Mantarrayas cruzan fronteras en Centroamérica: científicos proponen protección transnacional de sus rutas en el océano
Buzo disfrutando de la presencia de la manta. A su lado, se puede dimensionar la grandeza de estos individuos. Foto: cortesía Benjamín Valenzuela.

Mantarrayas cruzan fronteras en Centroamérica: científicos proponen protección transnacional de sus rutas en el océano

  • Una nueva investigación sobre las mantarrayas gigantes (Mobula birostris) en Costa Rica ofrece una primera línea de base sobre los movimientos de esta especie en Centroamérica.
  • Nueve de las 12 mantarrayas monitoreadas por satélite realizaron desplazamientos transfronterizos, hacia aguas de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, además de zonas internacionales.
  • Sin embargo, dos ejemplares jóvenes mostraron un patrón distinto al de los adultos: permanecieron en aguas costeras de Costa Rica o cerca de sus límites marítimos, en zonas que podrían ser importantes para su desarrollo.
  • Para los autores, ampliar el monitoreo y compartir información entre países será fundamental para entender mejor esos recorridos y avanzar hacia una conservación que no se detenga en las fronteras nacionales.

Por Astrid Arellano

En las fotografías, Mickey Mouse es inconfundible. Las manchas negras en el vientre de esta mantarraya gigante (Mobula birostris) dibujan una silueta que recuerda al famoso personaje de Disney. Para los investigadores de Mantas Costa Rica, sin embargo, este ejemplar adulto es mucho más que una curiosidad: seguir sus movimientos les ha permitido conocer mejor los lugares que frecuenta esta especie en el Pacífico centroamericano.

“Es una manta que interactúa más que otras y eso nos ha permitido trabajar tanto tiempo con él”, explica a Mongabay Latam Jeffry Madrigal Mesén, director de Mantas Costa Rica. “Lo interesante de Mickey Mouse es que nos permite entender el nivel de fidelidad y de visitación que tienen estos animales a ciertos sitios”.

Mantas - Costa Rica
Este es el patrón de manchas en el vientre que permite identificar a Mickey Mouse. Foto: cortesía Jeffry Madrigal

El equipo identificó a este ejemplar en el Pacífico sur de Costa Rica y lo siguió mediante tres tecnologías: seguimiento acústico, transmisores satelitales e identificación fotográfica, por lo que el individuo fue identificado como “Triple Crown” o triple corona. En 2020, un transmisor acústico registró 462 detecciones suyas: 459 en El Secreto y tres en la Isla Cabo Blanco. Tres años después, durante 38.5 días de seguimiento satelital, los investigadores obtuvieron 161 posiciones que mostraron sus desplazamientos dentro de esa misma zona costera general.

El caso de Mickey Mouse forma parte de una investigación más amplia, publicada en octubre de 2026 en la revista Frontiers in Fish Science, que documentó distintos patrones de movimiento de las mantarrayas gigantes en el Pacífico centroamericano.

Los resultados muestran diferencias según la etapa de desarrollo: nueve de las 12 mantarrayas adultas monitoreadas con transmisores satelitales realizaron desplazamientos de larga distancia y cruzaron fronteras marítimas. A la vez, casos como el de Mickey Mouse mostraron que también hay mantarrayas adultas que mantienen una estrecha relación con determinados sitios. Sin embargo, los ejemplares jóvenes seguidos por esta misma tecnología permanecieron en aguas costeras de Costa Rica o cerca de sus límites marítimos.

Mantas - Costa Rica
Las mantas pasan por las estaciones de limpieza repetidas veces, los peces van quedando como estelas a su paso. Foto: cortesía Benjamín Valenzuela

A partir de este último patrón, los autores plantean que las zonas costeras podrían cumplir una función importante durante las primeras etapas de vida de las mantarrayas. Al ser aguas poco profundas y contar con hábitats más estructurados, podrían ofrecer oportunidades para alimentarse y reducir la exposición de los ejemplares jóvenes a depredadores de mar abierto, como grandes tiburones y orcas.

“Son sitios donde hay estaciones de limpieza, donde tienen un poco más de protección contra depredadores que las pueden atacar”, describe Madrigal-Mesén sobre estos hábitats cercanos a la costa donde peces limpiadores eliminan ectoparásitos, tejido necrótico y mucosidad a las mantas, proporcionándoles servicios higiénicos esenciales. “En el caso de las mantas, una de sus formas de protección es su [gran] tamaño, pero los individuos que vimos en esta zona son animales que tienen apenas entre tres y tres metros y medio”.

