La participación comunitaria es clave para lograr que las ciudades de países como Guatemala y Costa Rica, cuenten con sus propios modelos urbanos sostenibles, basados en sus propias posibilidades y necesidades.
Las capitales centroamericanas tienen en común que están rodeadas de áreas naturales, que han sido desaprovechadas y maltratadas, debido a la falta de visión y planificación de parte de las autoridades municipales y gubernamentales.
Costa Rica inauguró recientemente el primer tramo de un proyecto llamado Rutas Naturbanas, «un espacio donde las personas puedan movilizarse a través de la ciudad en comunión con la naturaleza». Uno de los objetivos es el de «recuperar y rehabilitar los ríos» y convertirlos en activos para las poblaciones urbanas. Según Margarita Chaves, Directora de Alianzas de la Fundación Rutas Naturbanas, la planificación de las ciudades como San José, «le ha dado la espalda» a los ríos y las áreas naturales, por lo que la población deja de ser consciente de su estado.
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Con este proyecto, se pretende conectar, en una ruta de 25 kilómetros que va de norte a sur de la ciudad, a diferentes cantones del área central de San José. «Esta es una zona importante de la capital, ya que es un área en donde están las más importantes instituciones estatales y en donde mucha gente viene de otras partes del país a realizar trámites, a trabajar y a estudiar», añade Chaves. En estos cinco cantones habitan unas 700 mil personas, a las que hay que sumar a otro un millón más, que residen fuera de la capital y que acuden a la ciudad diariamente.
En Guatemala, por su parte, a partir de un estudio llamado Ciudad-Barranco, hecho por la firma de arquitectos Taller Acá, en 2014, se planteó la posibilidad de recuperar los barrancos de la ciudad, la más poblada de toda la región centroamericana, y convertirlos en «espacios inteligentes», para mejorar la movilidad, el manejo de los recursos naturales y de los desechos sólidos que se generan, así como brindar la oportunidad de esparcimiento para toda la población.
«El primer proyecto está en zona 15 (al este de la ciudad) que se llama jungla urbana. Está muy activo, porque los mismos vecinos son quienes lo han recuperado, y continúan reforestándolo y limpiándolo», dice Jorge Villatoro, de Taller Acá.
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Esta propuesta toma relevancia, si se considera que el 42% de todo el territorio de la ciudad de Guatemala está compuesto por barrancos, del cual el 80% está en manos privadas y el «restante 20% son tierras del Estado o municipales», añade Villatoro. Pero la falta de soluciones para el tema del manejo de desechos y aguas residuales ha provocado que «la mayoría (de los barrancos) estén contaminados«. A esto se suma que «mucha de la población de la ciudad» los ve como «lugares peligrosos», al estar ocupados por personas de escasos recursos.
Iniciativas ciudadanas para proteger los recursos naturales

Naciones Unidas (ONU) ha reportado que para 2050, el 68% de la población mundial vivirá en áreas urbanas. Esto debido a que son las ciudades en donde existen mayores oportunidades laborales, de estudios y en donde, en teoría, la calidad de vida mejora.
«En la actualidad, las regiones más urbanizadas incluyen a América del norte (82% de su población vive en zonas urbanas en 2018), América Latina y el Caribe (81%)», de acuerdo al informe Perspectivas Mundiales de Urbanización de ONU. Por ello, el objetivo 11 de los Ojetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), Ciudades y comunidades sostenibles, promueve la creación de políticas públicas para reducir el impacto del aumento demográfico, y sugiere la participación activa de las comunidades como eje esencial para lograrlo.
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En ese sentido, la revista Green Uptown, realizó una publicación en la que documenta que «las 10 ciudades más verdes (en el mundo) tienen en común la participación constante de sus ciudadanos en las acciones emprendidas por sus gobiernos«. Costa Rica y Guatemala ya han iniciado con esa parte, ya que ambas iniciativas (Rutas Naturbanas y Ciudad-Barranco) han surgido de parte de la propia ciudadanía, que busca mejorar la calidad de vida en las ciudades que habitan.
La idea es que los ciudadanos encuentren una utilidad en la conservación,, que les permita mejorar su calidad de vida. «En Costa Rica queremos poner en práctica el ecoturismo urbano, que es algo que no se hace actualmente. Es una oportunidad para dinamizar la economía de la ciudad y dar nacimiento a emprendimientos» relacionados con el turismo, dijo Chaves.
Junto a los planes de integración urbana, realizaron conteos de la vida silvestre que habita en las áreas naturales dentro de la capital tica. «Se han contabilizado varias especies de aves y dos familias de osos perezosos, del lado de Montes de Oca y del Barrio Amón«, añadió. En Guatemala, la mayor actividad que se realiza es la observación de aves, que se lleva a cabo en parques como Kanajuyú, Cayalá y, en menor medida, Erick Barrondo.
Espacios utilitarios inteligentes

