Es por todos sabido que el COVID-19 ha venido a afecta todos los sectores productivos de la sociedad. Debido a que los países de Centroamérica dependen en alta medida del turismo, el consultor español Juan Miguel Moreno, que ha trabajado en diferentes campañas de innovación junto con la Agencia de Promoción Turística de Centro América (CATA), dio su opinión acerca de cómo la región debe de prepararse para afrontar la reconstrucción de la industria, pasada la crisis del nuevo coronavirus.
Para el experto, la industria debe de tomar en cuenta que los conceptos de «sanidad y seguridad sanitaria» deberán de estar ligados al sector empresarial de la región a partir de ahora. «Será necesario obtener certificaciones de sanidad para recuperar la confianza de los clientes», dice Moreno.
Y es que, según las proyecciones de contagios y crecimiento de la infección del COVID-19, se estima que el planeta podría empezar a retomar cierta normalidad en la segunda mitad del año. «En Europa se piensa en julio y agosto. En Latinoamérica eso podría alargarse hasta octubre», considera el experto.
«¿Qué panorama se encontrará la industria luego de pasada la crisis?» Preguntaba Moreno en una videoconferencia con miembros del sector turístico centroamericano. Según él, «las fronteras volverán a tener la relevancia que habían dejado de tener. Los aeropuertos incorporarán máquinas de medición de temperatura corporal, los gobiernos exigirán una serie de requisitos para los extranjeros que quieran entrar en sus países».
Por ello, la certificación sanitaria cobrará mayor relevancia, tanto en términos de competitividad, así como de confianza a los viajeros.
Desde abajo hacía arriba

Centroamérica recibió en los últimos dos años unos 10 millones de turistas provenientes de todo el mundo. Aunque es una cifra importante, es importante recalcar que ese número se ha reducido.
Con la crisis del COVID-19, es necesario que se realicen innovaciones en el sector, aprovechar las herramientas digitales, actualizar los servicios hoteleros, mejorar la interconectividad, todo sin descontar las nuevas regulaciones sanitarias que se irán implementando con el tiempo.
Más importante aún, será enfocarse en el turismo interno como una primera piedra para la recuperación de la industria, dice Moreno, algo en lo que los ministerios turísticos de la región ya han ido sugiriendo desde el inicio de la crisis.
Aún así, antes de pensar en la innovación de los servicios, «hay que pensar en la certificación de los destinos. Hay que priorizar el trabajo local antes de pensar a nivel país o región. Primero hay que certificar un destino y luego a las empresas y servicios», añadió Moreno.
Turismo de bienestar

Ya en 2018 el sector turístico mundial preveía que el turismo de bienestar, o wellness, se mostraría como uno de los sectores con mayor crecimiento. Debido a la crisis, eso ahora es una certeza, ya que los viajeros buscarán viajes en los que se prime el contacto con la naturaleza, la reducción del estrés y la recuperación del espíritu.
Pero esto se podría dar, como muy temprano, para el primer trimestre de 2021. Es por ello que los países centroamericanos, incluyendo gobierno y sector turístico organizado, deberían de considerar también el turismo regional.
Según un artículo publicado en Estrategia y Negocios, hasta antes de la crisis del nuevo coronavirus, algunos países ya se centraban en la recepción de turismo regional. «Por ejemplo, el 58% (de turistas) que ingresaron a El Salvador en 2018 fueron centroamericanos, frente 50% en Guatemala (casi en su totalidad salvadoreños, ya que supusieron el 44% del total); o al 22,9% que supusieron para Costa Rica (principalmente nicaragüenses, el 13,8% del total)».
En cuanto al turismo internacional, «el 35% de arribos al país salvadoreño fue de norteamericanos, 24% en Guatemala, por el 52,4% que representaron para Costa Rica (1,58 millones de norteamericanos, de los que 1,26 millones fueron estadounidenses), y el 15% europeos».
En cualquier caso, lo que cuenta es que a partir de lo vivido en la actualidad sirva para que todos los sectores tengan listos planes de contigencia, en caso se de otra crisis similar en el futuro, así como incorporar prácticas sanitarias y de seguridad laboral que antes eran tomadas como opcionales.