Mantas - Costa Rica
Estación de limpieza de más de 15 individuos que se encargan de remover piel muerta y parásitos de la mantarraya. Fotos: cortesía Benjamín Valenzuela

Las mantarrayas gigantes pueden alcanzar hasta ocho metros de longitud, con un disco de siete metros de ancho, y pesar hasta dos toneladas. Al llegar a la edad adulta, alrededor de los ocho a diez años, su gran tamaño limita el número de depredadores naturales que pueden amenazarlas. Los ejemplares jóvenes, en cambio, todavía no cuentan con esa ventaja.

Los especialistas señalan que, debido a su capacidad de desplazamiento, la conservación de esta especie catalogada en peligro de extinción requiere mirar más allá de las áreas protegidas y de las fronteras nacionales. Su propuesta apunta a establecer corredores transnacionales de conservación —denominados conservation swimways, en inglés— para protegerlas a lo largo de Centroamérica.

“Una vez que estos animales abandonan las estaciones de limpieza en Costa Rica, están en cero sitios de protección”, advierte Madrigal Mesén. “Se suman muchos peligros, como la pesca y el alto tránsito de buques cargueros que van de Panamá hacia Estados Unidos o hacia China”.

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Presencia de una manta cerca de uno de los islotes en Islas Catalinas, uno de sitios monitoreados en Guanacaste. Foto: cortesía Benjamín Valenzuela

Tres herramientas para seguir a las mantarrayas

Cuando Jeffry Madrigal Mesén comenzó a trabajar con mantarrayas en Costa Rica, en 2017, todavía había muchas preguntas sobre sus movimientos. Entre ellas, si los animales llegaban al país durante una temporada específica o si viajaban hacia otras regiones del océano Pacífico.

“El primero de estos mitos urbanos era que en Costa Rica existía una ‘temporada de mantas’”, cuenta Madrigal Mesén. “También se decía que las mantas viajaban al otro lado del Pacífico y se iban a Indonesia. Nosotros nos dimos a la tarea de entender los movimientos de estos animales”.

Para responder las interrogantes, el equipo comenzó a utilizar transmisores acústicos y fotografías para reconocer a cada ejemplar. Más adelante incorporó el seguimiento satelital. La combinación permitió observar distintos aspectos de sus desplazamientos: desde la presencia de un animal en un sitio particular hasta los recorridos que realiza entre países.

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Se puede observar la marca satelital (en forma de torpedo) flotando sujetada por un cable de acero. Foto: cortesía Jeffry Madrigal

“Sobre la ‘temporada de mantas’, más bien, Costa Rica tiene un pico de avistamientos. Es decir, empezamos a cambiar el lenguaje, porque gracias al programa de ciencia ciudadana —que se basa en reportes de buzos aficionados, dive masters o centros de buceo— pudimos darnos cuenta de que en realidad se veían mantas a lo largo del año. No con tanta frecuencia, pero sí hubo avistamientos en los distintos sitios que monitoreamos”.

La telemetría acústica funciona mediante pequeños transmisores colocados en las mantarrayas y receptores instalados bajo el agua. Cuando un ejemplar marcado se acerca a uno de esos dispositivos, este registra su presencia. El sistema permite saber cuándo una mantarraya visita determinados puntos, pero no permite seguirla si sale del alcance de los receptores.

Los transmisores satelitales, en cambio, permiten reconstruir desplazamientos a mayor escala. Las posiciones que transmiten los dispositivos ayudan a conocer hacia dónde se mueve un animal y qué distancias recorre. La identificación fotográfica complementa ambas herramientas: las manchas del vientre de cada mantarraya forman patrones únicos —como huellas digitales— que permiten reconocerla en imágenes tomadas en diferentes momentos y lugares.

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Manta nadando tranquilamente. Foto: cortesía Jeffry Madrigal

Las mantarrayas gigantes enfrentan distintas amenazas a lo largo de sus desplazamientos. El estudio advierte que en los sitios de agregación -donde se reúnen las mantas- cercanos a la costa, el tráfico de embarcaciones y las actividades turísticas pueden provocar colisiones que dejan heridas graves o incluso causan la muerte de los ejemplares. De hecho, hasta el 32 % de los individuos presenta heridas graves provocadas por hélices o cicatrices causadas por artes de pesca. En mar abierto, cuando salen de las áreas protegidas, también quedan expuestas a la captura incidental en redes de pesca atunera y artesanal, como las redes de enmalle y los palangres que operan en las rutas migratorias de Centroamérica.

“Sabemos que esta investigación es nueva y que apenas salió, pero podría utilizarse como una evidencia más de la importancia que tienen estas zonas y que tienen que ser protegidas”, explica Martin Silva. “Tenemos bastante evidencia: por ejemplo, el primer registro de una de las mantas juveniles que menciona el estudio —Machillo—, donde se ve súper sano y, a las pocas semanas, se le ve un corte en toda la punta de la aleta. Es un corte súper limpio y creemos que probablemente fue una embarcación, porque sucedió en un año que hubo mucha actividad turística porque todo el mundo quería ir a verlas”.

