Guatemala, al igual que el resto de países en vías de desarrollo, cuentan a un 45% de mujeres como parte de la mano de obra agrícola, cuando apenas menos del 20% de ellas tienen acceso a poseer un pedazo de tierra.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), si las mujeres agrícolas tuvieran las mismas oportunidades que los hombres, en los países en vías de desarrollo, «el número de personas hambrientas en el mundo podría reducirse hasta en 150 millones». Este es un informe que la agencia internacional emitió en 2016 y hoy, tres años después cobra mayor relevancia, ya que la desigualdad de género prohíbe el avance de un desarrollo sostenible para las comunidades y los países.
“Alcanzar la igualdad de género y empoderar a las mujeres no sólo es lo correcto, sino que es un ingrediente fundamental en la lucha contra la pobreza extrema, el hambre y la malnutrición”, dijo en 2016 el Director General de la FAO, José Graziano da Silva.
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Según la postura de la FAO, si el 45% de la mano de obra agrícola en los países den vías de desarrollo (cifra que se eleva a 60% en África) , está compuesta por mujeres, los gobiernos del mundo deberían de comenzar a dar más oportunidades de tenencia de la tierra y acceso a fuentes de educación a las mujeres, «ya que cuando las mujeres cuentan con oportunidades, los rendimientos en sus explotaciones aumentan y también sus ingresos».
Los recursos naturales se gestionan mejor

Si en el mundo existiera mayor equidad de género en el área agrícola y rural, algunos de los factores que se verían beneficiados sería el medio ambiente, la salud de los niños y niñas rurales y la economía de las familias.
«Las mujeres reinvierten hasta el 90% de sus ganancias en sus hogares, dinero que se destina a nutrición, alimentos, atención médica, escuela y actividades generadoras de ingresos, ayudando a romper el ciclo de la pobreza intergeneracional», dice FAO.
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«Los rendimientos agrícolas se mejorarían considerablemente, y podrían haber hasta 150 millones menos de personas hambrientas en el mundo. Los niños también tendrían perspectivas de futuro mucho mejores, ya que sus madres estarían más sanas, con mayores recursos económicos y mayor formación», dijo Neven Mimica, Comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo.
En resumen, el acceso a oportunidades equitativas, no solo beneficiaría a las mujeres como individuos, sino que tendría un impacto significativo en el avance de las comunidades y países en vías de desarrollo. «A menudo se dice que si educas a una mujer, educas a toda una generación. Lo mismo ocurre cuando las empoderamos en cualquier ámbito, no sólo con el acceso al conocimiento, sino también a los recursos, la igualdad de oportunidades y dándoles voz«, concluyó Mimica.
