Tras una reevaluación taxonómica, la Sociedad Americana de Ornitología (AOS) dividió Momotus mexicanus en dos especies y considera que M. castaneiceps es la primera ave endémica viva de Guatemala.
En el suplemento número 67 de la lista de aves de Norteamérica de la AOS, el motmot de corona castaña (Momotus castaneiceps) fue reconocido como una especie distinta del motmot mexicano (M. mexicanus). La nueva especie se encuentra únicamente en los bosques secos del valle del río Motagua.
De acuerdo con el comunicado emitido el 20 de octubre por la AOS, la división de las especies se basó en las investigaciones de Roselvy Juárez y Pam Rasmussen, quienes analizaron cientos de registros fotográficos y grabaciones de audio contenidos en bibliotecas digitales como la librería Macaulay y Xeno-canto.
La comparación entre ambas especies reveló diferencias significativas en el plumaje, las medidas corporales, los patrones visuales y el canto. Con el plumaje, por ejemplo, los investigadores analizaron 161 imágenes de castaneiceps y más de 2 mil fotografías de M. mexicanus y concluyeron que las diferencias son significativas: la zona entre el ojo y el pico es totalmente negra y uniforme; la mancha debajo de sus ojos tiene un borde blanco verdoso en lugar de azul; y la parte superior de su cabeza luciría un castaño mucho más oscuro y brillante, en contraste con los tonos canela de su pariente más cercano.

Además, los registros analizados revelaron que el ave guatemalteca es más grande y tiene alas más largas. En promedio, mide 36,4 centímetros de la cabeza a la cola, frente a los 34 centímetros registrados en los individuos de las poblaciones mexicanas.
En cuanto a las vocalizaciones, los investigadores describen los sonidos como «un ulular corto, arrastrado y grave, emitido a intervalos de 2 a 6 segundos, a veces en breves duetos rítmicos». Las diferencias estarían en la frecuencia con la que ambas se comunican. En comparación con la especie mexicana, «el llamado del motmot de corona castaña es más grave, breve y pausado, mientras que la variante mexicana emite un canto de 7 u 8 notas rápidas que le da un tono más vibrante y rasposo; la especie guatemalteca canta con solo 3 o 4 notas más largas y limpias».
En general, aunque aún no existen análisis genéticos exhaustivos dedicados a la población guatemalteca, varias entidades internacionales de conservación, como BirdLife International, ya se enfocaban en la evidencia visual como prueba definitiva para justificar la separación de especies.
La importancia del bosque seco
Aunque es visto como un paisaje vacío por su apariencia árida, lo cierto es que el bosque seco es un ecosistema que alberga una importante diversidad biológica. Además del motmot de corona castaña, el Valle del Motagua es hogar del emblemático Heloderma charlesbogerti, también conocido como lagarto escorpión o niño dormido, una especie que, como el ave, solo se encuentra en esta región guatemalteca.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) señala que quedan menos de 26 mil hectáreas de hábitat natural y que solo unas 17.500 de ellas mantienen suficiente conectividad. En ese contexto, el CONAP identifica al Parque Regional Municipal Niño Dormido como un área clave para conservar la diversidad local y el hábitat de esta especie.

¿La primera ave endémica de Guatemala?
Si bien la AOS calificó al motmot de corona castaña como «su primera especie de ave endémica», no es del todo cierto. Declarado extinto en 1989, el pato poc (Podilymbus gigas) era, hasta ahora, la única especie de ave considerada endémica de Guatemala.
Su declive comenzó tras la introducción de dos especies de lobina en el lago de Atitlán, entre 1958 y 1960: la de boca chica y la de boca grande. Estos peces redujeron las poblaciones de peces pequeños y de cangrejos de los que se alimentaba el pato poc, y también depredaron sus polluelos. Las estimaciones varían: hacia 1960 se calculaban entre 200 y 300 individuos, pero para 1965 quedaban cerca de 80.
Los esfuerzos de la conservacionista Anne LaBastille permitieron establecer un refugio en 1966 y la población se recuperó hasta alcanzar entre 210 y 232 aves a mediados de los años setenta. Sin embargo, el terremoto de 1976 fracturó el lecho del lago y abrió un drenaje submarino que hizo descender el nivel del agua y afectó su hábitat de anidación. Para 1983 quedaban alrededor de 30 aves, la mayoría híbridas con el zampullín de pico grueso (Podilymbus podiceps). Los dos últimos ejemplares fueron avistados en 1989.
Aviso de transparencia: Para adaptar los datos morfométricos y taxonómicos del estudio original de la AOS a un lenguaje más accesible, se utilizaron herramientas de IA como asistentes de redacción. Todo el contenido ha sido verificado y editado por el autor.
