En mi búsqueda para documentar vida salvaje en la región, he logrado fotografiar y filmar animales de la mayoría de especies: aves, reptiles, mamíferos e insectos, de mayor y menor tamaño, en agua, aire o tierra. Algunos de ellos han demostrado cierta dificultad para ser localizados y documentados y otros han aparecido de pura suerte. Como nos sucedió en una asignación en la comunidad forestal de Carmelita, en Petén.

Junto con Jorge Rodríguez, mi amigo y colega en Viatori, planificamos un viaje relámpago a Petén para documentar el trabajo de las concesiones forestales para recuperar el bosque que manejan. He de confesar que la mayor cantidad de tiempo que he pasado en la selva, fue por una semana nada más, y de allí, los tiempos han variado, siendo este el más reciente, el tiempo más corto que he pasado en el gran departamento del norte.

El cansancio nos dominó mientras recorríamos las pequeñas carreteras dentro de la selva petenera. Foto: Jorge Rodríguez/Viatori

Este dato cobra más relevancia porque, al ser un viaje relámpago, los tiempos en la ruta fueron lo que más consumió nuestro tiempo. La noche anterior antes de ingresar en la selva petenera, viajamos durante toda la noche, lo que nos dejó con un cansancio acumulado terrible. Ya en Petén, mientras nos dirigíamos por uno de los caminos de selva que circulan por toda la Reserva de la Biosfera Maya, Jorge y yo luchábamos contra el sueño qué dijimos que no nos iba a afectar, pero la realidad nos demostró lo contrario.

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A pesar de lo duros y difíciles que son los caminos de selva, el bamboleo, el cansancio y el calor se apoderaron de nosotros. Los saltos y golpes en la cabeza, ya sea contra el techo o la ventana, no fueron ningún impedimiento para el sueño que nos dominaba y nos hacía cabecear mientras los comunitarios nos llevaban a la siguiente área para observar la recuperación natural de la selva.

De pronto, a lo lejos recuerdo que los dos comunitarios de Carmelita, Ariel, Ángel, junto con Marvin de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP), golpearon el techo del carro, y le indicaron al piloto que se detuviera. “Hay un Danto en una de las aguadas a la orilla de la carretera” escuché a uno de ellos decir en mi sueño.

La sorpresa y la exclusividad

El tapir, dándose un baño en una pequeña aguada al lado de la carretera. Foto: Manuel García/Viatori

El danto o tapir, es un mamífero de gran tamaño de la región mesoamericana. Parece una rara mezcla entre hipopótamo pequeño, oso hormiguero y caballo. Yo los había visto ya en zoológicos y televisión, pero nunca en estado salvaje.

El sueño se me espantó mientras agarraba la cámara y el trípode. Por salir presuroso del carro, me golpeé el codo, dolor que no sentiría en ese momento, sino que hasta mucho después. Pero corrí a donde los muchachos ya observaban y documentaban con sus celulares al animal en la aguada.

Después de unos minutos en el agua, el tapir decidió alejarse de nosotros. Foto: Manuel García

Y ciertamente, allí estaba el tapir metido en el agua, observándonos mientras elevaba y bajaba su hocico. La emoción de todos era tal que el ruido que hicimos lo espantaron, y él o ella, no estoy seguro, lentamente se salió del agua y empezó a buscar terreno alto opuesto a nosotros y a la carretera, hacia la selva. El animal todavía nos vio durante un buen tiempo, observando a ver cuáles eran nuestros movimientos.

Pude notar algunas cicatrices y heridas en su hocico y ojos, así como otras en el lomo y cuello. Un superviviente de ese mundo verde, que es tan indiferente como maravilloso. Todos estábamos emocionados de haber visto a ese danto, porque estaba en una de las aguadas a menos de dos kilómetros de la comunidad, lo que significa que este animal se siente lo suficientemente cómodo para rumiar cerca de Carmelita, y hacer su vida allí. Se ha de sentir protegido por la comunidad ya que, si bien esta especie es presa de depredadores de la selva, su principal enemigo que amenaza con extinguirlos es la humanidad, misma que los caza o que altera su hábitat ya sea para expandir su frontera agrícola, o que lo destruye según convenga a sus intereses.

Estar de frente a un tapir, en su estado natural, es una de las mejores experiencias que he tenido dentro de la selva petenera. Foto: Manuel García/Viatori

Decidimos dejar al tapir a su suerte, para no seguir perturbándolo y que continuara con su vida en la selva. Pero este animalito me ha dejado muy importantes lecciones, en las que no había pensado anteriormente. La primera y más importante es que debemos de preservar y proteger nuestras áreas naturales, pues las amenazas de hoy en día no solo provienen de locales nativos en cada país del mundo, sino que ahora son amenazas globales.

Y la segunda es que uno puede planificar todas las excursiones y expediciones para documentar la vida salvaje que uno quiera, pero, al final de cuentas, no importa si estás una semana completa metido en la selva, es probable que pases toda esa semana sin lograr ver ni un solo ser vivo, como se puede viajar medio día a la misma y encontrar un mamífero de gran tamaño dándose un baño a la orilla de la carretera.

Por Carlos Duarte

Fotoperiodista. Ha logrado plasmar, gracias a su sensibilidad y buen ojo, el otro lado de las historias cotidianas de su tierra natal, Guatemala. Su interés por el bienestar social se plasma en su fotografía en una mezcla de colores y experiencias dignas de contar.

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