivalente a 110.20 gigavatios hora menos. Durante ese período aumentó la generación con carbón, búnker y energía solar, y la producción eléctrica total creció un 17.6 %.
Astrid Perdomo, directora ejecutiva de la Asociación de Generadores con Energía Renovable (AGER), vinculó la reducción del aporte hidroeléctrico con la menor disponibilidad de agua en una entrevista a una radio local, que la reducción ocurrió durante los meses en los que las hidroeléctricas suelen aportar más energía. Según indicó, la entrada en operación de grandes plantas solares ha compensado parcialmente la menor generación asociada a la falta de lluvia.
«Cuando no está el agua, entonces se tiene que compensar con otra tecnología, que generalmente van a ser las tecnologías térmicas», afirmó Perdomo. Estas plantas utilizan carbón, búnker o diésel y, según explicó, sus costos están expuestos a las variaciones de los precios de los combustibles. La menor disponibilidad de agua puede, por tanto, cambiar las fuentes con las que se cubre la demanda eléctrica y elevar los costos de generación.

En El Salvador también se registra una reducción del aporte hidroeléctrico. Según el informe estadístico de agosto de la Unidad de Transacciones (UT), las centrales hidroeléctricas inyectaron 59.8 gigavatios hora a la red, un 75 % menos que en agosto de 2025. El documento registra, en contraste, aumentos interanuales en la energía aportada por las categorías térmica, gas natural y solar.
La preocupación salvadoreña también alcanza al abastecimiento y la producción de alimentos. En la declaratoria de alerta roja por sequía meteorológica y agrícola, Protección Civil advirtió que la combinación de déficit de lluvia, períodos secos y altas temperaturas incrementa la vulnerabilidad de la población, «afectando disponibilidad de agua, producción agropecuaria, medios de vida y seguridad alimentaria».
La resolución ordenó vigilar los caudales y las fuentes destinadas al consumo humano y al uso agropecuario, además de identificar signos de estrés hídrico y pérdidas en los cultivos. El documento ya anticipaba la transición hacia la época seca durante la segunda quincena de octubre, el mismo período que recoge el boletín de septiembre del ICC.
La agricultura también enfrenta el déficit de lluvias. El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación de Guatemala informó que mantiene vigilancia del estrés hídrico de los cultivos mediante información satelital. Entre las medidas previstas figuran ajustar las siembras a los pronósticos, conservar suelo y agua, implementar riego y utilizar variedades tolerantes al déficit hídrico.
El riego, a su vez, requiere conocer y coordinar el agua disponible. En su informe de monitoreo de los ríos de la costa sur de 2026, el ICC reúne mediciones realizadas entre enero y mayo en 12 cuencas. La institución señala que esta información permite apoyar el uso racional de los ríos y verificar los resultados de su gestión. Es un antecedente para comprender la importancia del monitoreo, aunque corresponde a un período anterior al pronóstico de septiembre.

Los efectos dentro del río
Los caudales bajos también pueden modificar las condiciones que sostienen la vida acuática. Una revisión científica publicada en Freshwater Science explica que pueden reducir el hábitat de peces e invertebrados, desconectar sus refugios y alterar la calidad del agua. Suelen asociarse con menor oxígeno disuelto y temperaturas más altas, aunque los efectos dependen de la duración de la reducción y de las características de cada río.
Estos mecanismos explican los riesgos ambientales de una disminución prolongada del flujo; el estudio no evalúa daños ocurridos en Guatemala o El Salvador durante 2026.
Para los próximos meses, el boletín del ICC prevé que las lluvias continúen por debajo de lo normal en la vertiente del Pacífico bajo condiciones de El Niño. El documento anticipa una posible reducción del agua disponible, pero no cuantifica cuánto podrían bajar los caudales ni las pérdidas productivas que podrían derivarse de esa disminución.
Aviso de transparencia: Esta nota fue generada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y posteriormente revisada, editada y supervisada por periodistas humanos de Viatori.
