Guatemala tiene un amplio margen para replantear su modelo agrícola en un contexto marcado por la pérdida acelerada de bosques y la presión sobre los suelos productivos. El estudio Sistemas agroforestales y su vinculación con agricultura regenerativa en Guatemala, escrito por el Dr. César Sandoval del Instituto de Investigación en Ciencias Naturales y Tecnología (IARNA/VRIP/URL), y publicado en el Journal of the Selva Andina Biosphere, identifica a los sistemas agroforestales (SAF) como una de las herramientas clave para avanzar hacia la agricultura regenerativa, con un potencial de implementación que alcanza hasta el 27 % del territorio nacional, especialmente en áreas actualmente dedicadas al pastoreo extensivo de ganado.
“A nivel territorial, se identifica un potencial de implementación de sistemas agroforestales equivalente al 27% del país, siendo las áreas actualmente cubiertas por pastos para la producción ganadera las que presentan el mayor potencial”, señala el estudio. Estas zonas, caracterizadas por la degradación del suelo y la baja diversidad biológica, podrían transformarse mediante la integración de árboles y arbustos en los sistemas productivos, sin desplazar necesariamente la actividad ganadera.

Los sistemas agroforestales combinan cultivos agrícolas con especies arbóreas y, en algunos casos, con ganado, lo que permite diversificar la producción y mejorar las funciones ecológicas del paisaje. Según la investigación, sus beneficios van más allá del rendimiento agrícola. “Entre los principales aportes de los sistemas agroforestales a la agricultura regenerativa se destacan la recuperación de suelos, la conservación de la biodiversidad y el manejo del agua”, indica el documento.
El contexto ambiental del país refuerza la urgencia de adoptar este tipo de prácticas. En las últimas tres décadas, Guatemala ha perdido más de 550 mil hectáreas de bosque natural, lo que equivale a una reducción del 13.2 % de su cobertura forestal. “En los últimos 30 años, Guatemala ha perdido más de 550 mil hectáreas de bosque natural, lo que hace urgente la adopción de alternativas productivas sostenibles como los sistemas agroforestales”, advierte el estudio.
En términos territoriales, alrededor de 2.6 millones de hectáreas en Guatemala son consideradas aptas para el manejo agroforestal, ya sea mediante cultivos anuales, permanentes o sistemas silvopastoriles. La investigación subraya que la incorporación de árboles en los pastizales puede mejorar la fertilidad del suelo, regular el ciclo hidrológico, reducir la erosión y favorecer la recuperación de la biodiversidad, sin comprometer los medios de vida rurales.

El marco legal guatemalteco también ofrece condiciones favorables para impulsar estos sistemas. Programas como PROBOSQUE y PINPEP contemplan incentivos financieros para el establecimiento y mantenimiento de sistemas agroforestales durante varios años, lo que puede facilitar la transición hacia modelos productivos más sostenibles, especialmente para pequeños y medianos productores.
Ante los efectos cada vez más visibles del cambio climático sobre la agricultura, el estudio plantea que la adopción de sistemas agroforestales podría fortalecer la resiliencia del sector rural, al tiempo que contribuye a la restauración de paisajes degradados. Más que una solución aislada, los SAF se perfilan como una estrategia integral que conecta productividad, conservación y adaptación climática en un país donde la presión sobre la tierra sigue en aumento.

