Cada 19 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Ballenas, estos mamíferos que muchos consideran los reyes y reinas del mar, y a pesar de que muchas especies se encuentran amenazadas, algunas al borde de la extinción, existen muchas personas e instituciones que realizan el trabajo de concientizar sobre la importancia de estos seres marinos.
En Centroamérica, las visitas anuales de diversas especies de ballenas, como las jorobadas, orcas, rorcual tropicales y los cachalotes, a las costas del Pacífico y Atlántico del istmo, se han convertido en una oportunidad de desarrollo para las comunidades costeras de los países. Según indica un artículo de ElPaís de España, en años recientes, Costa Rica ha visto aumentar su flujo de turistas atraídos por la posibilidad de observar ballenas en alta mar.
En 2013, las comunidades marino-costeras del Cantón La Osa, dedicadas al turismo de ballenas, obtuvieron un ingreso de unos $6 millones de dólares, quienes descubrieron en la conservación y protección de las especies balleneras una manera de lucrar de mejor forma que solamente con la pesca. Los pescadores pasaron de cobrar algunos dólares por viajes en barco o lancha para hacer algo de pesca con turistas, a cientos de dolares por llevar grupos de visita al área de apareamiento y crianza de las ballenas en el Pacifico de Costa Rica.
De igual manera en República Dominicana, en la bahía de Samaná se puede observar la migración de ballenas en el Atlántico desde los países nórdicos. El Ministerio de Ambiente de la isla construyó e inauguró el Santuario de los Mamíferos Marinos y en su costa sur se ubica el Observatorio Terrestre de las Ballenas, para que los visitantes puedan observar a los cetáceos desde tierra.
En Panamá, algunas de las playas que reciben a estos visitantes marinos en la temporada de julio a octubre son: el Archipiélago de Las Perlas, la Isla Contadora, Herrera y Los Santos. Isla Taboga, a 20 km de la ciudad de Panamá.
También es importante mencionar a la Isla Coiba, ubicada al sur de la provincia de Veraguas, uno de los parques marítimos más grandes del mundo, y declarada, en 2005, por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Otros lugares en los que el turismo de ballenas atrae a bastantes visitantes son la Isla Iguana, Golfo de Montijo, El Chocó de Darién y el Golfo de Chiriquí.
Retos para los conservacionistas

En Guatemala, organizaciones como el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), trabaja arduamente por la protección de los cetáceos que visitan las costas del país. Hace dos años, la institución logró la publicación del Reglamento para la Observación de Cetáceos en Aguas Guatemaltecas en Actividades Turísticas y Recreativas, un consolidado de normativas, tanto para operadores de embarcaciones como turistas, para poder realizar avistamientos marinos sin perturbar a las especies animales.
A diferencia de lo que sucede en Costa Rica, la pesca deportiva es mucho más lucrativa para los touroperadores costeros guatemaltecos, que el avistamiento de cetáceos. Uno de los grandes retos que las organizaciones ambientalistas tienen que enfrentar, es la indiferencia y falta de educación de parte de lancheros y público en general en cuanto a su comportamiento al estar cerca de la vida silvestre.
En el país se han conocido casos recientes en el Caribe guatemalteco acerca de la falta de sensibilidad para con la vida marina que habita la zona, o el de de una embarcación que se aceró a un grupo de ballenas orca, a pesar de que se específica que la distancia prudente entre la embarcación y las ballenas debe de ser de al menos 100 metros.
Todos estos son casos que se presentan, en mayor o menor medida, en los diferentes países del istmo centroamericano. Por ello, la labor de diferentes organizaciones públicas y privadas, es la de educar a la gente acerca de la importancia de proteger a la vida silvestre, ya que esto puede significar oportunidades lucrativas de desarrollo sostenible y de beneficio para las comunidades.


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