Fue un viaje de más de 4 días y alrededor de unos 700 kilómetros que empezó desde la Ciudad de Guatemala y en el que visitamos varios lugares del departamento de Quiché, ubicado al noroccidente  del país.
El objetivo era visitar tres de sus municipios para conocer el trabajo que hacen
voluntarias de una organización de ayuda de Estados Unidos.

El punto de partida fue frente al Parque Morazán, en zona 2 de la Ciudad de Guatemala,  a las once de la mañana. Tenía muchas expectativas, no solo porque era mi primer viaje a Quiché, sino porque no salgo mucho y fuera de la ciudad conozco pocos lugares.

Iba con muchas ideas de cómo serían los lugares a los llegaríamos, atenta a observar el paisaje y apreciar todo lo nuevo.

Entre los puntos que recuerdo entre el viaje de Guatemala a San Miguel Uspantán están la Laguna Lemoa, el mirador hacia el lago de Atitlán y el Río Negro o Chixoy, que es uno de los más caudalosos del país. De estos lugares dos fueron punto de descanso: el mirador y el puente sobre el Río Chixoy.

Después de recorrer 295 kilómetros en  las carreteras CA-1, RN-15 y 7W habíamos llegado. Pasaba las seis de la tarde. El primer día había terminado y un arco al inicio del municipio nos daba la bienvenida. Era necesario el descanso porque a la siguiente mañana, saldríamos temprano.

Montañas entre montañas

Amanecer sobre las montaañas de Uspantán. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

De Uspantán salimos a las seis de la mañana. El destino era una comunidad llamadaLancetillo La Parroquia, ubicada al norte del municipio, en la Zona Reyna.  Esperábamos un viaje que duraría unas tres horas según lo que contó la voluntaria de quien conoceríamos su trabajo ese día. Pero estaban construyendo la carretera. Entre el punto de partida y de llegada habían cuatro paradas obligatorias de unos 40 minutos. Llegamos a las diez y media de la mañana.

Zona Reyna es un paraíso verde en el que después de las montañas hay más montañas. Vimos salir el sol desde su corazón. Desde las calles de terracería que la atraviesan se puede ver la inmensidad verde decorada con nubes bajas y una gruesa capa de bruma en las laderas de las montañas.

Al escuchar a las personas que viven en esa región pude darme cuenta de las necesidades que ellos tienen y lo importante que es que ellos conozcan cómo superarse, y cómo el involucrarse y aportar puede ayudarles a ellos y a todos los miembros de la comunidad.

Las paradas obligatorias en la ruta entre Uspantán y Lancetillo La Parroquía ponen a prueba la paciencia de todos los viajeros de esta ruta. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Por ejemplo, en esas comunidades no tienen energía eléctrica. Son pocas las casas que tienen agua potable entubada y la mayoría de personas va a un río que está muy cercano. 

Abby Anderson es una voluntaria que trabaja en esa región desde hace más de un año. Apoya en unas 12 escuelas en el programa de escuelas saludables.  En conjunto con los maestros y con colaboración de programas del Ministerio de Educación han creado programas de cocinas saludables.

Pero mucho más importante que el apoyo para crear estos proyectos es la promoción del involucramiento de todos los miembros de la comunidad, ya que el desarrollo y el crecimiento de la misma depende de sus habitantes. La concienciación y el empoderamiento de sus habitantes son muy importantes porque son ellos quienes conocen lo que necesitan.

Las entrevistas en Lancetillo La Parroquia terminaron a la una de la tarde. A las seis de la tarde, luego de más paradas obligatorias, polvo y algún percance con el automóvil, estábamos de regreso en Uspantán.

Chinique, tranquilidad y pasión por aprender

Durante mi visita, los niños de la escuela de Ximbaxuc preparan la tierra para poder sembrar antes del inicio de la temporada de lluvias. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

El tercer día salimos de Uspantan a Chinique en un recorrido de tres horas. Regresamos por la carretera 7W, luego la RN-15 hasta Santa Cruz del Quiché. De allí se llegó a Chiché y por último a Chinique.  No tan lejos de Uspantán se nos cruzó en el camino un pequeño baile de unos diez o quince moros, con pequeños tambores, chinchines e incienso.

En el regreso pasamos de nuevo por el río Chixoy, de donde supe existe la extracción de sal negra. En Sacapulas nos detuvimos para comprar una libra de esta sal. Se puede encontrar en forma de pequeñas piedras o en polvo. Su costo es de aproximadamente $1 (Q 8.00)y es por lo difícil del proceso de extracción y destilamiento de este mineral.

El siguiente descanso fue en el mercado de Chiché. Ya era hora de comprar algo para comer. Y vimos aguacates que desde que entramos a Quiché quisimos comprar. No puedo olvidar la expresión en el rostro de la persona a quien acompañé a realizar el proyecto de conocer el trabajo de desarrollo en las comunidades. Era una mezcla de satisfacción de por fin haberlos comprado y también de poder conocer palabras nuevas en otro idioma.  Kiep oj, que significa dos aguacates en idioma k’iche. Y las primeras palabras que aprendo yo.

