En 2015 decidí visitar Monterrico y el tortugario de ese lugar, con la idea de hacer uno de los primeros reportajes para Viatori. Como niño en edad escolar, aprendí términos como desove, eclosión y parlameros, así como el tiempo de incubación de los huevos de tortuga, las especies que visitan el litoral del Pacífico y muchas otras cosas más que pueden leer en nuestras publicaciones relacionadas con la tortuga marina.
Desde entonces, gracias a invitaciones del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), del Instituto Nacional de Bosques (INAB), del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y de pláticas de personas involucradas en otras instancias como DIPESCA, el Centro para la Conservación de la Tortuga Marina y otras más, en Viatori, y yo personalmente, hemos podido aportar nuestro granito de arena para apoyar estos programas de conservación.
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En este tiempo, hemos visitado zonas como Monterrico, Hawaii, Sipacate y la Poza El Nance, el Manchón Guamuchal y Las Lisas, en donde hemos aprendido que el tema de la tortuga marina no es uno relacionado exclusivamente con la supervivencia de estos animales, sino también de cientos de personas que dependen de sus huevos como una fuente de ingreso y alimentación.
Desove a plena luz del día

Lejos de todos esos componentes sociales, educativos y de desarrollo para la vida humana y silvestre, al final del día todo se reduce a las tortugas y las experiencias que podemos tener con ellas. Desde junio hasta finales de diciembre, casi cualquier persona tiene la oportunidad de participar en jornadas de liberación de tortugas recién nacidas (neonatos), usualmente de la especie parlama (Lepidochelys olivacea).
Lo que es difícil de experimentar, es ver un desove a plena luz del día, y eso fue lo que me tocó ver en una reciente gira promovida por CONAP, con apoyo de la Wildlife Conservation Society (WCS) en la playa El Chapetón, en Chiquimulilla, Santa Rosa (pongo todo el nombre del lugar porque luego me preguntan «¿en dónde queda eso?»). Usualmente en estas giras, los organizadores sugieren caminatas nocturnas, acompañados de personal calificado, para intentar observar a las tortugas en el proceso de desove. Estas caminatas nocturnas solamente sirven, usualmente, para charlar con los colegas, caminar con los pies descalzos en la arena y desvelarse con una la desilusión de que no se vio nada.
Y como casi todas las giras, en el programa aparecía esta opción. Sin embargo, a diferencia de otras veces, al llegar a nuestra base de operaciones, alrededor de las 5 de la tarde, todos nos encontramos con la sorpresa de que dos grandes tortugas parlama, casi al mismo tiempo, se encontraban a unos 50 metros del mar cavando un agujero para depositar sus huevos y luego volver al océano.
Fue en ese instante en el que todos sacamos nuestras cámaras, teléfonos y drones y poder caputar un evento que es extremadamente difícil presenciar de día. Esto se debe a que las tortugas buscan una hora en el que la cantidad de depredadores y amenazas para sus huevos sean menores.
Emoción y motivación
Al ver a una de las tortugas bambolearse sobre la arena, para compactarla y hacer más seguro el nido, para luego darse la vuelta y volver al mar, pensé en todos los esfuerzos que todos hacemos, incluyendo la vida silvestre, para mantener viva a la vida misma.
Luego de verla desaparecer entre las olas del mar, tuve la chance de conocer y entrevistar a Alejandra Paz, una licenciada en acuicultura trabajadora del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAGA), quien maneja la responsabilidad de velar por el funcionamiento del tortugario de Chapetón, así como otro ubicado en la playa de Las Lisas.
Lo que más me sorprendió de ella, es haberle visto correr de un lado para otro y sonreír enormemente al ver a las tortugas desovar. Luego, platicando con ella, me sorprendió aprender que el tema de la conservación no solo pasa por aislar a los animales del contacto humano, sino más bien educar a las personas para que aprendan que todos somos uno y que dependemos del otro para sobrevivir.
«La mujer es de mucha importancia en todo el tema de la pesca y el desarrollo comunitario. Yo como mujer me siento bendecida, porque he compartido con personas que me han inyectado mucha energía. Las personas de la costa son muy alegres y positivas a pesar de las circunstancias», dice. «Muchas veces imparto talleres a otras mujeres, pero me doy cuenta que me lo estoy impartiendo a mi misma y he crecido mucho como mujer. Es cierto que nos falta mucho por aprender, pero no dejamos de soñar».
Escucharla y verla, así como a los técnicos, los comunitarios y a los mismos colegas periodistas, quienes en su mayoría experimentan por primera vez el contacto con la vida silvestre, me hace entender que lo que necesita el mundo es educación, es que nos muestren lo que sucede fuera de nuestras zonas de confort, para que así aprendamos a valorar lo que tenemos.
En los próximos días estaremos publicando más acerca de la labor que Alejandra, la gente de CONAP, DIPESCA y WCS están realizando, así que no me extiendo más.
Por acá les dejo algunas de las fotos que logré capturar durante esta experiencia.

Una tortuga parlama cava un agujero en la arena para depositar sus huevos. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori 
Luego de depositar sus huevos, la tortuga emprende su camino de vuelta al mar. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori 
Los programas de conservación liberan miles de tortugas anualmente. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori 
Una reportera de Viatori entrevista al representante de WCS. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori 
La participación de la comunidad es clave para lograr procesos exitosos de conservación. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori
