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La primera vez que recuerdo haber visto a estos insectos, conocidos como zompopos de mayo  fue en el inmenso patio de la casa de mi abuela, Julia Vásquez, en Quesada, Jutiapa. No recuerdo haber sentido miedo cuando mis amigos me los mostraron por primera vez;  se me hacían como hormigas que tomaban esteroides con alas y podían volar.

A pesar de ser grandes y torpes descubrí que tienen unas mandíbulas tan fuertes como tenazas. Esto lo aprovechaban mis amigos para organizar peleas entre zompopos, algo que siempre me pareció inhumano pero, por el morbo humano, siempre miraba los combates luego de descubrir que estás eran a muerte, con el contrincante despedazado por las tenazas.

Lo que me pareció más asqueroso no fue el espectáculo tipo gladiador entre insectos. Lo más desagradable fue cuando me insinuaron que además de ser valientes guerreros, también eran un rico alimento.

Esos amigos de la infancia en el municipio en donde pasaba mis vacaciones, esperaban con ansia el mes de mayo y las primeras lluvias para capturar a estas hormigas y luego comerlas, a veces con limón y sal y otras fritas en mantequilla en una estufita rupestre con un fuego hecho de ramas y hojas.

Atta Myrmicinae

Con el tiempo descubrí que estas hormigas (Atta Myrmicinae) son insectos territoriales. Sus hormigueros pueden extenderse hasta 100 metros cuadrados y alcanzar los 5 metros de profundidad. Son de hábito nocturno, por lo que raras veces se les ve trabajando de día. A los nidos se les conoce como zompoperas. Al inicio de la época de lluvias la casta reproductora, machos y hembras, sale al amanecer de sus colonias en vuelo nupcial.

En el vuelo las reinas son fecundadas por los machos más fuertes. Estos mueren después de copular mientras que las hembras fertilizadas se entierran en el suelo más o menos a medio metro de profundidad, para dar lugar a las nuevas colonias. Es durante estos vuelos que se aprovecha para recolectarlos para su consumo culinario. En México, Guatemala, El Salvador, Honduras y varios países de América del Sur esta es una práctica muy común.

En Centroamérica es común el nombre de zompopos de mayo, aunque generalmente aparecen durante los primeros días de junio.

Contiene altos niveles de proteína y nutrientes, lo que es una buena fuente de alimento. Se come tostado en comal de barro o metal, aderezado con mantequilla, o con sal y limón en tortillas. Tiene un sabor como a maní tostado.

En mercados locales de aldeas y municipios localizados al norte de la Ciudad de Guatemala, el zompopo se vende en bolsas de media libra a Q10 quetzales y de una libra a Q20 quetzales (entre US$1.50 y US$2).

Por Carlos Duarte

Fotoperiodista. Ha logrado plasmar, gracias a su sensibilidad y buen ojo, el otro lado de las historias cotidianas de su tierra natal, Guatemala. Su interés por el bienestar social se plasma en su fotografía en una mezcla de colores y experiencias dignas de contar.

Un comentario en «Zompopos de mayo»

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