Originaria de Quiché, pero radicada en San Juan La Laguna, Esmeralda Pojoy trabaja junto con su comunidad para mantener vivos los valores culturales de su localidad, así como brindar herramientas de esparcimiento para los pobladores de esta zona del Lago de Atitlán.
Fortalecer los valores culturales mayas tz’utujiles y morales de la comunidad y crear un espíritu de investigación y descubrimiento en los usuarios son dos de los objetivos principales de la Biblioteca comunitaria “Rija’tzuul Na’ooj”, un espacio cultural ubicado en el centro de San Juan, que es alimentado por la propia comunidad. «Nuestro principal enfoque es resguardar la sabiduría del pueblo», dice Esmeralda.
Esmeralda reside en San Juan La Laguna gracias a que en este lugar encontró la estabilidad de pareja. Junto a su esposo y sus hijos, manejan el alojamiento sostenible, Casa Maya, en donde los visitantes tienen la oportunidad de convivir con ellos, conocer sus costumbres, sus tradiciones y probar algunos de los platillos más tradicionales de la cultura Maya Tzu’tujil.
Este proyecto fue uno de los galardonados por el programa Impulsa, que promueve el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), junto con el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), y otras entidades públicas y privadas.
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Sudor y trabajo comunitario

La idea de la biblioteca surgió en la década de los 2000’s. La mayoría de los niños y niñas de San Juan, no tenían un espacio adecuado para realizar sus tareas e investigaciones escolares. Por ello, los maestros, junto con las autoridades municipales y el apoyo de los habitantes del pueblo hicieron posible la construcción de ese espacio. «Como decimos, acá está el sudor y el trabajo de toda la comunidad», cuenta Esmeralda.
En la actualidad, cuentan con diferentes programas, cuyo objetivo es el de promover la identidad maya tzu’tujil. Los niños y niñas pueden ser parte de actividades de estimulación de lectura infantil, a través del programa Aula Mágica. También aprenden acerca del Pixab (consejo del abuelo), en el que «un abuelo» acude a la biblioteca para contar «historias, consejos y leyendas del pueblo», con el fin de alimentar la identidad cultural de los niños y niñas.
Las niñas aprenden a elaborar textiles, tradicionales e importantes para las mujeres mayas, a partir de la «hoja de ixote», así como en el urdidor. «Ellas aprenden todo el proceso desde el hilado», añade Esmeralda.
Trabajo voluntario

Cualquier iniciativa, por muy loable que sea, requiere de recursos para poder mantenerse en funcionamiento. En el caso de la biblioteca, esta funciona «gracias al apoyo de voluntarios locales», así como la participación de la Municipalidad de San Juan, que «aporta bibliotecarios municipales», quienes ayudan al desarrollo de los diferentes programas que ahí se llevan a cabo.
«Muchas personas donan su tiempo y son ellos quienes sostienen los diferentes programas», dice Esmeralda. Otra fuente de financiamiento que han creado, es a través del centro de negocios Naoj, una iniciativa que nació de la misma biblioteca. «Lo que hacemos es apoyar la formación de los emprendedores quienes luego de montar sus negocios y/o emprendimientos, donan una pequeña parte de sus ganancias, que nos permite seguir la formación de nuevas personas», añade.
Lo más impresionante de esta iniciativa, es que el beneficio es circular. En sus inicios, debido a la falta de acceso a estudios universitarios, la biblioteca hacía las veces de Universidad para aquellas personas deseosas de obtener mayores conocimientos. Ahora, según Esmeralda, los comunitarios que sí lograron cursar estudios superiores, ahora fungen como voluntarios, para apoyar en la formación del resto de los pobladores de San Juan.
«Hay quienes necesitan saber cómo llevar una contabilidad en sus negocios, hacer gestiones en la SAT (Superintendencia de Administración Tributaria). La comunidad se beneficia (con esta iniciativa) formándose», dice Esmeralda.
«Formamos en identidad, en contabilidad, en liderazgo. La idea es que las personas amplíen su visión, logren superarse, superar a sus familias, lo que se traduce en un mayor crecimiento de la comunidad», concluye.
San Juan La Laguna es conocido por su potencial turístico, el cual es promovido por el INGUAT, por lo que sus pobladores son conscientes que deben de formarse y prepararse, no solo para ofrecer un mejor producto a los visitantes, sino también para mantener firme su identidad cultural y así evitar la alienación de la que sufren otros destinos debido al aumento en la afluencia de visitantes ajenos a la cultura Maya Tzu’tujil de la localidad.
*este artículo fue posible gracias al apoyo de INGUAT
