Amanecer en el lago de Atitlán. Foto: Adrián Ramos/INGUAT

La cuenca del Lago de Atitlán ha experimentado un ligero aumento en las temperaturas promedio y una importante variabilidad pluviométrica (nivel de lluvia registrado) en los últimos 11 años, según el Informe Anual de Monitoreo Climático 2025. El informe, que analizó datos de 2014 a 2025, detectó temperaturas que oscilaron entre un mínimo de 10 °C y un máximo de 25 °C en toda la región.

Los investigadores observaron un ligero aumento térmico durante el período de estudio de 11 años. El informe sugiere que este calentamiento podría estar relacionado con procesos de calentamiento regional, reducción de la cobertura vegetal y cambios en el uso del suelo dentro de la cuenca. Estos cambios de temperatura pueden afectar directamente a los ecosistemas acuáticos, la biodiversidad y la agricultura local. Las altas temperaturas también aumentan el riesgo de incendios forestales y sequías, lo que reduce el rendimiento de los cultivos y agota el suministro de agua para riego.

«El calentamiento regional se define como un calentamiento global no uniforme, es decir, que ciertas localidades pueden no estar experimentando un incremento de la temperatura a la velocidad que se observa a nivel global. o que en algunas áreas muy específicas podrían estarse sintiéndose enfriamientos temporales. Este fenómeno puede darse por las corrientes oceánicas, patrones de viento, actividades humanas que generan un cambio en el uso del suelo y la contaminación» explica Mervin Emmanuel Pérez, director ejecutivo de AMSCLAE.

Pérez agrega que una de las causas principales del cambio de uso del suelo a nivel del departamento de Sololá es la expansión urbana y rural desordenada, así como la necesidad de tener mayor tierra para la agricultura. «Hay un cambio de uso del bosque por estos sistemas, así como una tala ilegal de árboles que pueda estar usándose para fines comerciales de madera o para la generación de calor a través de leña».

Los registros de precipitación indicaron picos significativos en 2024, con algunos meses con más de 500 milímetros de lluvia. Esta variabilidad suele estar asociada a tormentas tropicales, ondas del este o la influencia de los fenómenos de El Niño y La Niña. La alta humedad persistente ha aumentado el riesgo de saturación del suelo, lo que provoca escorrentía superficial (agua de lluvia no filtrada a la tierra), erosión y la entrada de sedimentos y nutrientes al lago. Este proceso puede contribuir a la eutrofización (incremento de sustancias nutritivas en el agua que provoca un exceso de fitoplancton)., que degrada la calidad del agua.

El viento y la radiación

La cuenca registra constantemente niveles de radiación ultravioleta muy altos y extremadamente altos. Esto representa un riesgo para la salud de los residentes que trabajan al aire libre y puede dañar los ecosistemas acuáticos al inhibir la fotosíntesis del fitoplancton y alterar los ciclos de nutrientes. La radiación solar máxima suele ocurrir en agosto y septiembre, mientras que los niveles más bajos se registran en diciembre y enero. Los altos niveles de radiación también afectan la temperatura superficial del lago y la productividad primaria.

Las velocidades máximas del viento en la cuenca generalmente oscilan entre 40 y 60 kilómetros por hora. Los vientos soplan predominantemente del sur-sureste, y los más fuertes suelen ocurrir de diciembre a febrero. Estos patrones de viento influyen en la mezcla vertical del agua del lago y los niveles de oxígeno, a la vez que transportan contaminantes como la ceniza volcánica. En combinación con la alta radiación solar, el viento también afecta las tasas de evaporación de la superficie del lago.

«A nivel institucional se cuenta con un plan de manejo integrado que guía acciones, programas y proyectos para proteger y conservar los ecosistemas que conforman la cuenca del lago de Atitlán» amplía Pérez. Actividades como el asesoramiento y formulación de proyectos en saneamiento de desechos óleos, protección de bosques a través de incentivos forestales, la promoción de sistemas agroforestales para diversificarlos y obtener mayores beneficios ecosistémicos, el impulso de actividades económicas en el marco de la sostenibilidad ambiental, programas de educación ambiental que favorecen un cambio de conducta. y responsabilidad social para la conservación del ecosistema lacustre, así como un monitoreo constante sobre la calidad del lago, son los enumerados por el director de AMSCLAE, y agrega que todos estos esfuerzos se coordinan de forma interinstitucional para tener un mayor impacto. 

El informe recomienda que la dirección ejecutiva de la AMSCLAE implemente la coordinación interinstitucional para mitigar el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos. Las acciones previstas incluyen invertir en infraestructura verde, promover la educación ambiental y fortalecer los sistemas de alerta temprana comunitarios. Los científicos señalaron que, si bien los datos actuales son exhaustivos, establecer modelos fiables de predicción climática para la cuenca requerirá más de 10 años de registro continuo de datos históricos.

Pérez indica que la población ha reaccionado a la escasez de agua tanto para consumo humano como para uso en la agricultura y también ha experimentado canículas prolongadas o eventos intensos de precipitación. En algunos casos la misma comunidad ha respondido y coordinado para mejorar la tecnología para un eficiente uso del agua para la agricultura. «Una organización local para gestionar sistemas de riego o para la protección de zonas de alta recarga hídrica es necesaria, sin embargo, no se tiene una coordinación sólida que permita mitigar dichos impactos, ya sea por las diferencias en las prioridades que pueda tener cada administración municipal, ausencia de planes de ordenamiento territorial municipal y una debilidad institucional en la aplicación de las normativas vigentes» se lamenta Pérez.

El monitoreo fue realizado por el Departamento de Investigación y Calidad Ambiental de la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán y su Entorno (AMSCLAE), para subsanar la falta de información sobre el comportamiento climático de la cuenca y sus impactos ambientales. La investigación proporciona una evaluación sistemática de las condiciones para ayudar a las autoridades locales a planificar la adaptación al cambio climático y gestionar recursos naturales como el agua y el suelo.

AMSCLAE opera 14 estaciones meteorológicas automáticas para recopilar estos datos. Estas estaciones se encuentran en San Lucas Tolimán, Panajachel, San Juan La Laguna, Santiago Atitlán, San Marcos La Laguna, San Antonio Palopó, Santa Lucía Utatlán, Sololá, Cerro de Oro, Santa Rita Nahualá, El Tablón y Barraneché. También se brinda soporte técnico a una estación en San José Chacayá. A diferencia de los equipos convencionales, estas estaciones automáticas operan diariamente y se someten a una rigurosa calibración.

Por Carlos Duarte

Fotoperiodista. Ha logrado plasmar, gracias a su sensibilidad y buen ojo, el otro lado de las historias cotidianas de su tierra natal, Guatemala. Su interés por el bienestar social se plasma en su fotografía en una mezcla de colores y experiencias dignas de contar.

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