Aunque los dientes de león (Taraxacum officinale) comúnmente se podrían considerar como una “mala hierba” en los jardines, son de gran beneficio para la naturaleza. Las abejas, uno de los animales más importantes del planeta, encuentran en ellos una fuente de néctar para su alimento. Esto les da un papel importante en los ecosistemas.
El líquido dulce de los dientes de león al ser consumido por las abejas se convierte en su combustible que les permite continuar con su tarea polinizadora.
El nombre científico de esta planta es Taraxacum Officinale, y pertenece a la familia de las asteráceas. Se conoce que tiene muchas propiedades curativas, pero lo aconsejable es no arrancarlas, ya que al provocar perjuicios a la naturaleza también se perjudica a los humanos.
El intenso color amarillo de sus flores se puede encontrar en todos los continentes y es común verlos en prados, cultivos, orillas de caminos o jardines perennemente. Cada planta de diente de león puede llegar a esparcir 2000 frutos en el viento o regenerarse a partir de la raíz.
Relación plantas-abejas
Las abejas se alimentan de las plantas al recolectar néctar y polen de ellas. El polen de las plantas se queda en las patitas y antenas de las abejas, al ir las abejas de flor en flor transportan el polen de las anteras de una flor macho al estigma de una flor hembra, logrando una fecundación en el ovario de esta planta para que reproduzca más semillas.
Por lo tanto es una relación en que se ven beneficiadas las plantas y las abejas y a la vez se mantiene un equilibrio ecológico, permitiendo la reproducción de muchas semillas, mejores frutos y variabilidad genética en los bosques.
Cuidar de las plantas que proveen de más néctar a las abejas es necesario para garantizar la diversidad y continuidad de especies actuales.