En 25 minutos ya habíamos llegado a Chinique, un lugar muy sencillo y tranquilo. En este lugar conoceríamos el trabajo de Audry Smith, otra de las voluntarias, quien trabaja junto a los maestros de las escuelas de la zona, para la creación de huertos escolares, que ayuden a mejorar la alimentación de los niños y niñas, lo que impacta directamente en su desarrollo intelectual y emocional.

Se busca que los niños conozcan una mejor manera de sembrar diferentes cultivos de hortalizas y cómo cuidarlas. Ellos tienen conocimientos de siembras desde pequeños porque deben ayudar a sus papás pero básicamente se dedican a cultivos de maíz y frijol.

En 2019, este huerto les dio a los niños vegetales como rábanos, zuccinis y otras hortalizas. Foto: Cortesía

Además de permitirles ampliar sus conocimientos y de incorporar nuevos alimentos a lo que consumen también les permite rescatar el uso de plantas nativas de la región y el aprovechamiento de sus suelos y el clima.

Este proyecto también involucra a la comunidad ya que los niños replican este modelo de huertos en sus hogares. En el proceso han aprendido a gestionar ante instituciones gubernamentales como el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) para obtener apoyo con las semillas o con charlas sobre técnicas de siembra.

Luego de las entrevistas, estuvimos algunas horas más para al final del día irnos a Chichicastenango que está cerca.  La entrada al lugar es muy bonita, pasar a través del Arco Gucumatz.  Es muy concurrido, con un comercio muy extendido y diverso.

El caos acelerado de Chichicastenango

El fuego está presenten en cada manifestación espiritual en Chichicastenango. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Conocí las iglesias de Santo Tomás y la Capilla del Calvario. Aunque el catolicismo ha crecido entre las poblaciones indígenas se puede ver que no ha logrado desaparecer por completo las creencias antiguas. Cuando llegué justo se realizaba una ceremonia que combinaba elementos de ambas creencias.

En el interior de la iglesia de Santo Tomás cerca de la entrada, vestidos con ropa de más espejos que tela y adornados con grandes plumas de colores se puede ver imágenes de San José, Santo Tomás y San Sebastian. La ceremonia que se oficiaba estaba mitad en español mitad en k’iche’.

Otro de los lugares que me llamó la atención, aunque por la hora estaba cerrado es el Museo Regional de Chichicastenango y fue por un gran mural que cubre la fachada del edificio. Me impactaron escenas como la quema de libros originarios, la guerra interna, el ataque hacia sus habitantes y la destrucción de sus recursos naturales. Pero también como al final ven esperanza en la nueva generación y reconocen la posibilidad de salvar su comunidad y su entorno para tener un mejor futuro.

El día siguiente era jueves, por lo que sería día de mercado. Los vendedores se estaban instalando desde la noche anterior. Fue la primera vez que vi que un lugar no durmiera cuando cae el sol sino era cuando más actividad tenía.

El área rural de Chichcastenango está marcada por algunos problemas sociales que poco se conocen en el centro de Guatemala. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Despertar un jueves en Chichi es salir temprano o quedarse encerrado. Toda la plaza y sus alrededores se llenan de comerciantes. Ese día se trabajó con Kristen, la última de las voluntarias que estarían en el proyecto.  Ella junto con otros estudiantes universitarios de la región trabajan en proyectos de interés para las comunidades.

En el área rural de esta región uno de los problemas más visibles es el aumento de los casos de suicidio. Por ello están buscando capacitar a los maestros de las escuelas para detectar problemas y también para que los niños y jóvenes aprendan a expresarse y sientan la confianza de buscar ayuda.

El retorno hacia la ciudad de Guatemala  inició a las diez de la mañana.

Al final del viaje

Un grupo de mujeres lava ropa en un río que atraviesa la comunidad de Lancetillo La Parroquía, en Uspantán, Quiché. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Algo que me impactó es darme cuenta que la impresión que tenemos de Guatemala, es una basada en supuestos. Por ejemplo, una de las voluntarias estadounidenses, que lleva más de un año viviendo en Quiché, contaba que en Estados Unidos se cree que nuestro país es una selva y que todos vivimos bajo un gran sol y por eso es así el color de nuestra piel. Lo más impactante fue darme cuenta que esa idea no solo se tiene en el extranjero, sino que muchos de los que habitamos en él tampoco tenemos un gran conocimiento de todo lo que somos.

La idea que yo tenía construida sobre el área  rural distaba demasiado de la realidad. A pesar de ser estudiante de periodismo, de haber llevado cursos sobre historia, sobre sociología, antropología y de tener al alcance mucha información, mi construcción se basaba en cimientos quizá de un poco de discriminación. Y creo que el estar en contacto con la realidad y tener otra visión es un nuevo inicio, de entender y valorar lo que somos.

Además de aprender cosas nuevas, cambié mi forma de ver la vida.  Tener contacto con personas nuevas y diferentes nos hace crecer de muchas maneras.

Por Revista Knowable

Estudiante de periodismo en la Universidad Mariano Gálvez de Guatemala. Escritora de narración y poesía.

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