A pesar de que las prioridades nacionales de los países centroamericanos no pasan por preparar a sus comunidades en contra de las consecuencias del cambio climático, en la cuenca del río Sumpul, que comparten Honduras (53%) y El Salvador (47%), los pobladores de 22 comunidades, han trabajado, desde 2012, estrategias binacionales para la adaptación al cambio climático, que pasa por fortalecer los mecanismos de aprovechamiento y cuidado de las fuentes hídricas de la zona.

Durante un tiempo, esa falta de prioridad de parte de los países provocó el estancamiento del trabajo conjunto. Sin embargo, en 2015 se retomó el proceso de fortalecimiento de las llamadas Juntas de Agua Binacionales, integradas por representantes estatales, municipales y comunitarios, con una participación importante de mujeres (25%).

Estas juntas de agua (4) han logrado implementar algunas prácticas que ayudan mitigar los efectos del cambio climático como la siembra de árboles maderables, como pino y ciprés, bajo programas agroforestales que incluyen la plantación de plantas frutales, hortalizas y granos básicos. Se ha mejorado la gobernanza local del agua y mejorado los sistemas de abastecimiento, que beneficia a más de 100 productores de la subcuenca del río Sumpul.

Todo ha sido gracias a programas de gobernanza local en los que han participado instituciones estatales y municipales, organismos internacionales como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), con el objetivo de fortalecer las capacidades de los comunitarios y lograr procesos de tomas de decisiones que beneficien a los más de 50 mil pobladores que habitan las 22 comunidades de ambos países.

Disputas transfronterizas

Previo al trabajo en conjunto que se inició en 2012, existían algunas disputas por el control de las fuentes de agua en la cuenca del río Sumpul, principalmente en la parte alta de la misma. Adicional a esto, existían procesos de degradación del suelo, lo que sumado a las cambiantes condiciones climáticas (extremadas sequías y/o fuertes vientos y lluvias) llegaron a poner en riesgo la seguridad hídrica y alimentaria de los pobladores de la región.

7 años después del inicio del plan binacional, se ha logrado restaurar algunas zonas en las laderas del río y en la parte alta de la cuenca, se han implementado programas agroforestales que permiten el aprovechamiento sustentable de recursos maderables, frutales y agrícolas, lo que brinda oportunidades de desarrollo sostenible para los comunitarios y, lo más importante, se establecieron planes de manejo del agua y así no poner en riesgo la seguridad alimentaria e hídrica a consecuencia del cambio climático.

Foto de portada: UICN

Por Jorge Rodríguez

Fotoperiodista y comunicador.

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