Sergio Hernández es un pequeño productor de duraznos del área de Salcajá, Quetzaltenango. Esta ha sido su profesión durante los últimos 30 años, tiempo en el que las parcelas familiares pasaron de ser sistemas forestales a sistemas agrícolas.
«En principio, le comenté a mi papá que tenía la idea de sembrar melocotones, a lo que él me dijo que sí», recuerda Sergio. «Para plantar los melocotones, tuvimos que cortar todo el bosque de pino. Mi papá casi me mata y dejó de hablarme durante más de 3 años», añade.
Sin embargo, con el tiempo su plantación se convirtió en un sistema agrícola dinámico, que ayuda, según Sergio a la biodiversidad de esta zona de Salcajá. «Cuando mi padre lo vio ya más logrado, ya volvió a hablarme», cuenta entre risas.
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Pero, aproximadamente 5 años atrás, tanto Sergio como el resto de productores de Salcajá comenzaron a notar cambios drásticos en el sistema climático, que ha venido a repercutir en sus hábitos y en el ciclo de vida de las plantas y animales que habitan la zona.
Clima extremo

Lo primero que han notado ha sido el alargamiento de la temporada seca y la rudeza de las heladas comunes en esa parte de Guatemala. «El problema más serio que hemos visto es que ha habido un descontrol en el clima, ya que los árboles no saben si dormirse o despertar. Hay casos en los que un árbol está dormido y el vecino de la par está despierto», cuenta Sergio.
Los árboles de melocotón producen, en condiciones normales, un quintal de fruta por temporada. Con los efectos del cambio climático, los productores ahora invierten más dinero para que esto suceda. «Si antes se gastaba Q100 por quintal producido, ahora se necesita de Q125, lo que afecta el precio final para el consumidor», añade Sergio.
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Para contrarrestar estos efectos, se han visto en la necesidad de adelantar las temporadas de poda y lograr que los árboles floreen uno o dos meses antes. También se utilizan productos orgánicos para evitar la desaparición de micoorganismos que habitan en la tierra, así como la extinción de insectos polinizadores, esenciales para el desarrollo de los frutos.
Mejorar el manejo de desechos sólidos

A pesar de estas acciones, hay un hecho que afecta gravemente al medio ambiente, y es la utilización de plásticos de un solo uso, que terminan en las alcantarillas, cuencas de ríos y, finalmente, en los mares y costas del planeta.
En Guatemala no existen planes eficaces en cuanto al manejo de los desechos sólidos y orgánicos, particularmente el reciclaje de los productos plásticos. Algunas de las estrategias han pasado por prohibir su uso, pero el esfuerzo aún requiere de más protagonistas, para que se pueda marcar una diferencia.
«El problema de la basura sí es algo serio. Estamos utilizando demasiado plástico y eso está afectando al medio ambiente. Deberíamos de tomar conciencia para dejar de utilizar tanto plástico», concluye Sergio.

