El bienestar humano depende del bienestar natural

Historia por: Jorge Rodríguez Fotografía por: Jorge Rodríguez Mar 7, Abr 2020

Es probable que nos hayamos cansado de escuchar acerca del impacto que las actividades humanas tienen sobre los medios naturales. Sin embargo, científicos, ambientalistas, conservacionistas y hasta políticos mundiales han coincido en mencionar que la humanidad debe de actuar pronto, y así evitar grandes tragedias en el futuro.

Un caso evidente de ese futuro distópico para la humanidad, escenario tan utilizado por la industria del entretenimiento, es la pandemia del COVID-19, que a la fecha, ha afectado a 183 países del planeta.

Expertos de todo el mundo han debatido por años que los peligros de la destrucción de áreas naturales, la reducción de la biodiversidad y el contacto de especies silvestres con los humanos conlleva. Y el COVID-19 podría ser uno de ellos.

Árboles para la salud

El pinabete es una de las especies de árboles que habitan dentro de la Reserva Natural. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

No hay un elemento más representativo de la vida natural que los árboles. Suelen ser la base de diferentes ecosistemas, que dan cobijo, alimento y protección a miles y miles de especies en todo el mundo.

Son los árboles y bosques, quienes nos ayudan a ver cómo el mundo es muy diferente sin su presencia. «Se ve a los bosques como artículos de lujo, pero en realidad son esenciales para mejorar la salud de las personas», dijo Robert McDonald, autor del informe “Funding trees for health.

Como la gran mayoría de lo que sucede en las sociedades modernas, esto debe de ser un esfuerzo multisectorial, «ya que el sector forestal debería de colaborar directamente con el sector de salud pública y crear soluciones beneficiosas para las poblaciones urbanas».

Los árboles, y otros elementos naturales, ayudan a regular la cantidad y calidad del agua, especialmente en zonas urbanas. Además, ayudan a refescar y limpiar el aire que respiramos. En las ciudades permiten que el precio de las propiedades aumente y proveen de belleza visual a las calles.

Según TNC Méxicoun solo árbol absorbe unos 28 kg de CO2 al año. Pará ponerlo en perspectiva, solamente mediante la respiración, una persona produce unos 900 gramos de CO2 al día, lo que multiplicado por el total de la población mundial, arroja una producción de dióxido de carbono de más de 2 mil millones de toneladas anualmente.

Recuperar las zonas boscosas debería de ser una prioridad mundial, no solo en forma de plantaciones agroforestales, que solamente sirven un propósito específico, sino también la recuperación natural de zonas degradadas, que permiten la revitalización de diferentes ecosistemas esenciales para la diversidad biológica.

Réditos vs conveniencias

Foto: FAO

Cambiar el modelo económico mundial en el corto plazo, parece un sueño muy lejano. Se estima que solamente unas 100 compañías a nivel mundial, son las responsables del 80% de la producción de gases de efecto invernadero (CO2).

Esto pasa por la reducción de las áreas boscosas, para la creación de plantaciones agroindustriales y monocultivos, así como la sobrepesca, contaminación de fuentes de agua a consecuencia de la minería y otras actividades extractivas.

Por ello, las autoridades y políticos del mundo deberían de considerar y potenciar el lado económico de un modelo de desarrollo ambiental integral. “no podemos hablar de conservación si no se hace participe a la población de las medidas que se toman”, dijo María José Hernández, bióloga guatemalteca.

Añadió que para los investigadores “es fácil sugerir que no se toque una zona durante 20 o 30 años, hacer mediciones y sentirnos orgullosos por lo bonito que está creciendo el bosque. Sin embargo, para la gente es un terreno de tierra que no les está generando beneficio para subsisitr. Por ello, hay que ayudar a generar programas sostenibles que les permita obtener beneficios de la conservación”, añade.

Además, los bosques permiten la reducción en los niveles de estrés de las personas. En un estudio publicado en Enviroment and behavior, hecho por las universidades de Illinois (USA) y de Hong Kong, se comprobó que caminar en un bosque reduce considerablemente la cantidad de estrés en las personas.

120 personas con síntomas de depresión y estrés fueron sometidos a ambientes con cobertura boscosa. “En el nivel más bajo de densidad de árboles (2%), el 41% de los participantes informaron un efecto calmante. A medida que la densidad de la cobertura arbórea aumentó al 36%, más del 90% de los participantes informaron una experiencia de recuperación del estrés»

Con todo, es evidente que la naturaleza es clave para la salud humana.

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