Las áreas marinas protegidas no están a salvo: el 73% está contaminado por aguas residuales

Las áreas marinas protegidas (AMP) han sido, durante años, una de las principales estrategias globales para conservar la biodiversidad oceánica. Pero una nueva investigación liderada por científicos de la Wildlife Conservation Society (WCS) y la Universidad de Queensland analizó más de 16 mil áreas marinas protegidas en todo el mundo y encontró que el 73% de ellas presenta niveles significativos de contaminación por aguas negras. Casi tres de cada cuatro de estas zonas están contaminadas por aguas residuales.

El problema es aún más grave: en regiones clave para la vida marina, como los arrecifes tropicales entre el 87% y el 92% de las AMP están afectadas.

Lejos de ser barreras efectivas contra la degradación ambiental, muchas de estas zonas reciben incluso más contaminación que las áreas sin protección. En promedio, los niveles de contaminación dentro de estas áreas pueden ser hasta diez veces más altos que en aguas no protegidas cercanas.

El origen del problema está en tierra. Las aguas residuales, provenientes de hogares, industrias y ciudades, transportan nutrientes, patógenos y sustancias químicas hacia ríos y costas, afectando directamente a ecosistemas como los arrecifes de coral y las praderas marinas. Esta carga contaminante no solo deteriora los hábitats, sino que también puede provocar floraciones de algas, enfermedades en la fauna marina y pérdidas económicas en las comunidades costeras.

«Lo que descubrimos fue sorprendente», afirmó David E. Carrasco Rivera, autor principal y candidato a doctorado en la Universidad de Queensland. «Utilizando datos globales de contaminación, mapeamos la exposición a aguas residuales en miles de áreas protegidas y la comparamos con la de áreas cercanas no protegidas. En numerosas regiones, las áreas destinadas a la conservación recibían, de hecho, más contaminación que las áreas sin protección alguna».

El hallazgo llega en un momento clave. La comunidad internacional se ha comprometido a proteger el 30% del océano para 2030, una meta conocida como “30×30”. Sin embargo, los investigadores advierten que ampliar la cobertura de áreas protegidas no será suficiente si no se controla la contaminación que llega desde tierra.

«Incluso un área marina protegida perfectamente gestionada no logrará beneficios para la conservación ni para las personas si las aguas residuales siguen fluyendo desde aguas arriba», dijo la Dra. Amelia Wenger, responsable global de contaminación del agua de WCS. La solución, insisten, no está solo en el mar, sino también en mejorar la gestión del agua y el saneamiento en las cuencas que desembocan en estos ecosistemas.


Fuente: Wildlife Conservation Society (WCS)