Ubicado en la zona núcleo de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM), el Biotopo Naachtun-Dos Lagunas es hogar de muchas especies de vida silvestre, que libran una batalla por la subsistencia diariamente.
El biotopo fue creado para la protección del venado de cola blanca, pero también alberga a muchas otras especies emblemáticas de la zona, como los cocodrilos de pantano (Cocodrylus moreletti), especie de la que sobresalía una hembra, conocida como Corroncho y que murió, presumiblemente, en las garras de un jaguar a mediados de septiembre pasado.
Muerte épica

Cuando dos depredadores de la selva se encuentran, la lucha es a muerte. El ganador, por lo general, devora al perdedor, sin embargo, las heridas producidas por ambos de manera mutua puede ocasionar la muerte de los dos animales.
Esto fue lo que le sucedió a Corroncho, la cocodrilo, que también era conocida como la Matriarca del Biotopo Dos Lagunas, según los guardarrecursos del lugar. Con más de 40 años de edad, y más de tres metros de largo, la cocodrilo desapareció a mediados de septiembre, y la preocupación de los guardianes del lugar aumentó, ya que temían que pudiera haber sido víctima de cazadores furtivos, en busca de su piel y su carne.
Días después, sus restos fueron hallados debajo de un árbol a la orilla de la laguna donde vivía. Por la manera en que fueron localizados sus restos, se cree que Corroncho fue atacada y devorada por un felino grande, tal vez un Puma o un Jaguar, y luego por aves de rapiña que terminaron el trabajo. No habían huellas o señales de que algún humano le diera muerte.
Cercanía con la vida silvestre

Yo conocí a Corroncho en un viaje que hice a la zona para documentar el sitio arqueológico de Naachtún que se ubica en en el Biotopo Dos Lagunas. Fue la primer cocodrilo de gran tamaño que yo logré observar y documentar en estado salvaje. Los guardarrecursos me dijeron que si quería ver “lagartos”, podía hacerlo en la laguna pero que «tuviera cuidado», ya que a pesar de verse muy juguetona, era muy peligrosa.
Ella se había familiarizado con las personas que visitaban el bioma, al punto que algunos hasta le daban de comer, lo que no le quitaba el peligro al encuentro con ella. Sin embargo, ella se acercaba a donde uno estaba «si gritaba tres veces su nombre».
Fui al muelle a la orilla de la laguna, y la llamé tres veces por su nombre: “¡Corroncho!”. Después de dos minutos, pensando que me habían engañado, escuché debajo de mí un bufido, y sentí que el muelle se movía. Al bajar la mirada, vi al cocodrilo nadando justo abajo de mí y topándose con los pontones sumergidos en el agua de la estructura del muelle.
Maravillado, solo tomé la cámara y empecé a documentar a Corroncho, sin percatarme que solamente una plancha de madera me separaba del animal y el agua. Nadó alrededor mío para luego dirigirse a la orilla de la laguna justo al lado del muelle.
Corroncho murió de manera violenta, de eso no hay dudas, pero no fue a manos de cazadores furtivos que la querían matar por su piel y carne, sino murió a manos de otro depredador natural, tal vez más fuerte y feroz. Pero el final de Corroncho no solo habría sido épico, al enfrentarse a un felino gigante a muerte, sino como parte del Ciclo Natural de la Vida, en donde se puede ser depredador como presa, y en donde la vida puede durar 40 años cómo terminar en un segundo, de una mordida o de un zarpazo.