También tienen reportes de amputaciones de todo tipo, como lóbulos cefálicos quebrados o amputados e incluso, el año pasado, recibieron una fotografía de una manta con un arpón pegado en el lóbulo. También, a nivel de redes de pesca, han documento la presencia de marcas en la piel. “Todos eso se puede observar mediante las fotos y los videos”, agrega la especialista.

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En esta foto se observa la punta de la aleta izquierda de Machillo, una de las mantas juveniles del artículo científico, en óptimas condiciones. Foto: cortesía Carolina Martín

Entre 2018 y 2025, los investigadores colocaron transmisores acústicos a 59 mantarrayas gigantes. De ese trabajo obtuvieron 12 029 detecciones válidas de 42 individuos que pudieron incorporarse al análisis espacial. Además, siguieron mediante satélite a 12 ejemplares con información utilizable.

Las fotografías también permitieron conectar registros de distintos sitios. A través de la identificación de individuos, los investigadores documentaron 43 desplazamientos entre lugares separados por distancias considerables, incluidos recorridos entre Cabo Blanco y las islas Catalinas, así como conexiones con la isla del Caño y el archipiélago Murciélago.

“Por medio de la fotoidentificación y los reportes que recibimos de buzos y centros de buceo, es que podemos ver que estos individuos siguen ahí”, explica Carolina Martín Rivas, encargada de los programas de ciencia ciudadana e identificación fotográfica de Mantas Costa Rica y coautora del estudio. “A veces las marcas satelitales dan señal, pero lastimosamente es muy corta. Sin embargo, gracias a las fotos es que podemos afirmar que ellas están y siguen ahí”.

Mantas - Costa Rica
Machillo es un macho inmaduro que fue marcado con satélite. La punta de su aleta está amputada; es un corte muy fino y preciso, probablemente causado por alguna propela de barco. La diferencia de tiempo entre esta foto y la anterior es de alrededor de ocho semanas. El corte se observa perfectamente cicatrizado. Foto: cortesía Carolina Martín

Movimientos que atraviesan varios países

Uno de los resultados más relevantes apareció al analizar las posiciones obtenidas mediante seguimiento satelital. Nueve de los 12 individuos estudiados —el 75 %— realizaron desplazamientos que salieron de la zona económica exclusiva de Costa Rica y alcanzaron aguas de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, además de zonas internacionales.

Los recorridos muestran que las mantarrayas gigantes utilizan un espacio marino que no coincide con las fronteras políticas trazadas por los países. Algunos ejemplares recorrieron miles de kilómetros durante sus periodos de seguimiento. En conjunto, los desplazamientos acumulados de los individuos seguidos por satélite sumaron 21 815 kilómetros.

Para Martín Rivas, uno de los resultados que más llamó la atención fue descubrir que los animales se desplazaban hacia el norte, en lugar de dirigirse hacia Ecuador, al sur, como el equipo había supuesto inicialmente.

“Eso se trajo un montón de hipótesis abajo porque vimos realmente que nuestras mantas se iban al norte”, explica la especialista. “Por cercanía, era más fácil pensar que se estaban yendo un poco al sur y que tal vez visitaban las costas de allá, en Ecuador, pero con la tecnología nos dimos cuenta de que era completamente lo opuesto”.

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Buzo disfrutando de la presencia de la manta. Se puede dimensionar la grandeza de estos individuos. Foto: cortesía Benjamín Valenzuela

Los investigadores también consideran posible que exista una población de mantarrayas gigantes en Centroamérica. Sin embargo, aclaró que actualmente están trabajando en estudios genéticos para determinar si los ejemplares de la región forman una población diferenciada o si están conectados con otras poblaciones del Pacífico.

“Desde que nosotros arrancamos este proyecto tuvimos una hipótesis tras otra y fue muy sorprendente entender que estos animales se mantienen en Centroamérica”, agrega Madrigal Mesén. “Creemos que en Costa Rica y en Centroamérica tenemos una población de mantas, así como existe la población más grande del mundo en Ecuador y la segunda más grande en México. El estudio genético nos dirá si existen estas tres poblaciones o si están interconectadas”.

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Los peces limpiadores brindando sus servicios a una manta en la estación de limpieza. Foto: cortesía Benjamín Valenzuela

Edgar Mauricio Hoyos Padilla, director de la organización mexicana Pelagios Kakunjá y especialista en manejo de recursos marinos, quien no participó en el estudio, considera que esos desplazamientos de larga distancia son posibles por la movilidad de estos animales.

“Las mantas son animales altamente migratorios y ellas no respetan las fronteras hechas por los seres humanos”, señala Hoyos Padilla. Para el investigador, conocer sus recorridos es importante porque las mantarrayas pueden utilizar distintos sitios a lo largo de su vida y desplazarse entre áreas que pertenecen a diferentes países.

