Los humedales son fuente de una gran cantidad de servicios ecosistémicos, de enorme beneficio para las poblaciones humanas. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Los humedales marino-costeros son mucho más que zonas inundadas o cuerpos de agua. Son depósitos naturales de carbono que ayudan a frenar el calentamiento global y sostienen servicios ambientales críticos, desde la filtración de agua hasta la protección contra tormentas. De acuerdo con la Convención Ramsar sobre Humedales de Importancia Internacional, estos ecosistemas capturan y almacenan carbono de manera muy eficiente, ayudando a mitigar emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

En Guatemala, los humedales se encuentran entre los recursos naturales más valiosos. El Inventario Nacional de Humedales identifica 192 ecosistemas entre lagos, ríos, lagunas y pantanos, de los cuales siete están incluidos en la lista Ramsar y suman más de 628 mil hectáreas protegidas.

Estas áreas no solo cumplen funciones ecológicas, sino que también sostienen medios de vida. Filtran contaminantes, protegen de inundaciones y mareas altas, y son fuente de agua para diversas actividades humanas. En muchos casos, son fundamentales para la economía local a través de la pesca, producción acuícola y turismo.

Los humedales son hábitat importante de la diversidad biológica mundial, ya que el 40% de las especies vegetales y animales del planeta vive en humedales, y se han documentado más de 100 mil especies de agua dulce hasta la fecha. Cada año se descubren 200 nuevas especies de peces de agua dulce. Los humedales aumentan la resiliencia de las comunidades frente al impacto del cambio climático, constituyen barreras contra la subida del nivel del mar, las mareas por tempestad, reducen el impacto de las inundaciones, las sequías y los ciclones.

Voces desde la conservación

Celeste Méndez, encargada de conservación de ecosistemas forestales estratégicos del Instituto Nacional de Bosques (INAB), explicó el papel que juegan estos ecosistemas en el ciclo del carbono: “El carbono azul es el carbono almacenado por los ecosistemas marino-costero. Estos humedales son importantes para la captura de carbono, son los ecosistemas que almacenan más carbono a nivel mundial, más del 40 % del carbono que es liberado a la atmósfera es almacenado por estos humedales”.

Méndez subrayó que “cuando estos ecosistemas son destruidos, todo este CO₂ que fue almacenado es liberado a la atmósfera y por lo tanto contribuye al calentamiento global. Por eso es importante que nosotros contribuyamos a su protección y a su conservación”. Esta conexión entre los humedales y el clima global pone en contexto la urgencia de proteger zonas costeras frente a la pérdida de carbono almacenado.

Guatemala también ha desarrollado programas que buscan reforzar la conexión entre las personas y estos territorios naturales. El programa Sembrando Huella, impulsado por el INAB, integra educación ambiental, sensibilización y acciones de reforestación con el objetivo de cambiar la relación entre las comunidades y sus bosques, incluyendo áreas marino-costeras.

Hasta la fecha, esta iniciativa ha permitido la siembra de más de 2.9 millones de árboles y ha tenido impacto directo en la educación de más de 400.000 personas a través de ferias, charlas y actividades de campo que combinan teoría y práctica.

“La educación ambiental es clave para construir una conciencia colectiva que genere las acciones que protegen nuestros bosques y garantizar un futuro sostenible para el país”, señaló Méndez, al destacar que el programa también incluye plantaciones en zonas de manglar, tanto en el Pacífico como en el Caribe guatemalteco.

Importancia regional de humedales en Centroamérica

La relevancia de estos ecosistemas en la región es amplia. En Centroamérica existen decenas de sitios Ramsar que abarcan manglares, estuarios y pastos marinos, desde Belice y Honduras hasta Nicaragua y Costa Rica, donde miles de especies dependen de estos ambientes para alimentarse, anidar o migrar.

Por ejemplo, el Parque Nacional Laguna del Tigre en Petén es uno de los humedales más extensos de la región, además de estar protegido bajo Ramsar por su valor ecológico y biodiversidad.

En Honduras, los manglares costeros cubren áreas significativas que almacenan grandes cantidades de carbono y proporcionan servicios esenciales para el clima y las comunidades locales.

Los manglares son de gran importancia para la vida de las personas y los animales silvestres de las zonas costeras de Guatemala. Foto: INAB

Día Mundial de los Humedales 2026 y comunidades costeras

El Día Mundial de los Humedales, conmemorado cada 2 de febrero desde la firma de la Convención de Ramsar en 1971, tiene un tema oficial para 2026 centrado en “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural”. Este enfoque reconoce que los saberes locales y ancestrales han sido fundamentales para proteger estos ecosistemas durante generaciones, y que su participación es clave para abordar desafíos actuales como el cambio climático y la degradación ambiental.

Este tema resuena particularmente entre las poblaciones marino-costeras de Centroamérica que dependen de los humedales para su sustento, seguridad alimentaria y protección contra tormentas. Su conocimiento tradicional, desde técnicas de pesca sostenible hasta prácticas de restauración de manglares, puede ser un motor de conservación que complemente las políticas públicas y los incentivos forestales.

“Los humedales son ecosistemas esenciales que sustentan una rica biodiversidad y también sirven de cuna del patrimonio cultural y las tradiciones vivas, en particular para los pueblos indígenas y las comunidades locales”, señaló Musonda Mumba, secretaria general de la Convención sobre los Humedales. Para la organización, reconocer ese vínculo es clave para enfrentar la crisis climática y ecológica, ya que “la integración de los conocimientos tradicionales en las estrategias de conservación mejora la protección de los humedales y fomenta enfoques inclusivos y basados en la comunidad que reconocen y respetan la sabiduría ecológica ancestral”, un enfoque que cobra especial relevancia en regiones como Centroamérica, donde miles de familias marino-costeras dependen directamente de manglares, esteros y lagunas para su subsistencia.

Por Jorge Rodríguez

Fotoperiodista y comunicador.

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