«La acuicultura se está convirtiendo en un importante motor de crecimiento en el mundo», dijo Manuel Barange, director de la División de Pesca y Acuicultura de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), durante la presentación del Reporte 2026 del Estado de las Pesquerías y Acuicultura.
La comida proveniente del océano, dijo Barange, comienza a incrementar su rol en la seguridad alimentaria y la nutrición en todo el mundo. Su consumo, que alcanza un promedio mundial de 21,3 kilogramos por persona al año, crece a un ritmo que duplica el de la población mundial. «Piénsenlo. Duplicar la tasa de crecimiento demográfico significa que estamos contribuyendo netamente a mejorar la nutrición mediante el uso de alimentos acuáticos», añadió.
Desde el año 2000, la producción de animales acuáticos en acuicultura ha crecido a una tasa promedio del 4.9% anual, sin embargo, ese crecimiento es «muy diferente» entre regiones, ya que depende de los niveles de desarrollo, inversión y capacidad de los países.
La producción global de pesca y acuicultura alcanzó un récord de 235 millones de toneladas en 2024, lo que representa un incremento del 5,2% respecto a 2022. Alrededor del 67% de la cantidad total se obtuvo de aguas marinas (51% de la pesca extractiva y 49% de la acuicultura) y el 33% de aguas continentales (16% de la pesca extractiva y 84% de la acuicultura). Los países asiáticos produjeron el 76% del total, seguidos de América Latina y el Caribe (8%) y del resto de regiones del planeta.
Aunque Asia es la clara dominadora en la producción global, Barange matizó que tanto en América Latina y el Caribe como en África “se han observado tasas de crecimiento por encima del promedio». En la región se registró una producción total de 17,7 millones de toneladas de pesca y acuicultura. Tanto Chile como Ecuador figuran entre los principales exportadores globales de productos acuáticos, mientras que el avance de las economías de Centroamérica es lento debido a una menor inversión y cadenas de valor menos consolidadas.
Pesca artesanal versus acuicultura
La construcción de una economía azul, dijo Barange, depende, además de inversión, de la creación e implementación de marcos legales claros y el desarrollo de capacidades de inserción en los mercados internacionales. “La acuicultura es un negocio”, advirtió. “Se necesita una cadena de valor que permita saber qué hacer con el producto, dónde venderlo y cómo comerciarlo”.
Esta realidad contrasta con la que viven muchos países de la región, donde la pesca artesanal continúa siendo la base de sustento para las comunidades costeras y, en su gran mayoría, carecen de los recursos técnicos y financieros para desarrollar capacidades de transformación industrial, así como para acceder a mercados de alto valor.

La expansión del sector pesquero y acuícola ocurre, sin embargo, sobre un sistema que ya muestra señales claras de tensión. La FAO estima que cerca de cuatro de cada diez poblaciones de peces evaluadas a nivel global están sobreexplotadas, lo que significa que los niveles de extracción superan su capacidad de recuperación. Aunque en términos de volumen la mayoría de las capturas todavía proviene de stocks considerados sostenibles, la tendencia apunta a un deterioro progresivo de los recursos marinos.
Barange atribuye esta tendencia menos a la falta de recursos que a una brecha persistente en la gobernanza: la sostenibilidad no depende únicamente de cuántos peces hay en el océano, sino de la capacidad de los Estados para regular, monitorear y hacer cumplir las reglas de extracción. Allí donde esos sistemas son débiles, advierte, la sobreexplotación avanza más rápido que las medidas de control.
Esa misma tensión se observa en el caso de Centroamérica. De acuerdo con la Política de Integración de Pesca y Acuicultura del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), la región ha avanzado en la creación de marcos comunes, registros regionales y herramientas de trazabilidad como el SIRPAC, orientados a fortalecer la gestión del sector. Sin embargo, la implementación sigue siendo desigual entre países y depende en gran medida de la capacidad institucional de cada Estado para convertir esos marcos en una vigilancia efectiva sobre el terreno.
Barange señaló que la sostenibilidad del sector pesquero y acuícola depende en gran medida de la capacidad de los Estados para implementar sistemas eficaces de regulación, monitoreo y control. “La sostenibilidad de la pesca no depende únicamente de cuántos recursos hay en el océano, sino también de cómo se regulan, monitorean y controlan las actividades extractivas”, afirmó durante la presentación del informe. En su análisis, los niveles de explotación tienden a mantenerse dentro de márgenes de sostenibilidad en contextos donde estos mecanismos están más desarrollados, mientras que en aquellos donde son más débiles, la presión sobre los recursos marinos avanza más rápido que las medidas de gestión.
Esta historia se elaboró en el marco del programa de becas de la Conferencia Nuestro Océano 2026, organizado por la Red de Periodismo Ambiental de Internews.
