La vida en Miami

Mientras caminaba por el pasillo que conduce hacia la sección de Inmigración y Aduanas del Aeropuerto Internacional de Miami, varios carteles me daban la bienvenida hacia la Ciudad del Sol, como popularmente se conoce a esta urbe del Estado de Florida en Estados Unidos.

Al salir, el aire cálido de la Costa Atlántica me envolvió a modo de bienvenida y sin darme cuenta, un proactivo empleado del aeropuerto me llamó un taxi amarillo. El conductor era de origen africano, pero hablaba un inglés bastante fluido.

El viaje de 15 minutos por la autopista, desde la terminal aérea hasta el hotel donde me hospedaría, me mostró el paisaje de una urbe desarrollada; edificios y rascacielos que aún a la distancia se miran descomunales. Al llegar pude notar varios ferrys y barcos pequeños se desplazan a una velocidad lenta y calmada sobre la apacible superficie del canal de Miami.

Después del respectivo registro y de acomodarme en mi habitación, al salir a la calle la imponente presencia de los edificios y rascacielos alrededor me obliga a torcer mi cuello a sus límites para poder ver el alcance de estas estructuras.

Empiezo a caminar con la desconfianza que siente el viajero que pisa por primera vez las calles de una ciudad extraña y desconocida. Los peatones que pasan a mí alrededor se ocupan de sus asuntos mientras los meseros de los restaurantes cercanos atraen mi atención recitándome los menús de sus respectivos restaurantes, hay de todo: desde sushi hasta arepas, desde comida árabe hasta el famoso Kentucky Fried Chicken.

Mientras continúo, tiendas de todo tipo se ciernen en ambos lados de la calle: desde electrodomésticos hasta ropa, farmacias y pequeños supermercados. Sigo caminando hasta un boulevard donde veo algo no muy usual por las calles de mi país: los carros se detienen ante los peatones, que no sienten la amenaza de esquivar los autos, sino más bien estos se detienen aunque la luz verde les de derecho de paso

Finalmente llego a un centro comercial ubicado al lado de la bahía, donde veo varios navíos pequeños que ofrecen servicios de turismo que ya sea desean ir a la playa o admirar las casas de los ricos y famosos como Shakira, Al Pacino, Xuxa, que cuentan con casas a orillas del mar o del canal.

Luego de estar un rato en la bahía, le hago señas a un taxi para que se detenga y me lleve a la playa más cercana, un viaje de cinco minutos pasando otros puentes y llego a la playa donde la tranquilidad se respira entre el mar color azul acerado y la arena blanca, mientras hay quienes juegan pelota, corren, se bañan en el mar, o toman un baño de sol, con la libertad incluso de quienes lo hacen medio desnudas. Ciertamente, en Miami hay bastante libertad, tolerancia e indiferencia para quienes saben vivir bien.

La vida en Miami es cara pues a nivel nacional, junto con Nueva York, es de las ciudades más costosas de Estados Unidos, pero para el viajero ofrece una variedad de entretenimientos y espectáculos que dejarán un recuerdo para la posteridad.

De noche, la ciudad cobra vida con sus edificios luminosos con arco iris de luces que se perfilan sobre la noche, mientras que las calles se abarrotan de turistas buscando fiesta y algarabía, imagen que constrasta con la de los locales que solo buscan llegar a la parada de bus para llegar a sus hogares luego de la jornada de trabajo.

Las discotecas se prenden, con su personal de seguridad revisando a los que desean ingresar a pasarla bien. En Bayside, el centro comercial a la orilla  del mar, los restaurantes y cafeterías de todo el mundo ofrecen sus especialidades. Algo curioso es la discoteca flotante, un lujoso yate con las palabras “fiesta” escritas a ambos lados con luces neón, que por el precio correcto te permite ir a dar una vuelta mientras festejas en tu fiesta privada sobre el mar. Un grupo de folk rock realiza un concierto en el auditorio del centro comercial a la orilla del mar.

Para el viajero latinoamericano, Miami es una ciudad en la cual no hay necesidad de hablar o tener el dominio del idioma inglés: por la inmigración continua que ha tenido el país, el español es uno de los tantos idiomas que se hablan en Estados Unidos, en especial en Miami, y la presencia latinoamericana es ya una cultura establecida en el país del norte.

Algo curioso que descubrí en las calles de esta ciudad es que la pobreza es relativa. En una de las calles del área conocido como Downtown o lo que llamaríamos centro, a un par de cuadras de las lujosas mansiones de South Beach (Playa Sur), acostado entre dos pilares de un edificio se encontraba un vagabundo. Con él, había una carreta de supermercado llena de cosas, y para protegerse del frío, a pesar de que era noche cálida, se cubría con un poncho grueso. Sobre él, tenía una computadora personal o laptop, desde la cual veía una película. Tenía tantas cosas qué preguntarle, pero no me animé a interrumpir su película que veía tan entretenido.

Miami es una urbe cosmopolita en la cual se puede disfrutar de todo, playa, comida, música y diversión completa.

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