Detrás de estas iniciativas ambientales no está solo la conservación de la naturaleza y la vida silvestre. Una de las metas es lograr que estos esfuerzos contribuyan a mejorar, no solo el bienestar de la salud mental de los habitantes de las ciudades, sino que sean una alternativa real para mejorar la movilidad y reducir la contaminación de los espacios urbanos.
Mientras que en Costa Rica, la falta de espacios para ciclistas y peatones es limitada, en el país los accidentes viales son la tercera mayor causa de muerte, en Guatemala, la contaminación es un factor de mucha preocupación para ambientalistas, ya que la falta de regulación, el aumento del parque vehicular y una infraestructura vial ineficiente convierten a la capital de este país en una de las más contaminadas del continente.
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Para revertir esta situación, una de las soluciones es crear alternativas de movilidad que beneficien a la población, y permitan la reducción en la producción de dióxido de carbono. «Hay zonas como zona 10 y 15, con un puente ciclopeatonal, el tiempo de viaje se reduciría considerablemente. Lo que buscamos es que se creen parques inteligentes, que ayuden, además, a captar agua, generar energía, y crear huertos urbanos. La idea es que sea un manejo de los barrancos muy integral, no solo como áreas de esparcimiento, sino como espacios inteligentes», explica Villatoro.
Detrás de las visión de Rutas Naturbanas, está el objetivo de elevar la conciencia acerca del estado de los ríos Torres y María Aguilar, que atraviesan San José de norte a sur y de este a oeste. Según Eduardo Zúñiga, Presidente de Rutas Naturbanas, con acciones de bajo impacto, se busca «proteger el ecosistema, visibilizar el entorno, y tomar medidas de mitigación para combatir la contaminación y el cambio climático«. A esto, Chaves añadió que el actual diseño de la ciudad le ha dado la espalda a los ríos, por lo que es normal que no se preste atención al estado en el que se encuentran.

El primer tramo, inaugurado el pasado 15 de enero, es de 400 metros, de los que 250 de ellos pasan frente al Río Torres y otros 200 son senderos peatonales.
Este es un planteamiento que, según los entrevistados, deben de ser tomados en cuenta de parte de las autoridades, ya que el mal uso del suelo puede provocar problemas más serios, tanto en términos ambientales como sociales y económicos. Según FAO, los países en vías de desarrollo, como los centroamericanos, «la urbanización se produce acompañada de elevados niveles de pobreza, desempleo e inseguridad alimentaria«.
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A esto se suma que, siempre según la agencia de la ONU, «en todo el mundo hay 1,000 millones de personas hacinadas en barriadas, sin acceso a los servicios básicos de salud, agua y sanidad. Alrededor del 30% de la población urbana del mundo en desarrollo -770 millones de personas- está desempleada o son «trabajadores pobres» con ingresos inferiores al umbral oficial de pobreza».
Financiación y participación pública

Ningún proyecto de esta magnitud puede ser posible sin los fondos necesarios para su ejecución y mantenimiento. Tanto Chaves como Villatoro coinciden en que la iniciativa privada debe de jugar un papel muy importante en la implementación de estas alternativas. El 80% de los barrancos en Guatemala están en manos privadas, y con visión, los dueños de estas tierras podrían generar cambios significativos, no solo para la reestructuración de la ciudad, sino para sus propios intereses. «Si se mejora un barranco, se mejora el barrio y por ende, la plusvalía (de la tierra) sube. Al final es una ganancia de todos», dice Villatoro.
Y ese no es un tema meramente estético. La recuperación de áreas urbanas en busca de bienestar para sus habitantes es algo que se ha comprobado que funciona. Este es un método llamado Prevención de la Delincuencia Mediante el Urbanismo (CPTED por sus siglas en inglés), y que ha sido aplicado en barrios de España, Colombia, Brasil y otros países del mundo. Son acciones que deben de partir desde la administración pública, en el ordenamiento y el cambio de uso de suelo, así como en la implementación de políticas públicas adecuadas a las necesidades y posibilidades de las comunidades.
«Voluntad tienen, pero no tienen una visión urbana contemporánea», dice Villatoro en referencia a la labor de la Municipalidad de Guatemala.
En el caso de Costa Rica, se han logrado pequeños avances, pero muy pocos en comparación con la rapidez con la que crecen las necesidades de la ciudad. «Este primer tramo (ruta naturbana) se logró gracias a que se integró en el diseño del nuevo edificio del Banco Central. Otra empresa privada se comprometió con un kilómetro, y otras dos desarrolladoras inmobiliarias se comprometieron para los siguientes 2 km», añade. La Municipalidad de San José contribuyó únicamente con señalización del lugar. «Es un tema difícil, ya que en Costa Rica aún existe mucha burocracia», se lamenta Chaves.

