Despiertos desde tempranas horas de la madrugada, equipados con un par de binoculares, un telescopio, el teléfono celular y una guía impresa de aves, y acompañados por la excitación de poder ver a una especie de ave en particular. Los pajareros, o birders, son un tipo de personas que abogan por la conservación, a través de una actividad de bajo impacto en las zonas naturales que visitan.
Y los hay de tantos tipos diferentes como especies de aves que habitan en el planeta. Están aquellos que solo disfrutan de formar parte de un grupo. Otros, estudiantes de biología, o alguna carrera similar, que están buscando su verdadera vocación, o aquellos quienes ya decidieron, y no ven una vida alejada de las aves y sus entornos naturales. Los fotógrafos, quienes se esfuerzan por tener la mejor foto.
Están aquellos otros, que en si mismos son una suma de todos los tipos, y que su fin último es el de compartir conocimientos a los nuevos pajareros o también aquellos que simplemente quieren pasar su tiempo en busca de las aves más raras del mundo.
Porque ser pajarero, una actividad que nació en países ricos, practicada por personas en situación de retiro, no es una cuestión de edad, ni de estudios o nacionalidad. Ser pajarero es una pasión en su máxima expresión.
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Mucho campo por explorar

El calentamiento global y el cambio climático son dos razones por las que el avistamiento de aves se ha propagado en todo el mundo. La universidad de Cornell, en Estados Unidos, junto con otras organizaciones y entidades privadas y no gubernamentales, así como programas estatales, han ayudado a que esta práctica se popularice en todo el mundo. Desde hace 5 años, se lleva a cabo el Global Big Day, que se celebra dos veces al año, en el que pajareros de todo el mundo se reúnen para contar todas las especies de aves que puedan registrar en 24 horas.
«Las aves, a diferencia de otra vida silvestre, como mamíferos o la vida marina, son fáciles de ver. Hay mucha información, guías y están por todos lados. Creo que eso es lo que atrae a la gente», dice Diana Eusse, bióloga colombiana que trabaja en un programa de monitoreo de aves playeras de las Américas.
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Todos esos esfuerzos han permitido crear una base de datos actualizada, que sirve a científicos e investigadores a determinar el comportamiento de las aves, la reducción de sus hábitats y el impacto que el cambio climático tiene en su comportamiento, sus medidas y en su adaptación a las condiciones climáticas actuales.
Gran responsabilidad

Otro de los grandes resultados que los pajareros han obtenido con sus acciones, ha sido el de apreciar el impacto que las actividades humanas tienen sobre las áreas naturales, esenciales para las aves y la vida silvestre. «Hemos visto mucha degradación y muchos problemas en los hábitats de las aves», dice Varinia Sagastume, bióloga e investigadora guatemalteca, que ha dedicado el último año de su vida a monitorear a las aves playeras del Pacífico de Guatemala. «Tenemos que tomar conciencia de que es un trabajo en conjunto, ya que de nada sirve que otros países se esfuercen por conservar a sus aves, si nosotros no hacemos lo mismo», añade.
Esa responsabilidad toma mayor relevancia, ya que el concepto de conservación actual ha girado en torno a una labor en conjunto de parte de los científicos y las comunidades en las que trabajan. «Es una oportunidad para unir a la ciencia y al trabajo comunitario», dice Bianca Bosarreyes, bióloga guatemalteca.
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Esta unión de información, permite que tanto científicos, como las comunidades, planteen estrategias personalizadas de conservación, «que ayude a proteger al hábitat de las aves (y otro tipo de vida silvestre)» así como generar oportunidades de desarrollo para las personas que dependen de los recursos naturales, según comenta Eusse. «Para mí las aves son una oportunidad para acercarme a la gente, generar conocimiento, escuchar historias y tener una excusa para hacer conservación», agrega la bióloga colombiana.
Contrario a lo que pareciera, ser un observador de aves es un trabajo agotador. A diferencia de un viajero tradicional, el interés de los pajareros no es observar atardeceres o paisajes impresionantes. Su motivación pasa por conocer los ecosistemas en los que las aves se mueven, las condiciones en las que viven y se desarrollan y monitorear a las diferentes especies para recolectar data. «No siempre es cómodo, pero tener la oportunidad de poder estar en lugares como este (zonas naturales) y observar a las aves hace que todo valga la pena», cuenta Myrna Galindo, estudiante de biología de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Al final del día, escuchar a una parvada de aves emprender el vuelo hacia sus lugares de descanso, revisar el listado de las especies observadas y saber que todo el esfuerzo por aprender y estudiar su comportamiento se traducirá en data para la creación de estrategias de conservación es algo que los pajareros no cambiarían por nada.

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