“Los animales migran por tres cosas importantes: alimentación, reproducción o por factores ambientales”, explica Hoyos. “Por ejemplo, ahora estamos viendo que en el Pacífico está el evento de El Niño: el agua está sumamente caliente y vemos que los animales se están moviendo a otros sitios donde hay mejor temperatura. Se han detectado mantas ahora en California, o sea, es rarísimo que llegaran a esas aguas, precisamente porque son demasiado frías, pero hay una gran cantidad de factores que afectan sus movimientos”.

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Jeffry Madrigal colocando la marca satelital en el dorso de la manta. Foto: cortesía Mauricio Hoyos

Hoyos Padilla señala que todavía existen importantes vacíos de información sobre las áreas de crianza de las mantarrayas: dónde nacen, cuánto tiempo permanecen en determinados sitios y si llegan a esas zonas poco después de nacer o se desplazan hacia ellas más adelante.

“Una cosa es la guardería donde se quedan, pero ¿será que están naciendo ahí o nacen en otro sitio y de ahí se mueven a estas guarderías para permanecer ahí ciertos años? Obviamente, pensamos que estas guarderías están cerca de la costa en ciertas zonas donde ellas pueden estar protegidas y crecer hasta cierta talla para después realizar sus migraciones”, plantea el investigador.

La identificación de esos espacios y el seguimiento de los animales durante períodos más largos permitirían ampliar el conocimiento sobre sus movimientos. En el caso de la investigación centroamericana, en promedio, los dispositivos de seguimiento satelital transmitieron información durante 68.6 días por individuo.

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Los especialistas señalan que el contacto visual con una manta cambia tu vida. «Pasamos de ser los observadores a los observados», dice Carolina Martín Silva. Foto: cortesía Juan Pablo González

Rutas que necesitan protección más allá de las fronteras

Los desplazamientos registrados también plantean un desafío para la conservación. Algunas posiciones de los ejemplares coincidieron con áreas marinas protegidas costeras, pero los recorridos pelágicos —es decir, los que se realizan en aguas abiertas— se extendieron fuera de esos espacios.

Como Madrigal Mesén mencionó, el análisis del artículo reportó una cobertura de áreas marinas protegidas del 0 % en los corredores pelágicos considerados fuera de los santuarios costeros. Esto no significa que todas las aguas recorridas carezcan de cualquier regulación, sino que las rutas analizadas no quedaron cubiertas por las áreas protegidas incluidas en el estudio.

Para los autores, esta diferencia muestra que proteger determinados sitios de agregación -donde se reúnen las mantas- no necesariamente garantiza la conservación de los animales durante sus desplazamientos. Allí es donde entra la propuesta de impulsar los corredores transnacionales de conservación que permitan coordinar acciones entre países y conectar hábitats costeros con rutas de movimiento y zonas oceánicas.

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Manta aproximándose. Los expertos señalan que es muy importante seguir las buenas prácticas de buceo con mantas para no asustarlas o molestarlas y provocar que ellas se alejen. Foto: cortesía Jeffry Madrigal

Hoyos Padilla coincide en que la cooperación entre investigadores y gobiernos es necesaria para avanzar en esa dirección. El especialista forma parte de Migramar, una red de científicos que trabajan en distintos países del Pacífico oriental tropical y comparten información sobre los animales que estudian.

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Muchas veces las mantas se acercan a los grupos de buzos en busca de las burbujas. Fotos: cortesía Benjamín Valenzuela

“Se sabe que entre más grandes sean las zonas protegidas hay más beneficios para la pesca y para un montón de actividades”, dice el especialista. “Pero esto también provoca una mayor demanda de recursos para que las autoridades puedan vigilar. La creación de estos corredores en el papel es muy bonito y muy romántico, pero en la práctica es un desafío hacer que se cumpla”.

Para Martín Rivas conocer los movimientos de los animales es un primer paso para tomar decisiones sobre su protección. “No se puede proteger lo que no se conoce”, concluye la investigadora.

Mantas - Costa Rica
Para realizar la fotoidentificación es importante lograr un buen ángulo del vientre de la manta, donde los especialistas puedan observar bien el patrón de manchas y el sexo del animal. Foto: cortesía Jeffry Madrigal

Esta historia fue escrita por Astrid Arellano y publicada originalmente en Mongabay Latam.

REFERENCIA

Madrigal-Mesén J, Martín-Rivas C and Arauz R (2026). Bridging coastal aggregation hubs and oceanic sanctuaries: the first multi-scale telemetry baseline for the giant manta ray (Mobula birostris) in Central America. Front. Fish Sci. 4:1916489. doi: 10.3389/frish.2026.1916489