El Cráter Azul es una muestra, si la necesitábamos, de que el poder de las redes sociales es fuerte. Este lugar fue descubierto por jóvenes empresarios en busca de nuevos destinos, y se popularizó gracias a Facebook, Instagram y Twitter.
Al ver las fotografías subactuáticas de este lugar, automáticamente se convirtió en el lugar de moda para visitar. Ubicado en Sayaxché, al norte de Guatemala, este nacimiento de agua forma parte del Arroyo Pucté, que se une al Río La Pasión.
En realidad hay muy poco nuevo que decir de este lugar. Incluso cuenta con su propia página en Wikipedia que explica, brevemente, el tipo de paisaje que se puede encontrar. Ninfas, ocres verdes y rojos, agua color azul profundo y un jardín subacuático son su esencia.
Santuario de vida silvestre

Pero es sabido por todos nosotros que cuando un destino se vuelve popular, con ello viene, si no se previene, el desorden, la contaminación y el mal manejo de los recursos naturales. «Mucha gente viene y deja su basura tirada, saturan de gente y lanchas el lugar y se comportan como si fuese un balneario», dice Mónika Samayoa, de Tikal Adventures.
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Mónika promueve al Cráter Azul e insta a los demás touroperadores a hacerlo, pero todo desde un punto de vista sostenible y amigable con el entorno. «Hay que recordar que este es un santuario natural, no es un destino cualquiera», dice.
No llevar grupos mayores de 12 personas a la vez, procurar recoger toda la basura que se genera y llevarla de vuelta y utilizar productos biodegradables son algunas de las recomendaciones que sugiere.
Experiencia total

El lugar es, a falta de una mejor palabra, espectacular. Sin embargo, lo que las miles de fotos en la web no muestran es que el espectáculo visual no se limita al cráter en sí. Todo el recorrido, desde Sayaxché por el Río La Pasión, hasta unirse al Arroyo El Pucté es impresionante.
En la hora que toma llegar al lugar, es posible ver algo de la vida silvestre que habita en el lugar. Aves, como garzas, golondrinas y gavilanes caracoleros, así como monos aulladores y cocodrilos, acompañan el recorrido.
También es importante resaltar que al incorporarse al Arroyo El Pucté se nota el cambio en la coloración del agua, así como en el suelo del fondo del arroyo. De formación cárstica, gracias a las condiciones geológicas del norte guatemalteco, este espectáculo visual permite poner a volar la imaginación, pensando en qué esconden esas aguas.
Todo lo que se pueda decir de este lugar será poco comparado con la experiencia de vivirlo personalmente. Pero recuerda, al hacerlo, hazlo de una manera en la que pueda seguir siendo un destino natural, pristino y bien conservado.
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